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Cristina Fernández de Kirchner nunca entendió todo lo que pasó después de la muerte de Alberto Nisman

Cristina Fernández de Kirchner nunca imaginó que cuando decidió desarticular el área de inteligencia que había perfeccionado su esposo, creando un mecanismo desde la SIDE para controlar a los jueces federales, se estaba pegando un tiro en el pie. Se terminó la impunidad.
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“Tenes que hacer algo con Bonadio”, le dijo Cristina Fernández de Kirchner a uno de los hombres fuertes de la SIDE a fines de 2014. El funcionario se hizo el distraído y le contestó “no sé a qué referís”. La respuesta de la entonces presidenta no se hizo esperar: “Sabes muy bien a qué me refiero”. Así comenzó el desmantelamiento de la estructura que se inició con el menemismo y fue perfeccionada por Néstor Kirchner a partir de 2003. 

Un mecanismo casi perfecto que apuntaba a manejar al Poder Judicial desde la SIDE. Todo nació con la temible servilleta de Carlos Corach en los años 90’ y paulatinamente fue creciendo el rol de Antonio Stiuso junto a Javier Fernández para “influir” y controlar a los jueces de Comodoro Py. En el segundo mandato de la actual vicepresidenta el todo poderoso Jaime, con buenos contactos con la CIA y el Mossad, fue perdiendo influencia por el giro en materia de política exterior hacia Irán con el polémico acuerdo firmado con las autoridades de ese país.

“Jaimito estaba en el horno, representaba un peligro por el giro geopolítica que había decido pegar Cristina”, dicen quienes eran funcionarios en ese momento. Esa caída en desgracia del hombre fuerte de la inteligencia local debilitaba a su protegido, el fiscal Alberto Nisman que venía a avanzando contra el régimen iraní y su vínculo directo con el atentado a la AMIA. 

El primer desembarco cristinista en el organismo de inteligencia estuvo a cargo de Juan Martín Mena. Paralelamente iba a creciendo la influencia del entonces jefe del Ejército, el general César Milani, quien prácticamente empezó a moverse como el verdadero jefe de inteligencia de Cristina. Luego de la sospechosa muerte de Nisman, la expresidenta le dio el tiro de gracia al mecanismo que había perfeccionado su marido y mandó a Óscar Parrilli como jefe del organismo, con una instrucción muy concreta: jubilarlo a Stiuso y comenzar a perseguirlo, por eso abandonó el país. 

Sin darse cuenta Cristina se pegó un tiró en el pie. Al impulsar el desarme del mecanismo de protección para los funcionarios en la Justicia Federal se estaba cavando su propia fosa. Pero tenía otras urgencias. A su regreso al poder tampoco entendió que ya no había más espacio para que mediante operadores judiciales le cerraran todas las causas en su contra. ”No hubo forma de convencerla, desde que asumió Alberto lo volvió loco con su frente judicial, se cargó a Marcela Losardo y Martín Soria no hizo nada distinto, ya que no había margen de nada”, comentan en la Casa Rosada.

Además el oficialismo y, especialmente ella, está en su peor momento político. Nunca se sintió cómoda con el presidente y su Gobierno, pero no pudo influir como realmente quería y viene de perder el quórum propio en el Senado. “En estas condiciones no la salvaba Stiuso, ni Leo Messi”, confiesa un alta fuente judicial.