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El kirchnerismo mira a Estados Unidos en medio de un mar de incertidumbre

Alberto Fernández viaja a Nueva York. Va a la ONU y busca, además, repetir la performance de Massa. Cristina Kirchner, en medio de la conmoción por el intento de atentado, la crisis del gobierno y sus problemas judiciales, acepta todo. El problema es que aún no aparecen resultados.
Foto: Télam
Foto: Télam

Alberto Fernández también tendrá desde hoy su vidriera en Estados Unidos. El presidente viajó para cumplir el rito anual de participar de la Asamblea General de Naciones Unidas, nada novedoso para cualquier mandatario, pero consiguió sumarle una foto con Kristalina Georgieva. El éxito o fracaso de un presidente en esos viajes a la ONU no esta dado por el mensaje que pronuncie en el famoso recinto del edificio en Nueva York (el que, por otra parte, casi nadie escucha), sino en las reuniones que consiga cerrar en paralelo a la visita a la ONU. El partido se juega, entonces, a la hora de medir si el presidente es requerido por empresarios o mandatarios para alguna bilateral y si al menos convoca curiosidad en los hombres de Wall Street. Lo mismo buscará en Houston con petroleros. 

Poco de eso parece que fuera a suceder en este viaje de Alberto Fernández a Estados Unidos, o por lo menos no lo suficiente como para equiparar a la gira de una semana que Sergio Massa pudo mostrar, aunque el saldo logrado por el ministro de Economía en ese viaje, mas allá de los anuncios del Banco Mundial, el BID y en breve del FMI, aun este en evaluación.

Hay temor por el tono que utilizará el presidente en su mensaje ante la Asamblea General de la ONU. Uno de los mayores interrogantes de la diplomacia argentina durante este fin de semana es sobre la forma en que el presidente le relatará al mundo el intento de magnicidio de Cristina Fernández de Kirchner.

Está claro que algo ha cambiado en Argentina después del intento de asesinato de la vicepresidenta, sensación que se alimenta con  las novedades que aparecen todos los días sobre la banda que operó el atentado. La vicepresidenta ya no tiene las mismas costumbres que antes y su agenda comenzó a variar, no solo por la locación en la que pasa sus días cuando no esta en el Senado, sino también por su derrotero político. La Cristina que hoy ordena a los suyos hablar de una convocatoria al dialogo, inclusive a Mauricio Macri, no es la misma que habló desde el Senado en una simulada cadena nacional para contestarle al fiscal Diego Luciani tras el pedido de 12 años de cárcel en la causa Vialidad.

El kirchnerismo  tiene en la mira un solo objetivo inmediato: encontrar la forma de frenar ese juicio, usando algún artilugio institucional hoy imposible de imaginar, y sueña con poder negociar alguna agenda con la oposición. La violencia existe, es obvio, y el atentado lo prueba, pero es un interrogante aun de qué forma se cruza con toda esta realidad política.

Las costumbres de Alberto Fernández también han cambiado. Esta semana participó junto a Sergio Massa de la firma de la Ley de Autopartes y el decreto reglamentario correspondiente en la planta de la automotriz Ford en Pacheco. La curiosidad de todo ese movimiento fue lo que sucedió el día anterior: una dos decenas de hombres de la Casa Rosada visitaron la planta para organizar y supervisar el escenario de seguridad del Presidente. Todo lógico, pero poco visto en otros tiempos en esa dimensión.

Massa volvió de Estados Unidos y ahora debe demostrar que los logros que dice haber conseguido en la “macro” en algún momento pueden tener algún reflejo en el bolsillo de los argentinos. Difícil que lo logre cuando no parece haber ninguna medida real en el gobierno para intentar bajar la inflación; todo lo contrario. El camino, entonces, será tener que apelar hacia fin de año a viejas recetas y para eso debe tener las cuentas fiscales mas claras y el apoyo político para profundizar el ajuste.

En síntesis, de aquí a fin de año se multiplicarán las presiones para ajustar nuevamente paritarias y distribuir fondos a la CGT para calmar ánimos. Massa ya prometió $ 200.000 millones que irán a calmar las obras sociales; les quita el peso de las prestaciones en materia de discapacidad que tomará el Estado y les alivia la caja. Esa es una cara de lo que viene, la otra es un bono de fin de año, sustancioso para equilibrar la inflación que, como se vio en agosto, seguirá golpeando las góndolas de supermercados a razón de 7 % mensual y que aun no fue acordado con el FMI.

El kirchnerismo, en pánico ante un abismo político y económico, no solo aceptó a Massa y su receta ajustadora en Economía, sino que seguirá apostando a mostrar una cara amable ante Estados Unidos. A los viajes de Massa y Alberto se sumará el de Eduardo “Wado” de Pedro. El ministro tendrá almuerzo el 30 de este mes, organizado en la sede de Park Avenue del Council of the Americas por la siempre bien dispuesta Susan Segal, para intentar seducir inversores en minería, energías renovables, agronegocios economías del conocimiento junto a los gobernadores de Catamarca, Chaco, Corrientes, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones and Santiago del Estero. Es decir, oficialismo y oposición juntos.

El intento es mostrar que algo cambió en Argentina; aun no hay certezas que algo de todo ese ruido sea cierto.