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La magia se acabó: ya ni los planes “platita” K funcionan

Los que evocan los años de oro del Kirchnerismo no comprenden qué está pasando en la economía. Antes tiraban plata a la calle y no había sobresaltos. Ahora, todo lo contrario. La receta ya no funciona como antes.
Foto: Imagen ilustrativa
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La actividad económica muestra señales de desaceleración. A pesar de que el primer trimestre del año cerraría con un crecimiento del 1,1% con respecto a fines de 2021, la actividad se contrajo en marzo. Y ahora los analistas privados proyectan una contracción del 1% para el segundo trimestre. Parece que el nivel de actividad volvió a amesetarse. Gran parte de la mala performance del consumo y de la inversión del sector privado, y por ende, del crecimiento económico estaría muy vinculado con los problemas energéticos, que son de público conocimiento en todo el país.

El faltante de gasoil ya es grave en 14 provincias, y todavía falta para que llegue el invierno a pleno. Además, los últimos saltos inflacionarios observados reducen el potencial de expansión. Claro que el fenómeno no será homogéneo. Ya que los bienes durables crecen considerablemente como refugio de valor. Así, la propensión a comprar bienes durables está en niveles similares a los de la prepandemia, con una mayor recuperación de bienes de menor valor.

Las esperanzas oficiales apuntan a que la inflación se desacelere en el segundo trimestre. Al respecto, vale señalar que no hay grandes aumentos programados en la segunda mitad del año a excepción de ajustes en paritarias. Sin embargo, la política fiscal no muestra signos de moderación y las exigencias financieras para la deuda en pesos van en ascenso con una política monetaria agotada y más riesgo cambiario. No hace falta recordar que las aceleraciones inflacionarias traen consigo la caída del salario real, lo cual lleva a los analistas a proyectar menos consumo en el segundo trimestre.

Mientras tanto, el Gobierno viene insistiendo con medidas al estilo del ya clásico K, plan platita, vía adelanto de ajustes, nuevos subsidios, nuevos planes y programas sociales, y demás iniciativas tendientes a “meterle” dinero en los bolsillos de la gente. Lo que ocurre es que si bien siguen tirando dinero en la calle, ahora se evapora más rápido por la creciente y sostenida inflación, que a su vez retroalimenta todo el circuito. O sea, es como tirar kerosene al fuego del asado. A esta altura del partido, inyectar más gasto público y más emisión monetaria no hace más que terminar, excluyentemente en más inflación, y marginalmente en más consumo.

Los que añoran los “años de Néstor” y la primera parte de CFK no entienden qué pasa. Hoy la macro muestra estar en las antípodas de esos años. Muy lejos de la reactivación de Néstor, cuando se crecía a tasa chinas y con una inflación de un dígito anual, y más lejos de la reactivación con inflación del primer mandato de Cristina donde se seguía creciendo a altas tasas pero al doble de la inflación de Néstor, incluso peor que la estanflación del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner cuando no se crecía pero la inflación anual era menos de la mitad de la actual. Hoy la gente en general lo que percibe y vive es un estancamiento con mucha más inflación. Hoy la economía está estancada y la inflación rozando el 70% anual.

¿Qué pasa? Es sencillo, la magia se acabó. En el sentido de que en los años de oro, el Gobierno tiraba plata en la calle, la economía reaccionaba y la inflación apenas se mosqueaba. Incluso en los primeros años de CFK se siguió tirando plata, la economía se reactivó pero la inflación trepó a niveles por debajo del 20% anual. Pero a partir del 2011, todo empezó a cambiar y para seguir tirando dinero a la calle debió implementarse el cepo cambiario. Ahí comenzó el fin de la magia, si se tiraba más plata a la calle la inflación reaccionaba con más ímpetu y la economía no. Por esos años del segundo mandato de CFK vino el advenimiento de la estanflación, no se crecía y había alta inflación. Le daban plata a la gente y se la sacaban de encima rápidamente. Algo similar ocurrió ya en el gobierno de Macri y tras la crisis del 2018. Solo basta con ver la evolución del circulante en poder del público (billetes y monedas) que en términos reales viene cayendo sostenidamente desde 2012. Hoy se tira plata que reactiva poco y nada, y se alimenta la inflación.

Este fenómeno se está reflejando en el aumento de la velocidad en la que circula el dinero en la economía, que según datos de Ferreres y Asociados, creció un 25% desde el inicio de 2022 y un 98% desde marzo de 2020. Esto quiere decir que hoy cada peso se usa 18 veces por año, cuando antes el promedio era de 12 veces. Esto significaría que al circular  cada peso unas 12 veces por año la gente cobra y mantiene algo de efectivo en sus bolsillos, pero al pasar a 18 veces, el dinero rota dentro del mes, explica la consultora. Pero por sobre todas las cosas, vale destacar que estos niveles de velocidad son una señal de alerta en caso de un salto inflacionario. O sea, que la tasa de inflación salte muy cerca de los tres dígitos.

La maquinita del BCRA sigue funcionando a pleno. No tiene respiro porque el Tesoro necesita seguir siendo auxiliado para cubrir el déficit fiscal y además para cubrir los vencimientos de deuda en pesos que no se renuevan. El mes pasado la expansión monetaria fue de casi $258.300 millones. Entre venta de divisas y un artilugio contable, el Sector público fue el principal factor de expansión monetaria por cerca de $235.000 millones. A diferencia del primer trimestre en el cual fue netamente contractivo en más de $430.000 millones, lo que se reflejó en la caída de la base monetaria. Pero esto no implica que no haya habido emisión sino que se esconde bajo la alfombra de las LELIQ. Ya desde abril las cosas cambiaron. Al Tesoro no le fue tan fácil conseguir la refinanciación de los vencimientos de la deuda en pesos y además el Gobierno pisó el acelerador del gasto primario. Así el sector público fue factor de expansión monetaria por casi $376.000 millones. Este mes ocurre otro tanto.

Por ende, como todo esto se da encima bajo un escenario de una sostenida caída de la demanda de dinero, o sea, una huida del peso por parte de la gente, la desmonetización de la economía hace que ahora al tirar plata a la calle, el nivel de actividad no reaccione y la inflación aumente.