Unidos por conveniencia y dudas hacia el futuro: las ideas que se cuecen en Juntos por el Cambio
Un almuerzo, un intelectual como nexo y muchas señales políticas. La invitación personal y las fotos que muestran a Mauricio Macri y Alfredo Cornejo podrían sorprender porque ambos tenían visiones encontradas sobre la gestión política de Juntos por el Cambio, terminaron mal e, incluso, tienen ambiciones cruzadas. Pero la política es dinámica y mucho más en esa alianza.
Macri y Cornejo ya tejieron una estrategia conjunta desde 2011; estrategia que terminó con ambos en el poder aún a pesar de sus diferencias. Ahora vuelven a acercarse. Según aseguran, es por el “bien superior” de mantener a Juntos por el Cambio unido y evitar dispersiones. La señal de Macri para retomar el diálogo con Cornejo y otros dirigentes de mayor arraigo en la política, como Rogelio Frigerio, es tomado dentro de ese sector como una “señal de autocrítica” y un cambio. Se trata, justamente, de una pata de JxC que fue marginada en su gestión como presidente. Pero no hay voluntarismos y nadie cede.
Macri y Cornejo entienden que el retorno al poder de Juntos por el Cambio es una posibilidad concreta; mucho más por torpezas ajenas que por virtudes propias. El mendocino sigue en su camino de construir su proyecto nacional, aún con el tope que tiene: no logra penetrar en la consideración mediática, en la “dictadura de las encuestas” (como dicen algunos allegados con cierta obsecuencia) y la falta de estructura propia le juega aún más en contra. Curiosamente a favor del exgobernador juega la agudeza de la crisis nacional.
Cornejo tiene experiencia en construir un discurso y una estrategia desde el fracaso ajeno. Lo hizo en Mendoza antes de ser electo y asumir como gobernador; esa idea de tener un discurso “hiperrealista” deprimente para luego accionar con mayor margen de maniobra. Justo lo que le achacó a Macri por no hacerlo en 2015. Hace algunos meses el senador nacional consideraba que una de las pocas chances que tenían él o algún radical de llegar al poder es con la “teoría del caos total”; que por la inflación, la ruptura del Frente de Todos o la agudeza de la crisis hiciera que la mirada se posara sobre dirigentes con menos luces de cámara y más experiencia; un 2003 edulcorado y que, entonces, creían de difícil concreción. No se dan esos extremos, pero la situación económica, social e institucional es más grave de lo que proyectaban en ese momento y el escenario hacia el año que viene es incierto; incertidumbre que para algunos es una oportunidad.
El radicalismo apunta a tener su propio candidato, llegar al 2023 sin desmembrarse y al menos ser competitivos. Cornejo y el resto de los aspirantes miran el tablero y sueñan con un cambio de reglas que les permita ser parte de un plan B: que se modifique la ley de las PASO para permitir que haya “combinaciones” de fórmulas. Es decir que si hay internas en las que compitan radicales contra “amarillos”, luego pueda hacerse un acuerdo para integrar la fórmula. Esa idea no sólo ampliaría las posibilidades, sino que podría evitarles rupturas previas. Claro, no depende de Juntos por el Cambio y difícilmente el oficialismo ceda para darles una herramienta a sus rivales. En el ala dura del Pro e incluso en el propio radicalismo hay quienes recuerdan otro plan “no ejecutado” y del que se arrepienten. Es integrar al gabinete a radicales de peso. En su momento Macri pensó en poner a Cornejo como Jefe de Gabinete. Esa era su idea en caso de ganar las elecciones de 2019.
No tan unidos
En Juntos por el Cambio intentan “vender” que preparan un plan de gobierno para ejecutar desde 2023 para evitar errores del pasado. A confesión de partes, relevo de pruebas: el gobierno de Macri fue improvisado, sin plan y, sobre todo, con voluntarismos más que con sentido de Estado. En ese camino están los principales economistas de cada partido y otros estrategas. Aunque pueda haber acuerdos marco, hacia adentro de la alianza no es tan sencillo. Mucho menos al mirar la capilaridad federal que necesitan para ponerse de acuerdo.

En Mendoza, por ejemplo, los caminos están bifurcados. La diferencia es que acá el poder no es una ambición, sino una realidad. Si a nivel nacional las “fundaciones” de los partidos que integran ese frente procuran trabajar juntos, en la provincia van en paralelo; si es que hay “construcciones intelectuales para gobernar”. Omar De Marchi trabaja con su fundación Pensar y un equipo para construir su proyecto y tensa la relación con el oficialismo, particularmente con Alfredo Cornejo. El radicalismo tiene dispersión de precandidatos porque hay dos temores. El primero es el retorno de Cornejo como candidato que haga caer cualquier intento (nadie se anima a enfrentarlo). El otro trata de evitar la experiencia de Rodolfo Suarez, donde el radicalismo se dejó llevar por la inercia para ganar y gestionar, pero no hubo un plan propio. “Sin un plan y sin un equipo no voy a ser candidato”, repite desde hace más de un año uno de los favoritos a ser el sucesor.
En el oficialismo mendocino suelen dar muestras de empacho y esa abundancia, algunas veces, le juega en contra. Miran por la ventana que el Frente de Todos no logra ponerse de pie e, incluso, puede agudizar su crisis interna hacia fin de año, cuando tengan elecciones internas. Aún más si Cristina Fernández de Kirchner decide volver a ejecutar un cisma interno y se abre con su partido Unidad Ciudadana. En Mendoza ese partido está “dentro” del peronismo, pero le suma incomodidades a Anabel Fernández Sagasti y a sus rivales.



