El debate escondido detrás de El Azufre y las tierras cedidas por el Estado
Parecen pueblos fantasma. Herrumbre, olvido y abandono en zonas de un impacto visual y turístico enorme. Claro, donde había nieve, ahora hay rocas, terrenos pelados y proyectos truncos. Donde hubo promesas, hay mala gestión. El cambio climático y los errores políticos hicieron que algunos centros de entretenimiento de alta montaña quedaran olvidados. Ocurrió en Vallecitos, luego en Penitentes, que fue expropiado pero sigue en ruinas. Ahora todo se corre “más al sur”. Por eso “El Azufre”, lo que era un terreno casi virgen e inhóspito, ahora es una tierra deseada y escenario de tensiones por el proyecto de desarrollo de un centro de esquí. En realidad el detonante es la cesión de 12 mil hectáreas que el Gobierno de Mendoza autorizó e hizo público solo a través de un Decreto firmado el último día hábil antes de navidad y publicado a principios de enero, pero que tiene una larga historia.
El Azufre es el nombre de fantasía para el centro recreativo y está en una zona que es usada para las veranadas por parte de pobladores temporales que en realidad tuvieron históricamente un rol clave: gracias a esa ocupación es terreno argentino y mendocino. La cesión de las 12 mil hectáreas tiene una larguísima historia que comenzó en la década del 60 con el traspaso desde la Nación a la provincia y que ahora Rodolfo Suarez le dio curso para un emprendimiento privado. Ahora la empresa debe avanzar en cada paso para lograr las autorizaciones ambientales para ejecutar el plan de desarrollo.
El proyecto está en Malargüe, un departamento que es escenario de todas las tensiones y contradicciones que vive Mendoza. Está en una situación crítica, pero tiene recursos naturales como ningún otro. Minería, petróleo, turismo y algunas preguntas clave que Mendoza no resuelve y que es el eje de todas las tensiones: qué hacer y cómo administrar los recursos naturales. De hecho El Azufre es una muestra más. En pocos meses habrá nuevamente debate en Malargüe para aprobar o no proyectos de fractura hidráulica en dos pozos de YPF; y también volverá la idea de poder desarrollar exploración minera.
Justamente la gestión de los recursos naturales es una de las tareas fundamentales de la actualidad. No habrá más agua excedente, por lo que la preparación para adecuar la realidad productiva y social de la provincia es el desafío invisible de Rodolfo Suarez y sus sucesores. Generar un diálogo social y tomar decisiones sobre el camino productivo es otro.
En debate
El Azufre está en zona de frontera, que se considera estratégica para la defensa de la soberanía y por eso se rige por normas especiales. La Nación cedió a la provincia con cargos específicos y ahora Suarez continuó la idea del gobierno anterior para trasladar la posesión para ejecutar un proyecto turístico privado. Por ahora no se conoce ninguna carga onerosa a favor del Estado, más allá de la promesa de inversión. De las 14 mil hectáreas de todo el predio, 12 mil las cedió el Estado. También mediaron acuerdos con los puesteros que usan la zona para las veranadas y podrán seguir haciéndolo.
La provincia recibió las tierras con algunos condicionamientos y tenía pautas:
- Subdivisión de la extensión que fuera expropiada en parcelas tales que las conviertan en unidades agropecuarias y/o mineras de rentabilidad económica;
- Contemplar en la subdivisión la concesión de una unidad turística en el Valle del Río Valenzuela;
- Contemplar la cesión de 400 hectáreas a Gendarmería Nacional entre el Paso del Planchón y las Termas del Azufre;
- Contemplar la asignación de unidades económicas a pobladores argentinos que estén radicados en la zona, especialmente si han realizado inversiones;
- Contemplar el mantenimiento de emprendimientos turísticos de ciudadanos argentinos que hayan invertido en la zona.
Impulsar el turismo estaba entre las posibilidades y por eso la Fiscalía de Estado dio el visto bueno desde el punto de vista legal, aunque aún faltan aprobaciones ambientales.
No se trata de zonas inocuas ambientalmente, pues hay reservas de agua, nacientes de ríos y campos con valor ambiental fundamental. El proyecto es enorme e incluye a algunos de los gestores de centros invernales más conocidos del mundo. Claro, no es garantía automática pues antes deben cumplir con las exigencias ambientales que por la zona hay. El año pasado se intentó aprobar un centro de esquí cerca del Portillo Argentino, en la reserva El Manzano. Se trata de Punta Negra, una idea que no fue aprobada porque no cumplía los requisitos ambientales y tendría un impacto negativo. Detrás, también se notaban algunas flaquezas: en el propio Gobierno había informes y opiniones contradictorias.
Tierras que valen
Malargüe ya tiene una fuerte impronta en el manejo privado de amplios campos de la cordillera. El ícono es la empresa Nieves de Mendoza, de capitales ingleses y argentinos, que tienen una zona núcleo de 250 mil hectáreas (la firma tiene casi medio millón de hectáreas) donde no solo está Las Leñas, sino atractivos turísticos y ambientales clave de la cordillera. La convivencia no siempre es armónica cuando hay recursos naturales como el agua de por medio. En todo el departamento hay 608 mil hectáreas extranjerizadas. Solo quedan “disponibles” menos del 0,3% de las tierras para el traspaso a manos extranjeras. No es casual porque allí están las principales riquezas ambientales, mineras, petroleras y turísticas de la provincia. Vale aclarar que los recursos naturales como el agua, el petróleo y las minas no son propiedad del dueño de la tierra sino del Estado y se concesionan. Por poner algunos ejemplos: las reservas petroleras de la “cuenca cuyana” están agotadas y la Patagonia mendocina es la única “esperanza”.

La provincia es una de las que mayor cantidad de terrenos rurales tiene en manos extranjeras. Casi el 9% del total de tierras disponibles es de propiedad extranjera. En ese grupo hay muchas inversiones productivas relacionadas con la industria del vino (como en todo el Valle de Uco, Luján y el Sur), pero también ganaderos (en el Este, particularmente La Paz) y zonas aún incultas en la cordillera.
Según el Registro Nacional de Tierras Rurales en la provincia hay 1.288.140 hectáreas en manos de personas y empresas extranjeras. El dato no está actualizado y puede crecer: la economía local facilita la venta de tierras por el precio bajo y el valor alto en recursos. En Mendoza explican lo que pasa y lo que “desean” que pase. “Como todo el país no hay inversiones desde hace tiempo. Solo se puede generar algo con capitales de afuera, pero que se animen a invertir a largo plazo para que haya empleo y riqueza”, explican
El problema es que nadie confía: para los que invierten es riesgoso por las fluctuaciones. Para los mendocinos es riesgoso que haya proyectos porque no confían en el control del Estado. Así con casi todo.


