Reclamos masivos que inquietan al Gobierno y a los propios gremios
Aulas con los bancos dados vuelta; calles vacías a primera hora y una manifestación enorme al mediodía. La vida cotidiana cambió hoy en Mendoza. Por primera vez en muchos años (al menos desde que está el ítem aula) las escuelas sintieron el impacto de un paro y en las calles de la ciudad hubo decenas de miles de personas, principalmente docentes, que marcharon para reclamar. En el Gobierno miden el impacto; los gremios estatales intentan capitalizar el "logro". Pero ambos comparten una inquietud: cómo conducir la bronca y los reclamos que los exceden.
En el entorno de Rodolfo Suarez creen que la repercusión de la protesta tiene que ver con el clima social de hastío generado por la situación económica nacional. A nivel político esa salida ha sido frecuente en la gestión provincial. Elementos para hacerlo sobran, pues la principal preocupación de los argentinos tiene que ver con el impacto de la inflación, la incertidumbre económica y problemas relacionados con la falta de conducción de Alberto Fernández. Creen que cualquier tema puede servir de catalizador para conducir esa bronca y allí es donde encuadran el "éxito" de las medidas de fuerza ejecutada por los estatales.
El argumento tiene validez, pero puede genera un efecto placebo que confunda. La incertidumbre obliga a los gobiernos provinciales a ser precavidos. Suarez ya era "conservador" con respecto a los recursos y por eso hasta había pisado la obra pública. La inflación de más del 60% rompe los esquemas, aún a pesar de que los principales ingresos del Estado están indexados: el IVA recaudado por la Nación (y coparticipado en parte) e Ingresos Brutos, el principal tributo provincial. La incertidumbre es lo que genera caos, pues hace transitar la vida sin una hoja de ruta.
La crisis nacional generó un estado de confort político para la Provincia, pues hacia allí iban todos los reclamos y malos humores. Pero hay gestiones provinciales que también salen golpeadas. El 93% del salario docente depende de el Estado local y Mendoza está en el lote de las provincias donde los docentes tienen menos poder adquisitivo; por citar un ejemplo.
Temores
Los representantes gremiales también temen quedar desbordados y hacen equilibrio. Le pasa al SUTE, que es conducido por un sector del oficialismo nacional y omite cualquier referencia a la crisis generada por la gestión de la que es parte. La lista "K" recuperó el poder el año pasado y busca ganar legitimidad, topando con la incómoda situación de ser parte del Frente de Todos. También tiene el espejo de San Juan, donde el gremio docente UDAP quedó desbordado por los reclamos de autoconvocados que no se sentían representados.
El Gobierno pide que las negociaciones ocurran en una tregua, sin medidas de fuerza que presionen. Y, explican, deben hacer equilibrio entre la posibilidad de responder a la demanda y no generar más desigualdad con el sector privado. Allí hay varias diferencias, pues hay un 40% de personas que viven "en el sector privado informal", que no tienen forma ni posibilidades de vehiculizar algún reclamo y son los que pierden más con la inflación. Allí está el otro riego: que todo se reduzca a una discusión endogámica entre Gobierno y gremios obviando que tienen detrás a 100 mil estatales y 2 millones de mendocinos.
Los temores de los sectores políticos y gremiales tienen que ver, probablemente, con la atrofia que tienen algunos músculos ligados a la contención de los reclamos. Probablemente ambos sectores deberán ejercitar esos mecanismos para que haya diálogo, respeto, búsqueda de soluciones y empatía; pues no hay indicios que las condiciones que generaron la crisis vayan a cambiar.


