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Es Argentina, no Narnia

El presidente de la Cámara de Diputados de Mendoza, Andrés Lombardi, critica el discurso de Alberto Fernández.
Foto: Telam
Foto: Telam

Por Andrés Lombardi / Presidente de la Cámara de Diputados

La apertura de sesiones en el Congreso Nacional dejó gusto a poco. A nada. Fuimos testigos del discurso del presidente de Narnia, porque aunque extenso, retórico y plagado de deseos, no deja de ser la palabra de quien todavía no salió de ese ropero que lo mantiene alejado de la realidad.

La realidad de este país real y palpable - valga la redundancia - es la pobreza que crece sin freno; es el estancamiento económico; el desempleo; el excesivo gasto público; la falta de rumbo; es la inflación. Y la lista podría seguir: corrupción, justicia selectiva, ausencia de políticas de Estado, marginalidad del mapa geopolítico, privilegios para pocos.

Pero el presidente no se enteró. Prefiere seguir culpando a otros de los males que nos aquejan, fabulando con un país que no existe y enumerando la cantidad de recursos que el Estado invierte NO en sacar a esas miles de personas de esa estadística que nos marca y nos duele, sino en mantenerla. 

Pareciera que es más redituable romantizar la pobreza que combatirla, porque las políticas sociales a las que alude el presidente, si no están acompañadas de medidas económicas acordes no tienen cómo sostenerse. 

En este país, el real, quien produce, quien genera trabajo genuino, es menospreciado por el Estado nacional. Como también lo es el que se esfuerza, el que tiene sueños de un futuro mejor para sus hijos; el jubilado, que trabajó toda su vida para ver cómo sus aportes fueron a parar vaya a saber dónde, porque lo que cobra es una miseria; los jóvenes, que buscan otros rumbos, cualquiera que les permita vivir con dignidad y desarrollarse. 

En este país, el real, no se valora ni protege al que invierte, al que estudia, al que cumple. Por el contrario, Argentina está asfixiada por un gobierno que sostiene un relato  mentiroso, demagógico y anacrónico que se cae con sólo salir a la calle y observar. Se diluye en su propia trampa.

Este gobierno tiene un serio problema de distorsión de los hechos y un enorme desprecio hacia sus gobernados, que somos todos y cada uno de quienes vivimos en este país, no sólo ese grupo minúsculo que aplaude y sonríe ante tanta miseria.
Necesitamos de una vez por todas recuperar la cultura del trabajo; premiar el esfuerzo; acompañar desde el Estado a quienes están dispuestos a invertir, innovar, desarrollarse y generar empleo; disminuir la presión tributaria; herramientas que nos permitan crecer y avanzar como Nación. Necesitamos un Estado presente, austero y empático, porque así, como estamos, Argentina va a la deriva. Es un barco sin rumbo porque su capitán, todavía está en Narnia.