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En EE.UU. temen por una recesión y en Argentina, por una estanflación

No son para nada buenas noticias. Pero nadie puede darse por sorprendido. Al final el lobo llegó. Ahora hay que empezar a arremangarse porque lo que viene por delante son nubarrones.
Foto: Télam
Foto: Télam

Parece que duró poco el buen clima en los mercados respecto a la decisión de la FED de subir la tasa un 0,75%. Este miércoles los índices de Wall Street subieron con fuerza después de conocerse la noticia, en lo que fue una sesión muy volátil. Pero hoy los futuros arrancaron con ímpetu a la baja, ya conscientes del advenimiento de la recesión. Nunca mejor aplicada la ya célebre frase de la emblemática serie Game of Thrones, “Winter is coming”. Según los modelos predictivos de Bloomberg la probabilidad de una recesión subió al 72%. Desde el punto de vista político, no es una posición nada envidiable ni la de Jerome Powell ni la de Joe Biden, porque en noviembre están las elecciones de medio término en EE.UU. y nada asegura un segundo mandato, amén de las longevidades presidenciales.

Los demócratas, como todo buen político en modo electoral, quieren llegar con baja inflación y con la economía andando. Pero acá hay un trade off: recesión o inflación. Es decir, la lucha contra la inflación corre el riesgo de frenar la economía. Lo que antes era mirado como algo muy lejano, y ahora parece estar frente a sus narices. La sensación del mercado es entonces que una recesión es prácticamente inevitable, salvo que el principal factor que presiona los precios al alza, la guerra de Ucrania, encuentre alguna solución negociada, algo que por ahora no parece probable en el corto plazo.

Argentina, que precisamente no está en una situación macroeconómica ni social envidiable, todo lo contrario, este, ya varias veces anticipado por todo el mundo, cambio de la política monetaria de la Fed, la agarra no con las defensas bajas, sino casi sin defensas. La pandemia fue la última oportunidad para ir haciendo algunos deberes luego del tiempo precioso que despilfarró Macri. Fernández no supo, no pudo, no quiso, Dios sabrá, igual que con Macri, lo cierto es que se acabó finalmente el mundo de las tasas de interés cero, el dinero “gratis”, y se vuelve a cierta normalidad. ¿Qué implica esto para el país? 

Por más que hoy la Argentina tenga vedado el acceso a los mercados voluntarios de deuda del mundo, en algún momento, Dios dirá, habrá que volver a financiarse como el resto de los países que van refinanciando sus deudas y, a veces, colocando nueva. Por el momento esto no es posible. Pero ya del vamos el costo de volver a los mercados se incrementará. Basta explicar que a la tasa considerada libre de riesgo, o sea, la de los bonos del Tesoro de EE.UU., que ya treparon, en el caso de la de 10 años a 3,48% (hoy opera en 3,32%) volviendo a los niveles de 2018 (en los ´80 llegó al 16%, recordar la crisis de la deuda latinoamericana), a esa tasa hay que sumarle el riesgo argentino. Es decir ya del vamos la tasa para ir pensando en colocar deuda parte de un piso de 3,3% anual y de ahí para arriba la tasa que el mercado le pida a la Argentina, sumando así la tasa final.

Entonces, lo que viene es un encarecimiento del crédito externo (pensar en las empresas con deudas en el exterior o que se financian, sobre todo sus operaciones de comercio exterior, aún en el exterior) y por ende del interno, que dicho sea de paso escasea debido a la política fiscal y a la política monetaria del BCRA. Pero además los flujos de capitales internacionales que se orientan hacia los mercados emergentes irán en busca de otras opciones, restando liquidez a los activos emergentes. O sea, habrá más demandantes de fondos y menos oferentes.

