Una campaña insoportable con escala en el VIP de Taylor Swift
Gracias a Dios la campaña electoral se está terminando. Transcurrió vacía, mentirosa, abrumada por fakes y sin definiciones concretas sobre cómo podría hacer cada candidato para enderezar el tembladeral que vive el país tras décadas de gobiernos inservibles. El país real que se levanta a trabajar todos los días para pagar cuentas, impuestos o sueldos, vive hastiado estos últimos cinco días previos a la veda electoral.
Llegamos al final y el público de pie todavía no se enteró de qué hará realmente con la economía, la seguridad, la salud o la educación ninguno de los candidatos. Todos son enunciados, pero las medidas no aparecieron. Además, las operaciones, fakes, estrategias sucias y mentiras han sido de tal magnitud que todos los analistas y politólogos (incluidos los que participaron en el asesoramiento para articular estas maniobras de campaña sucia) reconocen que nunca se vieron en toda la historia del país.
El hartazgo es demasiado, inclusive en los profesionales de la política. Cansancio es la definición que más se escucha en los pasillos del poder para definir este momento. Hoy Argentina se debate entre dos incógnitas, tan válidas una como la otra. Algunos creen que esta noche habrá una chance mínima de develar alguna de ellas, pero es más seguro que presenciemos nuevamente un espectáculo donde cada contrincante intentará desnudar miserias y debilidades del otro, en lugar de revelar algún avance sobre el futuro. Tampoco debemos confundirnos con esto porque, al final, los debates presidenciales terminan siempre siendo eso, un ejercicio de pelea y no de conocimiento.
Sergio Massa intentará mostrar hoy dos ejes centrales: que su candidatura es algo alejado y distinto del kirchnerismo y del Gobierno de Alberto Fernández y, por otro lado, que Javier Milei es una entidad con altas chances de desequilibrarse en el ejercicio del poder y que avanzará destruyendo lo que el peronismo supuestamente logró para el bienestar general.
Milei hará lo propio casi con los mismos argumentos pero obviamente por la contraria. Lo ayudarán los números de la economía y la larga historia de fracasos que muestran los gobiernos recientes, entre los que está también el de Mauricio Macri, pero que en promedio abruman por lejos los de corte peronista en todas sus variantes.
En el medio de ellos, lejos y bastante escondida, estará la realidad. Y allí hay que sumar datos que están sobre la mesa de todos los argentinos desde hace tiempo. Milei aún no pudo demostrar que esté en condiciones de armar un Gobierno y mantener el control político del país en caso de acceder a la Casa Rosada. Mauricio Macri desembarcó en su ayuda desde antes de la primera vuelta que dejó afuera a Patricia Bullrich, pero nada indica que sea suficiente, sobre todo con la tormenta que se desató entre el radicalismo y el PRO y que este fin de semana tiene como protagonistas exclusivos al jujeño Gerardo Morales y a Macri.
Massa, por su lado, tendrá enfrente, si logra ser electo presidente, a todos los estallidos en lo económico y lo social que logró postergar durante la campaña. Hay algo que es claro: después de las elecciones nacerá un nuevo ordenamiento político en Argentina gane quien gane. Si la corona cae para el lado de Massa se iniciará un proceso de reconversión del peronismo donde el tigrense deberá afirmarse en el poder y para ello no tendrá otra opción que terminar de desarmar al kirchnerismo y archivar definitivamente a Cristina Fernández de Kirchner. ¿Es posible eso? Hay antecedentes históricos en el peronismo que dicen que sí. De hecho Néstor Kirchner y Cristina lo hicieron con Eduardo Duhalde. El bonaerense casi eligió a dedo a Néstor Kirchner en el 2003 para evitar una nueva presidencia de Carlos Menem. Cuando el patagónico llegó al poder no dudó en comenzar la demolición de su poder hasta llegar a cambiar Santa Cruz por Buenos Aires como la sede central del kirchnerismo.
Milei tiene por delante algo similar pero que involucrará a los cambios que vendrán en su propia fuerza, La Libertad Avanza, hoy sin representación real y efectiva en el resto del país, y la asimilación de un PRO dividido y algo de radicalismo residual a una nueva coalición que aún no sabemos qué forma podría tener. Todo está en duda también en ese terreno.

Mucho de todo esto se habló anoche en el VIP del estadio de River Plate al que accedían los invitados especiales al show de Taylor Swift antes de pasar a las plateas asignadas. Allí se lo vio a Marc y Wendy Stanley, embajador de los Estados Unidos y señora; Martín Redrado, a quien todos preguntaban por su posible incoporación a algún gobierno; Guillermo Francos (con su nieta), ministro del interior si Milei ganara la elección; Pier Paolo Barbieri (CEO de Ualá); Matías Patanian de AA2000; Emilio Monzó; Eduardo Eurnekian, el dueño de Corporación América que disfruta estos espectáculos como pocos; y Carolina Barros, directora de la Corporación.
En ese VIP se habló de lo que viene, obviamente. Del FMI que ya se pone más duro con los desvíos de la Argentina y que en el futuro condicionará y mucho la negociación que se viene; de la inflación de octubre que se conocerá mañana y que aunque venga con un par de puntos menos que la de septiembre seguramente será inferior a la de noviembre. Alguno de los presentes comentó el último número que midió Orlando Ferreres para la primera semana de este mes y que marca un alarmante 7,8 % mensualizado.
Muchos precios contenidos debajo de la alfombra y existe la conciencia que están atrasados, por lo que en algún momento la realidad llegará. La única certeza es que Massa hará todo lo posible por retrasar ese momento: no está claro como lo hará Milei.
Otro tema en discusión: ¿cuánto poder de fuego hay para controlar el dólar? Esta semana comenzó a quebrarse otra vez el equilibrio que Massa había logrado con el dólar por debajo de $ 900. El número no dejó de ser atemorizante, pero menos que la carrera por arriba de $ 1000 que parecía imparable hace un mes.
Ahora la tranquilidad vuelve a complicarse a una semana de la elección y para colmo las herramientas para controlarla están mas flacas. Era difícil pensar que la presión por dolarizar carteras no volvería a tan pocos días de una definición electoral que viene con el mayor grado de incertidumbre política que se registra quizás desde el retorno de la democracia
La semana pasada se conoció el saldo de tenencia de bonos en el Tesoro que el Gobierno usó para intervenir en el mercado. El resultado de ese arqueo de caja es que ya se utilizaron todos los títulos que se habían recomprado a principios de año. El poder de fuego que queda ahora para intervenir en el mercado es solo el del Banco Central y el que tiene Anses con sus bonos.
Son muchos datos que preocupan y poca idea de cómo los manejará cada candidato en caso de ganar. Imposible pensar que el argentino medio tenga alguna certeza cuando ni el "circulo rojo" sabe hoy que hacer.


