Como en una obra de tres actos, Sergio Massa no puede tener una semana en paz
Primer acto: Julio Chocolate Rigau se negó a declarar. Segundo acto: Martín Insaurralde interpuso un pedido denegado por el juez Ernesto Kreplak, el hermano del ministro de Salud, Nicolás. Tercer acto: Fabián “Conu” Rodríguez solo presentó un escrito ante el juez amigo del poder Marcelo Martínez de Giorgi.
¿Cómo se llama la película? El silencio de los inocentes.
La causa de “Chocolate”, que no tiene nada que ver con el rico y delicioso producto surgido del procesamiento industrial del cacao, todo el mundo sabe que no es de él, sino de la política transversal de la Provincia de Buenos Aires, acostumbrados a convivir en permanentes negociaciones que se turnan y se compensan entre pagos en efectivo o nombramientos en las diferentes tramas del Estado.
El escándalo de Insaurralde con su novia Sofía Clérici viajando por Marbella y gastando dólares que al resto de los argentinos le son prohibidos, sucumbió también otras capas ocultas de la distribución y el financiamiento de la dirigencia bonaerense, que cobra por el juego, los contratos y las licitaciones oscuras.
Ambos casos, resonantes y casi simultáneos, no conmovieron a la opinión pública en términos electorales. Captaron la atención mediática, tuvieron altísimos niveles de audiencias, pero a la hora de poner el voto, nada. Muchos intendentes y dirigentes no salían de su sorpresa mezclada con rabia. Pero todo pasó tras la elección de octubre pasado.
Fabián Albini, concejal electo para su reelección, con pedido de captura por su intervención directa junto con su padre Claudio, ganó en La Plata con la lista que encabezó Julio Alak. Lo mismo Insaurralde, candidato a primer concejal en la nómina encabezada por su amigo y aliado Federico Otermín, presidente - sin haber dado una sola explicación - de la Cámara de Diputados de donde salió Rigau para recaudar con 48 tarjetas de débitos que no le pertenecían.
Ahora llegó el turno de lo que todos suponían que pasaba, al igual que el manejo clandestino de la plata pública o la financiación surgida del juego, pero con el tema de las escuchas clandestinas y la devoción kirchnerista por saber la vida y obra de aliados y enemigos. Fabián “Conu” Rodríguez, que no tiene nada que ver con el prófugo homónimo suyo pero con diferente apodo, Pepín, frenó de nuevo la campaña oficial en el peor momento, cuando necesitaban acercar a los sectores medios que por miedo a Javier Milei se habían olvidado de estas locuras kirchnersitas.
¿Cuál es la otra coincidencia entre los casos Rigau – Legislatura, Insaurralde – Clérici y el de Rodríguez – con el policía periodista Gustavo Zanchetta? Que los tres pueden hacer lo que hacen por la decisión política de Máximo Kirchner, el principal amigo de Sergio Massa en el mundo más íntimo de Cristina Fernández de Kirchner.
La admiración del hijo de los dos presidentes por el candidato presidencial y presidente de facto de Unión por la Patria creció con el transcurso de los años, en los que convivieron con distancias y acercamientos, profundizados desde 2017 hasta hace algunas semanas, donde nuevamente el jefe de La Cámpora dejó trascender algunos resquemores sobre su futuro personal y el de la fuerza que representa Cristina Fernández de Kirchner en caso que aparezca de nuevo el viejo Massa, ese que con el Frente Renovador promovía, no sólo meterlos presos, sino también apartarlos del poder.
Si bien ya nadie pide que la Justicia se meta de nuevo en la política, sí confían que los camporistas se verán recluidos de sus zonas de confort. Los antecedentes no los ayudan. A la par, varios intendentes, fundamentalmente peronistas de la Primera sección electoral que han tenido que soportar las presiones y visitas imprevistas de los amigos del “Conu” Rodríguez y del otro personaje estelar en esta trama, el diputado Rodolfo Tahilade, empezaron a empujar el nuevo orden peronista provincial que luego incide determinantemente en todo el país.


