Las horas más oscuras del presidente Alberto Fernández
"Estamos en "Las Horas Más Oscuras"... pero olvidate. Alberto no es Churchill", ironizó un funcionario que no está todos los días en la Casa Rosada pero que sí sabe el carácter del presidente Alberto Fernández y el de su vice, Cristina Fernández de Kirchner, quien hoy aprovechó un acto con parlamentarios nacionales y extranjeros para decir que "que te pongan una banda y te den el bastón…un poquito es (el poder), pero créanme... Y lo digo por experiencia. Ni te cuento si además no se hacen las cosas que hay que hacer, pero dejémoslo ahí".
Winston Churchill, el exprimer ministro inglés que empezó a enfrentar en soledad a Adolf Hitler antes que éste desatara la Segunda Guerra Mundial, vivió momentos de extrema tensión y soledad, retratada en la película arriba mencionada. Pero hoy la rivalidad y la extrema decisión de la vicepresidenta de avanzar en todo lo que pueda en contra del poder del presidente los asemeja, según esta extrema mirada.
Un intendente del Conurbano que prefiere los modales de Fernández sobre el poder de su vice, lo relata de la siguiente manera. "Ella no conduce, ella lidera, pero después no sabés para donde. En cambio él aguanta, no quiere romper con nadie, pero algo ahora tiene que hacer".
A pesar que la vice estaba exponiendo en ese momento, y sus monitores la mostraban casi en cadena nacional, él tenía el televisor muteado. "En algún momento se tiene que acabar. Si le tiene que entregar todo, que lo haga, pero así no podemos seguir", explicaba mientras leía, con asombro, los videograph que aparecían en las pantallas.
Quien lamentó enormemente que Martín Guzmán haya pasado por su distrito al inicio de esta semana fue Alberto Descalzo. Enterado casi a último momento, lo acompañó a la empresa de su distrito y nunca imaginó que el ministro iba a hacerlo para mandar un mensaje a la vicepresidenta de la Nación con quien él, al igual que muchos otros intendentes, quieren hablar para entender directamente cuán profunda es la diferencia que tienen. Hoy parece que se entendió todo.
Ninguno de los habituales voceros presidenciales quisieron hablar sobre los dichos quien nominó a Fernández para la candidatura presidencial. No porque teman represalias, sino porque directamente decidieron, hace diez días, no responder ninguna "agresión" o explicar alguna "foto" tomada para causarle más problemas a una gestión que no termina de entender qué pasa de un lado y otro de la grieta interna.
Ninguno de los mecanismos y organismos que antiguamente servían para mandar "mensajes" u "ordenar la interna" funcionan. El Centro Federal de Inversiones, CFI, ámbito que ungió el acuerdo programático con el que se manejó Eduardo Duhalde tras la explosión de 2001 está en condiciones de proponer nada. Y los intendentes, antiguos celadores de la política territorial del peronismo bonaeresnse, ahora ni se comunican entre sí.
La desconfianza y el temor de ser caracterizado por "traidor" es asombroso. No hay más articuladores como lo eran, en su momento, el propio Descalzo, Julio Pereyra, de Florencio Varela o, más atrás en el tiempo, Hugo Curto. Eso no existe más. Si bien subsisten algunas "peñas", nadie se identifica con uno como líder.
"Esto no aguanta un mes... Esto debe decidirse ya, mañana o pasado", dice otro jefe comunal de la Tercera Sección Electoral, la zona sur del Gran Buenos Aires, que se asombra por la "parsimonia" presidencial. Si bien no se hablan, casi todos ya tomaron conciencia que la vicepresidenta y su hijo, Máximo Kirchner, no terminarán jamás de presionar al elenco del gobierno.
Por eso pretenden que sea el presidente quien "vaya a verla y le pregunte qué quiere. Y lo haga. Porque si no, esta crisis nos lleva a todos", dijo desencantado.
Uno de la zona noroeste ya advirtió. "Que no nos impongan mecanismos electorales mesiánicos. El desdoblamiento no le sirve a nadie, no tenemos buenos candidatos a gobernador... en todo caso, que también nos permitan anticipar a nosotros el día de la elección municipal. Si los gobernadores pueden hacerlo, por qué nosotros no?", razonaba y explicaba que, si cada uno elije "recluirse en un territorio", ellos también deben tener la posibilidad de hacerlo.