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Planeros: miserias, dudas e incertidumbre en medio de la crisis

El Gobierno nacional agita la grieta social con gestiones que golpean la autoestima y generan incapacidad para mejorar las condiciones de vida. La incertidumbre sobre el futuro inmediato crecen: inflación, falta de recursos y tensiones políticas.

Se levantó a las 5 de la mañana para hacer una cola en la ANSES. El mismo organismo que tiene todos sus datos, vuelve a convocarla, esta vez para postular a un refuerzo de ingresos. Faltó al trabajo, durmió poco y con más vergüenza que ganas esperó 6 horas en una cola al aire libre hasta que la atendieron. Antes, alguien pasa en un auto viejo y grita lo que otros murmuran: “¡Planeros!”. “Me morí de vergüenza”, dice la chica, que tiene empleo en blanco pero no llega ni al mínimo vital y móvil por la cantidad de horas.

Planeros. Ese término despectivo que nació desde la miseria política y genera una grieta gestada por el propio gobierno nacional. En medio de un contexto económico desesperante, Alberto Fernández y la ANSES, gestionada por La Cámpora, obligan a seguir el camino del mendigo para acceder a un ingreso de 18 mil pesos para las familias de bajos recursos económicos que apenas servirá para compensar una parte del golpe inflacionario de cada día. Lo hacen con un modelo que atrasa; con postulaciones y con la idea del “beneficiario” y el “benefactor”; el clímax del formato clientelar que tienen como motor los partidos populares de Argentina.  

Miles de personas estuvieron obligadas a hacer cola para acceder al ingreso de emergencia. 

En la misma fila hay trabajadores de todos los rubros, la mayoría, algunos desocupados y hasta vivos que intentarán cobrar aunque no les corresponderá. El que gritó “Planeros” y quienes escucharon probablemente están del mismo lado: familias mendocinas que luchan por llegar a fin de mes, que trabajan y que la pelean. Ya son mayoría: en 47% de la población del Gran Mendoza, por ejemplo, tienen problemas de empleo. O están desocupados, o tienen un trabajo precario o, incluso, tienen trabajo con toda la carga horaria posible, pero aún así no les alcanza y buscan otro trabajo. Según la ANSES hay 322 mil personas que en Mendoza recibirán el ingreso de refuerzo; cuando los desocupados son supuestamente el 6,8% de la población económicamente activa. 

Es una foto de la realidad Argentina, de un deterioro que no cesa y que golpea la autoestima de los ciudadanos. Justamente ese es otro de los focos importantes: el amor propio dañado. Hay indicadores sociales que son similares a los del 2002; o incluso peores por el tiempo de “sostenibilidad” en esa banda negativa. Pero no hay reacción.

La respuesta del Gobierno ha sido igual de epidérmica, con una visión clientelar para la ejecución: transferir ingresos de emergencia desde el Estado.  A medida que se deteriora más la calidad de vida, aumenta la participación de la asistencia para contener las emergencias. Tanto, que hubo momentos en que 4 de cada 10 argentinos recibía alguna asignación directa. Y en los sectores menos favorecidos económicamente la dependencia de esa ayuda directa es casi unánime. Incluso por esa vía se disimulan los datos reales de pobreza y trabajo. 

Incertidumbre

Si la comunidad tiene incertidumbre sobre lo que puede pasar en el futuro, en los sectores políticos hay cierto estupor por la falta de herramientas y planes para mejorar. La agenda del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio está colmada de rencillas políticas y búsqueda de posicionamiento; por ambiciones y también por conveniencia.

La “bronca se cuece a fuego lento”, creen, y tanto el Gobierno como la oposición (consultados por MDZ) no ven que haya posibilidades de desbordes. Sí de un hartazgo generalizado que puede terminar consumiendo todas las legitimidades, no solo de quienes tienen a cargo la gestión. Léase: el efecto bronca pone a todos los decisores y postulantes del mismo lado y es allí donde fluye el efecto ira que capitalizan algunos dirigentes emergentes, como Javiel Milei.

Con el éxito del libertario hay un error de lectura: su crecimiento responde más a la búsqueda de un castigo hacia la clase política que al vuelco hacia ideas liberales o distópicas sobre el rol del Estado. Lo fue por izquierda en algunos momentos, y lo puede ser por esa vía ahora. El principal emergente de la política argentina no surgió para “soldar” la grieta o pacificar; por el contrario a él le sirve y se potencia.  

Las amenazas reales que sí preocupan tienen que ver con el desborde exagerado de la inflación (que roce las tres cifras) y un agotamiento total de los recursos del Estado. Por eso nadie se arriesga a plantear un escenario con algo de certeza hacia fin de año. “El escenario de hoy no sirve para plantear lo que pueda pasar porque la crisis se puede agudizar”, explica un analista. La falta de reservas, por ejemplo, es un indicador que inquieta hasta dentro del kirchnerismo. En momentos en que ingresaron volúmenes récord de dólares por las exportaciones, el Gobierno apenas logra sobrevivir.

En el Frente de Todos hay signos de “toalla al piso”, salvo por el cristinismo. En Juntos por el Cambio creen que el escenario es casi irreversible: que el kirchnerismo no tiene forma de remontar y que su alianza volverá al poder, siempre y cuando mantengan la máxima de estar unidos. El juego de poder interno es dinámico; pero detrás de escena existe alguna desesperación por construir un discurso, un programa y una hoja de ruta distinta a la de los últimos años.