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Los verdaderos culpables del atentado contra la democracia

Los argentinos aún estamos conmocionados por las imágenes de la vicepresidenta con un arma a centímetros de su rostro, pero se sabía que algo así podía ocurrir en cualquier momento. "En Juntos por el Cambio están viendo quién mata al primer peronista", había anticipado Máximo Kirchner. ¿Y ahora?
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Lo ocurrido ayer debe ser analizado desde dos planos diferentes. El primero es investigar lo ocurrido, cómo ocurrió y determinar en qué falló en el operativo de seguridad. Buscar la verdad y condenar el intento de homicidio de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. El segundo plano es más complejo e interpela directamente a toda la dirigencia política: analizar por qué sucedió y qué cuota de responsabilidad tienen ellos mismos frente a este hecho puntual.

Ayer se cruzó un límite. Los discursos de odio que fluyen de la boca de toda la dirigencia política tienen un efecto directo en la sociedad. El presidente culpa por ello a Juntos por el Cambio y los medios de comunicación "macristas" sin hacer ninguna autocrítica. Sus propios mensajes generan el mismo efecto en otra gran porción de la ciudadanía. 

Durante años los políticos argentinos se han ocupado de exagerar sus diferencias para sostener una grieta que les es redituable en términos electorales. La lógica del conflicto partidario ha calado tan profundo que hoy los argentinos no creen en nada. Ni en la Justicia, ni en el periodismo ni en los políticos. O peor aún, solo creen en la Justicia, el periodismo y los políticos cuando comparten su ideología.

Los líderes políticos juegan con eso. Lo han estado haciendo durante años. Pero ayer algo cambió. Se cruzó un límite que nadie había osado traspasar. La pregunta que aún no sabemos cómo responder es: ¿qué pasará ahora?

¿Los políticos argentinos seguirán insistiendo en la confrontación? ¿Llegará el día en que referentes como Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner dejen de lado sus rivalidades y se sienten en una misma mesa para bajar una señal a todos los ciudadanos que los siguen? ¿Seguirán insistiendo en que la culpa es del otro o buscarán finalmente soluciones a los problemas cíclicos que caracterizan a la Argentina?

Lamentablemente todo indica que eso no ocurrirá. Anoche el presidente Alberto Fernández volvió a apostar a la grieta, culpando a la oposición por sembrar odio contra la vicepresidenta. Lo mismo hizo su exministro Julián Domínguez afirmando que Juntos por el Cambio tiene la culpa por promover el odio e infectar la democracia. 

"La irresponsabilidad dirigencial de la oposición tiene consecuencias", dispara Domínguez sin darse cuenta de que esa misma irresponsabilidad también existe en el Frente de Todos. Medios de comunicación oficialistas y políticos de ese espacio también recorren ese mismo camino que Domínguez le achaca a Juntos por el Cambio.

Ojalá el correr de las horas sirva para repensar lo que está pasando en el país. Ojalá los políticos argentinos estén a la altura de la situación y prediquen con el ejemplo. Ojalá entiendan el grado de responsabilidad del lugar que ocupan y cómo sus palabras repercuten en el resto. Ojalá comprendan el riesgo que existe si eso no ocurre.