A la distancia, las noticias no son nada buenas
Sigo el periplo europeo. Ahora la suerte y los pasajes me trajeron hasta Amsterdam, luego de estar cuatro noches inolvidables en París. Y la verdad que empiezo a extrañar, sino no tendría por qué meterme a escribir como loco mientras mi esposa duerme una siesta reparadora, que yo terminé antes.
Además de no encontrar perros en las calles ni autos chocados, ahora descubrí otras dos cosas, menores, casi insignificantes, pero notables a la vez. La mayoría de las calles de estas dos ciudades por las que transité últimamente son empedradas. No sólo no hay baches, sino ninguna imperfección en las mismas. Detalle que al alcalde porteño le debería preocupar, porque tan amante de las bicisendas descuida este tipo de adoquinado que en Devoto, Colegiales, Urquiza y Coghlan, entre otros, proliferan pero no se pueden transitar porque todo es una coctelera.
Me enteré que finalmente Gabriel Rubinstein será viceministro de Sergio Massa. Dicen que debía resolver varios temas familiares. Me imagino. La familia no quería que agarrase porque no quieren a Cristina Fernández de Kirchner. Él tampoco, ni le tiene respeto a la dupla presidencial. ¿Cómo me enteré? Ya les dije que no chequeo ninguna fuente. Sólo recibo mensajes oficiales.
Uno de ellos llegó desde la usina misma de la información oficial massista. Y entre varios tuits del ministro, me mandaron uno con los nuevos considerandos de Rubinstein previo a asumir en su cargo oficial. Le tuvo que pedir disculpas a la vicepresidenta...
Pienso, sólo pienso. ¿Cómo harán dos personas que debieron recoger muchas de sus consignas para pedir prestado, como debe hacerlo el país por el endeudamiento de Macri, como les gusta decir, para conseguir algo mucho más preciado que la plata, que es, en definitiva, la credibilidad?
Son como los jugadores de fútbol que se besan un escudo pero cuando cambian de equipo se besan el nuevo. ¿Le podemos creer? Ni sus pares parecen creerles, ¿por qué nosotros? Entre tanta maraña informativa que acumulé en estos días me impactó una desmentida oficial en Radio Provincia del gobernador Axel Kicillof, diciendo que ellos nunca criticaron al presidente ni al modelo económico en marcha.
Antes de irme, y cuando ya se conocía el nombramiento del nuevo ministro, dos ministros y un gobernador me había adelantado que era muy difícil hacer recortes con los presupuestos ya lanzados. "Que lo hagan, vas a ver como se para y explota todo", advirtieron, palabra más, palabras menos. ¿Pasará?
Me enteré también que redistribuirán los costos de los combustibles en un 7,5%. ¿Suben las naftas no? Yo que sé, estando tan lejos las metáforas y los mensajes se me confunden, como también lo hace Cristina Fernández de Kirchner quien hizo como que no pasaba nada, fue juzgada por la historia, pero ahora, de apuro, declaró nuevamente para defender y a través de las redes sociales.
¿No era más fácil decir la verdad desde un principio? Ó, ¿no pudo obligar a sus abogados a que presentaran pruebas sobre su inocencia en lugar de bombas de humo? Ese humo que volvió a aparecer por los incendios en el Delta, parece, en definitiva, la metáfora permanente de mi extrañada Argentina.


