Inseguridad: ni el Rambo Berni, ni el ausente y silencioso Levrino
El concepto seguridad en las sociedades democráticas requiere de un accionar gubernamental preciso y eficiente, útil en su gestión y de comunicación pública clara y continua para información de la sociedad. El avance y profundización de la crisis social y económica, más la sofisticación tecnológica del delito y la propagación del narco (sobre todo el menudeo) en Mendoza, plantea exigencia mayor, profesional y accionar conjunto de las fuerzas de seguridad y la Justicia penal.
El aumento de los diversos tipos de delitos en la provincia y la falta de respuesta rápida y con la eficacia y eficiencia necesarias, aumentan la zozobra y preocupación de la ciudadanía.
El arrebato en todo lugar, las entraderas en hogares, los robos de celulares, carteras y mochilas en las zonas residenciales, por motochorros y grupo de menores y jóvenes, se han vuelto constantes y recurrentes. Eso genera un malestar creciente y una sensación de inseguridad que se transmite.
Y hay situaciones aún más graves. Balaceras en los barrios periféricos del Gran Mendoza, con muerte y heridas de niños, ajuste de cuentas con fallecimiento de marginales delincuentes también se multiplican e incluso la confrontación más intensa en los diferentes barrios para controlar su zona por parte de los actores del narcomenudeo también se han intensificado.
Cuesta practicar actividad física al aire libre, sea ciclismo o running, sin poner en peligro la seguridad personal. Incluso abordajes intempestivos en banda y sin freno, como lo ocurrido en el estadio de Independiente Rivadavia. Incluso manejos poco claros en la gestión de las comisarías que permitió, por ejemplo, que hubiera un asesinato dentro de una oficina policial.
Es la gestión
Este aumento real de la inseguridad, por mayor cantidad de delitos, prevención insuficiente, represión no adecuada y fiscales y jueces poco presentes (muchos garantistas extremos), complican y agravan la vida diaria de los mendocinos.
Resulta extraño y preocupante la falta de presencia pública y permanente que requiere el momento, por parte del ministro de Seguridad Raúl Levrino. Hubo en el Gobierno un cambio intempestivo en la cúpula de la policía y aún no está claro si la salida de Roberto Munives y la llegada de Marcelo Calipo incluye algún plan, modo de gestión o cambio.
En el caso de MDZ es expreso y concreto, puesto que desde la radio y el diario, desde hace 10 días se le solicita una entrevista para ahondar en el tratamiento de la compleja situación de la seguridad, sin tener ninguna posibilidad ni respuesta cierta.
El silencio o la aparición selectiva, según algunas medidas parciales tomadas o a encarar y en medios de comunicación elegidos, no colaboran en el conocimiento masivo del accionar público y en la transparencia de la gestión.
Esto también llega al gobernador, quien como máximo responsable de la autoridad provincial y ante el incremento delictual, debe llevar claridad, conocimiento y la mayor tranquilidad a cada mendocino. La Constitución provincial le otorga la máxima responsabilidad en el control de la seguridad y la fuerza pública.
Su ausencia sorprende e inquieta.
El silencio, la falta de comunicación constante, clara y profesional y el desconocimiento o la ausencia de un plan de seguridad agravan el inquietante momento de la vida diaria mendocina.
No se trata de accionar represivo indiscriminado, ni de secretismo o no presencia pública. No sirven la puestas en escena de Sergio Berni en Buenos Aires, más cercanas a una película de acción de los años '80 que de la gestión que se necesita; pero tampoco la ausencia de presencia pública que reina en Mendoza.
Se necesita una fuerza policial útil, con un plan de seguridad democrático integral, que actúe decidida y equilibradamente y con ello, prevea y evite el incremento del accionar delictual y asegure una vida diaria lo más tranquila y segura posible.
En paralelo, fiscales y jueces deben actuar prestos y con objetividad, sin ideas garantistas e incluso abolicionistas extremas, que aporten confianza en la sociedad y la tranquilidad que el delito es abordado con equilibrio y razonabilidad, sin represión jurídica indebida o injusta, pero poniendo accionar rápido y eficiente y justicia para con las víctimas.
El desastre económico y social que nos atraviesa y genera sufrimiento e inequidad mayor, no debe verse agravado por la falta de acción útil del Ministerio de Seguridad, la policía y una justicia distante y con diferencias doctrinarias que perjudican a los ciudadanos sufrientes.
Sirvan a cada mendocino con responsabilidad y compromiso. Se trata del patrimonio, la tranquilidad y hasta de la misma vida lo que está en juego.