Pacto Social: la fracasada experiencia que antecede a los anuncios

Pacto Social: la fracasada experiencia que antecede a los anuncios

El último experimento estabilizador de un Gobierno justicialista comenzó en junio de 1973. Y terminó en una devaluación del 60%.Herramientas usadas para pelear una "guerra" contra la inflación que ya esta perdiendo impulso.

Carlos Burgueño

Carlos Burgueño

Para agosto de 1973, José Ber Gelbard estaba exultante. El Programa de Reconstrucción y Liberación Nacional estaba dando resultados. O eso parecía. EL panorama mostraba viento a favor con una coyuntura internacional favorable (altos precios en el maíz y el trigo, que eran las exportaciones más importantes de la Argentina en aquellos tiempos) y el campo se enorgullecía de presentar una cosecha récord para ese año. La inflación que mostraba hacia mayo un anualizado de más de 60% había bajado al 17% y los más optimistas hablaban de un último trimestre con un anual de un dígito. La balanza de pagos se había dado vuelta, y el país ya mostraba superávit comercial. El incremento de salarios daba resultados en cuanto al alza del comercio interno.

Hasta la Unión Industrial Argentina (UIA), que había aceptado el Pacto Social a regañadientes, comenzaba a mostrar una cierta visión optimista sobre los resultados; siempre y cuando hubiera una segunda etapa donde se avanzara en algún tipo de ajuste fiscal y monetario, lo que, para los empresarios, era el principal factor inflacionario y desestabilizador salarial. Gelbard, que miraba a la entidad con displicencia y hasta superioridad autoritaria, enviaba ese mes mensajes amistosos y de sucesivas invitaciones a sumarse a la realidad económica y política, dando garantías de respeto del lugar que la UIA detentaba como representante del establishment del momento.

Sólo la Sociedad Rural se mantenía alejada del llamado, en una abierta batalla contra la conducción nacional agropecuaria, más cómoda en el manejo de juntas de carnes y granos y cooperativas agrarias, que con ánimo de tener dialogo profundo con los productores y los propietarios de los campos.

Gelbard, el primer ministro de Economía del regreso del peronismo al poder, había llegado al Palacio de Hacienda con Héctor Cámpora y se mantuvo con la llegada de Juan Domingo Perón para su tercera presidencia. Con la gestión del primero, había llamado a un Pacto Social que se firmó el 8 de junio de 1973, y que sumó a todo el sindicalismo argentino y la Confederación General Económica (CGE), una entidad industrial que apuntaba a las pymes de todo el país, de donde había surgido Gelbard.

Tenía tres metas fundamentales:

  1. Alcanzar la participación de los asalariados en el 40-50% del ingreso Nacional, en un lapso de 4 años (es decir, para 1977-1978); incrementando los salarios reales de la masa obrera argentina.
  2. Mitigar la ya pesada inflación, llevandola del 60% promedio a un dígito en un año.  
  3. Consolidar el crecimiento económico.

Las vías fundamentales para lograr esos objetivos eran las siguientes:

  • Congelamiento de los precios.
  • Alza General de Sueldos.
  • Suspensión de las negociaciones colectivas por dos años.  

Suponía además la aplicación de una serie de medidas de corte estructuralista e intervencionistas, que incluían la nacionalización del comercio exterior (fundamentalmente de productos primarios y commodities) y la aplicación estricta de precios máximos en alimentos, bebidas y productos de consumo masivo. Para los empresarios se trataba de medidas inaceptables. Ni hablar de los analistas económicos privados. Pero había cierta voluntad de aceptación general, siempre que el plan durara los dos años pactados y que incluyera también un ajuste en el nivel de gasto público y una racionalización y desburocratización del estado. Gelbard se comprometía a fines de junio de 1973 a atender estas cuestiones, cuando, para el primer trimestre de 1074, su programa estuviera dando resultados y la inflación estuviera ya controlada.

Si bien ni la UIA ni el resto de los representantes de los privados respaldaban (ni respetaban) al plan (ni a Gelbard), el hecho de vivirse tiempos de reconstrucción democrática, de haber llegado al poder Juan Domingo Perón con más del 62% de los votos, la necesidad de tener un poder firme ante la violencia que se vivía en la Argentina de esos años y la promesa de tiempos más comprensivos hacia los privados cuando las variables económicas se estabilizaran, hicieron que los grandes empresarios y decisores del aquel "Círculo Rojo", al menos, suspendieran temporalmente las críticas y con su silencio y pasividad avalaran el Pacto Social.

Sin embargo, todo salió mal. Para diciembre de 1973 los problemas políticos se acumulaban. Ya la sociedad percibía que "Perón no es el mismo". La inflación volvía a presionar por encima de los dos dígitos, amenazando con volver al 60% de comienzos del plan y retornando las presiones sindicales de reapertura de paritarias. La violencia no cesaba, las intrigas se apoderaron de la Casa Rosada y el entorno del presidente daba de todo, menos garantías de estabilidad política. El principal activo del Pacto Social se caía: ya no había un jefe de Estado con amplio apoyo popular de toda una sociedad al que se le respetaran sus decisiones y se le reconociera su lucidez económica, con lo que lentamente la angustia y la falta de credibilidad comenzaban a dominar el escenario económico y financieros del país.

Finalmente, Juan Domingo Perón murió el 1 de julio de 1974; y su viuda María Estela Martínez asumió la presidencia de la Nación. El 21 de octubre renunció José Ber Gelbard, asumió Alfredo Gómez Morales, que luego fue reemplazado el 2 de junio por Celestino Rodrigo que pasó a la memoria general por aplicar un plan de ajuste basado en una devaluación del 60%. El resto es historia.

El gobierno de Alberto Fernández lanzará mañana el próximo Pacto Social desde esta experiencia del tercer Gobierno de Perón. Se espera que la clase dirigente haya aprendido de los errores.

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