Más allá que siempre alguno que otro fondo o hedge fund buscará más rendimiento (asumiendo más riesgo) para potenciar rendimientos de sus carteras. El mayor costo de financiamiento impacta en las cuentas fiscales vía el mayor pago de intereses lo que obliga a tener más superávit. Algo similar le ocurrirá al sector privado. Además la rentabilidad que le exigirán a las nuevos proyectos de inversión, o a los planes postergados, se eleva a raíz de la suba de la tasa en EE.UU., de modo que muchos proyectos pueden quedar fuera del radar o del alcance de los deseos de los inversores o emprendedores, porque le pedirán una mayor tasa de retorno.

Tras la mayor suba de tasas desde 1994 (el banco central de EE.UU. anticipó que los intereses seguirán subiendo hasta el 3,4% a final de año, lo que implica una suba adicional de 175 puntos básicos en las cuatro reuniones que restan a final de año), la Fed mostró su determinación para bajar la inflación hasta su objetivo del 2%. Dijo Powell tras la decisión: "No cantaremos victoria hasta que lo consigamos. Llevará tiempo y no será fácil, pero no queremos provocar una recesión" (le faltó decir como Paul Volcker en los ´80). ¿Cómo lo han tomado los analistas de Wall Street y Londres? Veamos que recogen algunos medios especializados y los informes más recientes. 

Por ejemplo, Salman Ahmed, estratega en Fidelity International, comentó que este endurecimiento agresivo de las condiciones financieras (que es significativamente mayor que las de 2013 y 2018, dada la mayor inflación) probablemente provocará una desaceleración seria y brusca del crecimiento en los próximos meses. Y agregó que seguían siendo cautelosos e infraponderando la renta variable y el crédito. Por su parte Christian Scherrmann, economista jefe en EE.UU. de la gestora DWS, señaló que la Fed está decidida a recuperar su credibilidad en materia de inflación y a mantener las expectativas inflacionarias bien ancladas con una política monetaria mucho más estricta para volver a adelantarse a la curva. 

Lo que está detrás de esto es el error de Powell al calificar la inflación como "transitoria" durante muchos meses lo que implicó un golpe a la credibilidad del organismo monetario. Al respecto Scherrmann explicó que con la inflación del IPC en un vergonzoso 8,6% y en peligro de subir aún más, la Fed probablemente siente que no tiene otra alternativa, su reputación se ha visto empañada y por lo tanto, ahora tampoco tiene otra alternativa que seguir con su orientación agresiva, incluso si el resultado final es una recesión.

En la misma línea, los expertos de Link Securities afirmaron que la cuestión ahora para los inversores es determinar si la contundente actuación de la Fed para contrarrestar la inflación es realmente eficaz, dado que los precios que más están subiendo son los de los alimentos y los de la energía, productos cuya demanda es muy inelástica; y no termina convirtiendo el escenario más que probable de estanflación en uno de recesión. Desde el Citigroup consideran probable que la Fed siga sorprendida por una inflación demasiado alta. El mensaje es claro: la Fed planea subir rápidamente las tasas de política a una tasa cercana al 4%/4,25% (frente a la previsión anterior de 3,5-3,75%). Es decir, la Fed subirá los intereses hasta tasas restrictivas para el crecimiento. 

Aunque no todos los expertos coinciden. Desde Pantheon Macroeconomics, anticipan que la inflación dará un respiro a la Fed hasta la reunión de fines de julio y consideran más factible una suba menor. Señalan que los datos entrantes dejarán en claro que una acción tan agresiva es innecesaria y esperan que la Fed aproveche la oportunidad para retirarse de la exageración. Los colegas del Danske Bank discrepan, han elevado la previsión de subas viendo riesgos sesgados hacia un endurecimiento más rápido y estricto dadas las perspectivas de inflación.

En su escenario base, EE.UU. cae en una recesión en el segundo trimestre de 2023, pero el ritmo de aumento más rápido aumenta el riesgo de que comience antes. Una previsión que comparten otros expertos como los de Wells Fargo, que ahora anticipan una recesión suave a mediados de 2023. Por su parte, Moody’s Analytics ha reconocido que las probabilidades de un aterrizaje suave están disminuyendo.