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Del Rus de Kiev, al autócrata Vladimir

En la época del reino del Rus de Kiev se inició el imaginario colectivo que luego da nacimiento a las actuales naciones de Rusia, Ucrania y Bielorrusia. Una historia de gobernantes autócratas que, a lo largo de los siglos, han gobernado —la más de las veces, por la violencia— estos territorios.

La caída del muro de Berlín, y el consiguiente colapso de la Unión Soviética le dieron a los pueblos oprimidos —primero por los zares, y luego por el soviet— la oportunidad de la independencia. La reacción de Vladimir Putin, el autócrata presidente de Rusia, al ordenar la muy estudiada invasión de Ucrania, es parte de un modo de ver el escenario geopolítico de la región que está fuertemente arraigado en una particular interpretación de la historia. Muchos se han sorprendido por su discurso en el que habló de la inexistencia de Ucrania, a la cual ve sólo como un Estado más que debería estar bajo la férula de Moscú. Sin embargo, esa es su lectura de la historia, su visión política y la razón por la cual promociona estas acciones bélicas.

Es un error "comparar" los argumentos del Kremlin, como lo ha hecho el columinsta Thomas Fiedman, quien habla de los errores de ampliar la OTAN, una de las razones que esgrime Putin para justificar sus acciones, en particular cuando el autócrata señala: "Para Estados Unidos y sus aliados, ésta es la llamada política de contención de Rusia, de evidentes dividendos geopolíticos. Y para nuestro país esto es en última instancia una cuestión de vida o muerte, una cuestión de nuestro futuro histórico como pueblo. Y esto no es una exageración, es cierto. Esta es una amenaza real no solo para nuestros intereses, sino también para la existencia misma de nuestro Estado, para su soberanía. Esta es la línea muy roja de la que se ha hablado muchas veces. La han cruzado".

¿Qué implican estas palabras? Una reedición de la historia, la anexión de los países que fueron en su momento invadidos y controlados por el soviet, o sometidos al control mediante la fuerza de los zares. Son estas intenciones las que llevan a estos países a mirar a occidente y buscar refugiarse bajo su paraguas protector. Es allí donde Putin señala: "Sobre la situación en el Donbass, vemos que las fuerzas que perpetraron un golpe de Estado en Ucrania en 2014 tomaron el poder y lo mantienen con la ayuda de, de hecho, procedimientos electorales decorativos, renunciaron finalmente a la solución pacífica del conflicto. Durante ocho años, interminablemente largos ocho años, hemos hecho todo lo posible para resolver la situación por medios pacíficos y políticos. Todo ha sido en vano".

En rigor, Putin ve la caída del gobierno de Viktor Yanukovich, ocurrida entre finales de 2013 y principios de 2014, como algo que debe corregirse. Al contrario de la Revolución Naranja, estas protestas resultaron en más de cien muertes y fragmentaron al país, provocando la anexión de Crimea a Rusia y sublevaciones armadas en las zonas orientales del país, que se opusieron al Euromaidán y sus consecuencias. Lo que plantea Putin, es que estos hechos son los que le dan pábulo a las acciones criminales que están en curso.

En este conflicto no se juega sólo la suerte de Ucrania, sino la libertad de naciones enteras.