Ser y parecer (en el mar)

Ser y parecer (en el mar)

Argentina tiene las capacidades y está a la altura de países que consideraríamos potencias marítimas en lo que respecta a legislación, formas de operación y controles. Lo que nos cuesta es comunicarlo y mostrarlo.

Tomás Gerpe

La actividad industrial pesquera es en general una actividad cargada de regulación. Cuando hablo de actividad industrial pesquera me refiero principalmente a aquella regulada por la Ley Federal de Pesca 24922 de 1997, actividad pesquera marítima. No hago referencia aquí a la pesca artesanal en ríos, lagos o lagunas, ni pesca de subsistencia. La pesca se basa en concesiones (permisos) que el estado otorga a privados para la explotación de recursos vivos. El rol del estado es de administración e investigación de dichos recursos, y control sobre la actividad privada (explotación de esos recursos).

Si bien la base es la ley 24922 (y su decreto reglamentario), de ella surge un entramado jurídico y regulatorio muy importante. Existen regulaciones previas vigentes también, como por ejemplo el Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo que crea la Zona Común de Pesca Argentina-Uruguaya y que regula la pesquerías en dicha zona especifica; o el Tratado Antártico + CCAMLR que regulan pesquerías en zonas de la Antártida. Pero lo principal que trae la ley es la conformación de un nuevo órgano político, el Consejo Federal Pesquero, que regula vía resoluciones y dicta también vía actas. A esto se suman resoluciones y disposiciones a nivel Secretaría de Agricultura y Subsecretaría de Pesca, además de regulaciones propias de las provincias en lo que respecta a sus jurisdicciones.

Pero no acaba allí, sino que esto debe verse enmarcado en un contexto legal internacional que por un lado establece los derechos del mar para las naciones (CONVEMAR), y sugiere esquemas y planes de acción. Por ejemplo, planes de acción para la lucha contra la pesca INDNR (pesca ilegal), planes sobre interacciones con aves o mamíferos marítimos (para mitigar la interacción con especies en riesgo) o para la conservacion de condrictios (tiburones y rayas principalmente), organismos internacionales que establecen especies en riesgo y que no debieran ser comercializadas y otros, como puede ser el Acuerdo 188 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) respecto del personal embarcado.

Pero la mirada no se agota ahí, sino que debe originarse desde los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), y desde allí entenderse. En todos ellos Argentina ha participado activamente y ha sido signatario original de alguno de ellos.

Argentina tiene las capacidades y está a la altura de países que consideraríamos potencias marítimas en lo que respecta a legislación, formas de operación y controles. Lo que nos cuesta es comunicarlo y mostrarlo. Y como no lo comunicamos o lo comunicamos en forma incompleta es que parece que no lo hacemos. Y a esto se suma ahora una nueva necesidad (mezcla de verdadera necesidad de los mercados con barreras comerciales) que es la de certificar aquello que hacemos. Ya no basta con que el estado garantice el cumplimiento, sino que necesitamos una certificadora internacionalmente reconocida que diga que lo hacemos correctamente. No son certificaciones de calidad como pueden ser sobre procesos de producción o calidad del producto, sino que aparecen certificados de sostenibilidad, de responsabilidad social empresaria, o niveles de posible contaminación.

Estamos en un momento que se nos exige mostrar lo que hacemos. Y debiéramos estar orgullosos de que en Argentina hacemos las cosas correctamente (aunque, por supuesto, podemos y debemos hacerlas mejor). Y en esto debemos romper la barrera mental respecto de las nuevas certificaciones que los mercados empiezan a exigir. Tenemos por delante un desafío mas que interesante:

  • Mejorar lo que hacemos
  • Mostrar y comunicar mejor aquello que hacemos (certificar internacionalmente)
  • Trabajar aun mas estrechamente y en conjunto sector público y privado (y dentro de este empresarios y gremios) para facilitar y mejorar el acceso a dicho proceso de certificación a las distintas pesquerías argentinas.

El punto de partida, a mi entender, debería ser una mayor educación y capacitación a las personas vinculadas con el mar. Es acá y ahora.

*Tomás Gerpe está vinculado con la industria pesquera.

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