ver más

Rodolfo Suarez cayó en la trampa y las internas comienzan a nublar la gestión

La crisis de Cambia Mendoza desviaron el eje discursivo del Gobierno. Suarez cayó en la trampa y se metió públicamente en esa pelea. Detrás, aparecen problemas en la gestión de áreas que estaban "destinadas a las buenas noticias".

Desde que el radicalismo volvió al poder hay varias obsesiones que concentran la atención de los pocos líderes que tiene ese partido. Una de ellas es mantener la unidad, sobre todo en apariencia, y así evitar el fracaso político que del que fueron parte en su anterior etapa como inquilinos del cuarto piso de casa de Gobierno. Para cumplir esa premisa sin matices, se usó el mismo remedio que en la gestión: concentrar la estrategia y las decisiones en pocas manos.

Podrá haber polifonía en algunos ámbitos, pero a la hora tomar decisiones es un monólogo. Casi ocho años después, el remedio para ese mal generó reacciones adversas y los problemas que buscaba evitar, como una profecía autocumplida a la inversa: el quiebre interno de Cambia Mendoza es producto, principalmente, del personalismo, la concentración de decisiones en la órbita de las instituciones y del sistema de obediencia que rodea al oficialismo. Ese quiebre no sale de lo convencional, pues el sector que amaga con dejar la alianza es el Pro y dentro del radicalismo los problemas no generan sombras aún; el respeto o el temor siguen como eje ordenador.

La tensión interna sacó de eje al oficialismo y hasta el Gobernador cayó en la trampa y, desde su rol, se metió de lleno en las internas endogámicas del frente que gobierna la provincia. Contra De Marchi, contra Petri, contra cualquiera que intente poner palos en la rueda a la estrategia política. Rodolfo Suarez terminó contagiándose del “mal” que tanto intentó alejar Rodolfo Suarez.

La onda expansiva de esos problemas internos no está calculada y dependerá de los hechos. Hasta ahora el Pro de Mendoza generó una alta expectativa en base a la retórica. El tiempo le juega en contra para convertir ese discurso en algo tangible.

Las dificultades que tiene Cambia Mendoza no son exclusivas de ese sector. Mendoza es gobernada por una supuesta coalición que en realidad no es tal. Es que, como ocurre a nivel nacional, no funcionan los engranajes que unen la estrategia electoral con la gestión. Hay una política de frentes electorales para aglutinar partidos y “sumar votos”. Pero se ejecuta y se gobierna a la antigua. Se arma un mascarón de proa moderno, se decide a la antigua.

Ocurrió a nivel nacional con el viejo Frente para la Victoria, ocurre con Cambia Mendoza. En este caso puede no haber mala intención, sino, como se dice en la jerga legal, un abuso de “usos y costumbres” que no tienen por qué cambiar si nadie lo reclama. El problema es que la endogamia afecta sensiblemente no solo a ese frente sino a la enorme responsabilidad mayor que tienen: gobernar una provincia que ya tiene una crisis crónica, sobre todo en su sistema productivo.

En retroceso

Por herencia y por errores propios, los gobiernos de Cambia Mendoza no lograron doblar la curva para generar una nueva era productiva en la provincia. Mendoza sigue siendo un gran lugar para vivir, pero no lo es para atraer inversiones y generar empleo. Parecen redundantes los datos sobre generación de trabajo de calidad, que está estancado, la caída en las exportaciones y también la merma en el impacto de industrias con alto potencial, como el turístico. El oficialismo no logró, por ejemplo, contrastar con hechos potentes la caída en la cantidad de turistas que vinieron a Mendoza y las demandas del sector privado. Esa crisis tomó a la ministral del área en España, generando un silencio ruidoso. Ese ministerio ya arrastraba problemas por la falta de gestión cultural, ahora tiene problemas con la “joya”, con el “área de las buenas noticias”. Incluso los aliados políticos dentro del mundo empresario manifiestan bronca.

El Estado y los estados municipales cerraron un 2022 exitoso desde el punto de vista financiero: la caja provincial tiene más de 54 mil millones de pesos de ahorro, sin contar los más de 500 millones de dólares del resarcimiento nacional. Si se tiene en cuenta que la “nómina” salarial ronda los 12 mil millones de pesos, Suarez tiene un buen colchón. Algunos municipios están, incluso, en menor situación y son de los mejores clientes financieros de los bancos por la cantidad de pesos en fondos y plazos fijos. La jerga política es tan endogámica que los ahorros se miden en “nóminas salariales”, es decir en la cantidad de recursos para que el aparato estatal sostenga al aparato estatal.

“Aguas abajo”, la situación es más compleja y en el propio Gobierno hay quienes lo reconocen. Algunas de las pocas inversiones que miran a la provincia, tienen problemas por la falta de infraestructura. Es lo que le pasó a Arcor cuando intentó ampliar la planta de papel (ex Papelera Andina). Por la falta de electricidad, tuvo que abortar. Ese ejemplo lo toman en el Ejecutivo para graficar las carencias estructurales. Las comparaciones pueden ser odiosas. Provincias como Neuquén y San Juan crecen, aunque con modelos “monocultivo”. Uno dependiendo del petróleo, el otro de la minería. La diversidad que tiene la provincia en la matriz productiva también se oxida, pues hasta en industrias que eran virtuosas por el impulso privado que tenían históricamente, ahora tienen problemas y están intervenidas por el Gobierno. Es lo que ocurrió con IMPSA, que fue sostenida políticamente para no dejar caer un símbolo, pero que no despega. Lo mismo con otros sectores como la minería, que en Mendoza también dependen netamente del Gobierno porque hasta el único emprendimiento privado en pie tuvo que ser rescatado. Los motivos tendrán que evaluarlos, pero algo pasa que dejaron de elegir a Mendoza.

La paleta de argumentos para exculparse se acaba también porque en el espejo retrovisor de la gestión se reflejan así mismos. Por eso este año será clave para evaluar el proceso iniciado en 2015.