El desafío más difícil que tendrá Alfredo Cornejo como gobernador
Pasaron las elecciones y comenzó un proceso de transición inédito para Mendoza. Un mismo espacio político volverá a mantener el poder por 12 años, con la novedad de que habrá un gobernador repetido por primera vez desde el retorno de la democracia. Como es costumbre, todo se posará sobre la figura de Alfredo Cornejo, como quien tendrá la responsabilidad de sacar a Mendoza de la crisis productiva, económica y social que vive, en medio de un país más complejo aún. Por su forma de ejercer el poder, el gobernador electo tiene sobre sí todas las miradas, aunque curiosamente el principal desafío del gobernador será retomar un concepto dejado de lado y que es la principal carencia de Mendoza: tener un proyecto colectivo que entusiasme, convoque e incluya.
El contexto va a contramano de esa idea, pues la desigualdad se potencia y hay al menos dos mendozas. Según los datos del Indec, 4 de cada 10 mendocinos viven en condiciones de pobreza según sus ingresos, pero entre los niños son 6 de cada 10 los que no tienen los recursos suficientes para comer, estudiar, jugar y vivir. El dato revelador sobre el empobrecimiento profundo de la provincia es que se supone que hay casi pleno empreo, pero aumenta la marginalidad y la pobreza. Es decir, los mendocinos tienen trabajo, pero son de mala calidad, mal pagos y aún con empleo, “caen del otro lado”.
Los cornejistas retoman su idea del salvador que traerá orden, los opositores aún están mareados por el golpe y lo que seguro no tiene reparación a la vista es el debate, la discusión política de un proyecto. Cornejo y Omar De Marchi no tienen ningún diálogo posible, mientras la Unión Mendocina aún busca darse forma como proyecto político; el PJ vive una anarquía, sin proyecto de poder.
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Adiós a los Salieris de San Martín
La falta de un proyecto colectivo está arraigado de manera contemporánea, pero no es una cualidad negativa que Mendoza haya tenido siempre.
José de San Martín está en cada rasgo que genera orgullo en Mendoza. En el épico cruce de los Andes y en cada medida que tomó como “gobernador intendente de Cuyo”. San Martín fue el hombre total para la Provincia, el dirigente ideal por lo que hizo e incluso más allá de la realidad, pues los recuerdos muchas veces convierten en realidad los deseos. La idealización juega a favor de un concepto que genera una situación de comodidad en la comunidad: la idea del “salvador”, del mesías que puede solucionar todos los problemas.
Pensar en la comparación con esa figura histórica y compararlo con los inquilinos del poder en Mendoza lleva al mismo camino simplificado: que sea un San Martín el que nos salve. Pero San Martín no pudo ser tal, sin la propia comunidad mendocina. Bartolomé Mitre lo explica en su biografía de San Martín. “Ni él ni nadie podía sospechar toda la potencia que encerraba en su seno aquella oscura y pobre localidad, destinada a ser nervio de la fuerza expansiva de la revolución argentina americanizada. ..Eran robustos, avezados a la fatiga, industriosos y ahorrativos”, describe Mitre. “Sin este estudio de la sociabilidad cuyana no se comprendería cómo San Martín pudo emprender y llevar a término, con organización tan rudimentaria, tan pobres recursos y tan corto número de habitantes la ardua empresa de crear un ejército invencible, alimentarlo por tres años con la sustancia de una sola provincia, tomar la ofensiva y libertar dos repúblicas”, agrega. Es decir, San Martín no hubiera sido tal, sin una comunidad que creyera, aportara y dejara todo por un objetivo común. “El hombre había encontrado en su camino el país que necesitaba para su empresa. Fue ésta la Masedonia del nuevo Alejandro libertador”, como dice Mitre.
Cornejo es un dirigente que “ejerce”, que cada espacio de decisión lo ocupa. Por eso reconfigura el tablero con el escenario que le dejó la elección y también la gestión de Rodolfo Suarez Tendrá e control del área metropolitana, un bloque de intendentes rurales opositor, un “enemigo” blando en Luján de Cuyo y el escenario nacional incierto. Va a gobernar una Mendoza quebrada a nivel productivo y social y que en los últimos años se movió más por inercia que por gestión de la acción.
El Gobernador electo esperará a noviembre para rearmar la estrategia, pero no solo por la necesaria pausa pos electoral. El gran condicionante es quién será próximo presidente. Los tres resultados posibles plantean tres escenarios completamente distintos. Aún con el margen de independencia que le pueda dar la disponibilidad de recursos, Mendoza es altamente dependiente de la Nación. Por los recursos, y por las decisiones. No es lo mismo, por ejemplo, tener un presidente amigo que incluya a los proyectos locales de minería e hidrocarburos en los planes de beneficios, que uno enemigo que ponga un cepo. Igual con la agroindustria, los beneficios fiscales y todas las actividades. Más aún cuando antes de las elecciones uno de los candidatos, Sergio Massa, tomó medidas que afectan directamente a las arcas de las provincias.
En el esquema político habrá otras tensiones antes de que Cornejo asuma, o en simultáneo. Estará en debate, por ejemplo, la conducción de la Suprema Corte de Justicia, que hoy tiene a Dalmiro Garay al frente. El exministro de Gobierno tiene diálogo con Cornejo, aunque aseguran que ha puesto límites a la relación. La sucesión de la conducción de la Corte está en tensión porque el “bloque” de 4 jueces cercanos a Cambia Mendoza tiene fisuras. El malestar de José Valerio es una de las razones de esa grieta en el oficialismo.
También estará en revisión la política de seguridad. Eso no solo incluye al Ministerio especializado, sino también al plan que se gestó desde 2015 junto con el Ministerio Público Fiscal, la Corte y la Legislatura, que en su origen hasta incluía un cambio en un artículo de la Constitución.
La educación, la seguridad y la inversión “inteligente” de los 1.023 millones de dólares que tiene Mendoza son algunos de los ejes del futuro gobierno. Pero la meta, el objetivo superior es levantar la autoestima y volver a creer que Mendoza puede tener un proyecto colectivo, más allá de quien gobierne.