El Gobierno y el Frente de Todos recalculan, mientras sigue el riesgo de tener aulas vacías
Mendoza ha tenido períodos virtuosos y otros oscuros respecto a sus políticas públicas. Y puede haber patrones que cuesta romper. La pereza, la fiaca política para resolver problemas complejos puede ser uno de ellos lo que da como resultado postergar resoluciones y acumular como una enorme bola de nieve las dificultades.
En educación ocurre eso: de pronto hoy la provincia se encuentra con las aulas vacías por una medida de fuerza, con agite político para que eso se mantenga y con niños que son los herederos de la pandemia, con serias dificultades arrastradas por las carencias estructurales. Tras un año y medio de escuelas cerradas, hay niños de tercer grado con dificultades para leer de corrido y hasta reconocer letras. O adolescentes de quinto año del secundario que no pueden aspirar a la universidad por tener serios problemas de comprensión. Cuando más clases se necesitan, menos va a tener Mendoza.
Rodolfo Suarez llamó a paritarias nuevamente, en un gesto político importante. Cumplió la palabra y lo hizo solo dos semanas después de haber firmado el decreto para aplicar de manera unilateral el aumento. La decisión pone la pelota del lado del SUTE (Sindicato Unidos de los Trabajadores de la Educación) para ver si responde a ese hecho con diálogo o todo lo contrario. Hay herramientas administrativas y políticas para que se suspendan medidas de fuerza ya acordadas en las escuelas.
Internamente la reapertura del diálogo tiene también un costo para Suarez, pues dentro del oficialismo hay quienes piensan que el camino elegido es equivocado y le sugieren al gobernador endurecer la postura. No con los docentes, sino con la conducción del SUTE, particularmente con Gustavo Correa. Una vez firmado el decreto el gobernador podría haber actuado como ocurrió durante la gestión de Alfredo Cornejo, que terminó manejando el salario de manera unilateral (incluida la cláusula gatillo decretada). Suarez eligió mantener canales abiertos.
La reapertura para que haya negociaciones sugiere un escenario complejo hacia adelante. Nada indica que el contexto nacional vaya a cambiar, por lo que se viene un fin de año con tres posibilidades que no son eliminatorias entre sí: negociación permanente, tensión permanente y conflicto permanente.
El oficialismo no se reduce a quienes están en cargos de gestión y desde la órbita de ese poder cuestionan la estrategia y la falta de un plan político más agudo frente al gremio. Víctor Ibañez vuelve a ser el más cuestionado y, a la vez, el más respaldado por Rodolfo Suarez. Esa pelea interna le generó un daño difícil de reparar al director General de Escuelas José Thomas, quien se corrió de la política netamente educativa para meterse en un terreno desconocido para él: el de las bravuconadas verbales.
Los "dos jefes" del SUTE
Las aulas vacías ponen incómodos a todos; incluso a los dirigentes del Frente de Todos de Mendoza. Más allá de que respaldan el paro docente y ven allí una posibilidad de crecer políticamente para salir del desierto electoral, arrastran la lección del 2020: la “militancia” por las aulas cerradas les jugó en contra en la privincia.
Suarez, en cambio, capitalizó como ninguno lo contrario; pelear porque haya clases. Incluso logró abrir las escuelas, aunque antes no había preparado el sistema y por eso se encontró con edificios corroídos y hasta sin bancos para que los niños y adolescentes se sentaran (la matrícula aumentó por la suspensión de la repitencia y no estuvo bien previsto).
El apoyo del Frente de Todos al SUTE no es gratuito para ninguno de los dos sectores y las presiones cruzadas pueden jugar. El problema de tener "dos jefes": las bases docentes que reclaman con legitimidad por mejores sueldos y la pertenencia política de la conducción de ese gremio. ¿Puede la conducción del sindicato tomar decisiones que vayan en contra de la estrategia política del kirchnerismo?
La confusión de roles también pone en juego de manera permanente la legitimidad. La torpeza discursiva del Gobierno, que generalizó y puso el foco en la conducción del gremio, ayudó a licuar las incomodidades que tiene ese sector. Igual, la compleja democracia interna del SUTE tiene anticuerpos para evitar la partidización excesiva. Es más, internamente a Correa y la conducción los corren “por izquierda” en algunos departamentos al exigirle medidas de fuerza más dramáticas.
El temor para ellos es que las bases los desborden como ocurrió en otros distritos. "Nosotros no queremos las aulas vacías de nuevo; pero no puede ser a cualquier costo", aseguran desde el PJ ligado al sindicalismo. "Los docentes no se dejan llevar de las narices. Si el Frente de Todos tuviera esa convocatoria hubiera ganado las elecciones", se sinceran. Como sea, mantener el equilibrio para ellos es complejo.
La situación de Mendoza es dramática y en el momento en que más presencialidad y más educación se necesitan, es cuando se pone en riesgo. La fiaca para resolver problemas estructurales no es gratuita.