Rusia-Ucrania: el mundo y Argentina ahora tiemblan por la energía
El mundo siguió de cerca durante la madrugada la reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU, convocado en Nueva York por pedido de Ucrania tras el reconocimiento de independencia que Vladimir Putin hizo de los territorios de Donetsk y Lugansk. Ahora autoproclamadas repúblicas independentistas prorusas son desde hace tiempo alimento para el temor de los mercados en el impacto que puede tener una guerra con centro entre Rusia y Ucrania, pero con impacto global. Anoche el efecto en las bolsas asiáticas fue directo con derrumbes en el Nikkei de Tokio y de hasta 3 % en el Hang Seng de Hong Kong. Europa no mostraba tranquilidad y los futuros de acciones y bonos anticipaban dos datos: que el mercado cree que habrá conflicto y que quizás este sea corto pero con altos costos. Para Argentina también.
Los números no acompañan a los mercados desde hace días pero la inminencia de acciones que compliquen la situación en Ucrania ayer hizo impacto directo, sobre todo en el precio de commodities que más interesan a la Argentina como el precio de la soja que tocó los U$S 600, junto con el trigo y maíz. Ya no es una especulación: los anuncios de Putin sobre los territorios en Ucrania son un simil de la estrategia clásica de anexión de territorios, beligerancia mediante. Georgia y Crimea son la prueba.
Para la Argentina, mas allá de la conveniencia de esos precios, el problema hay que buscarlo en la energía. El barril de petróleo Brent se mantenía hoy con una suba en promedio de 3 % que no encontraba calma. Llegó a tocar u$s99,50 el barril. Desde el 2014 no se registraban esos precios. Se calcula que con el crecimiento de la necesidad de importar mas energía durante el 2022, Argentina deberá destinar solo a la compra de gas (por gasoducto o GNL) unos U$S 4000 millones. Ese número estuvo a la cabeza del cálculo que hizo el FMI sobre déficit energético y subsidios.
En lo profundo de la crisis entre Rusia y Ucrania el mercado ve otros datos amenazantes que aceleraron las bajas de los últimos días y en especial las de ayer en las bolsas de todo el mundo. Mas allá de las amenazas de sanciones a Rusia que viene prometiendo la administración Biden, ayer Europa comenzó a avisar que algunas medidas podrían entrar en marcha inmediatamente. El canciller alemán Olaf Scholz decidió suspender el proceso de certificación de la infraestructura de la obra energética más grande que tiene Europa en marcha en este momento: el gasoducto Nord Stream II, que corre casi paralelo al Nord Stream I por debajo del Mar Báltico une Rusia con Alemania. Ese gasoducto también será operado por el gigante ruso Grazprom, que hoy garantiza casi el 20 % de la energía que consumen los alemanes. Esa decisión de Sholz es de tal magnitud que implica una señal directa de unidad de la OTAN frente a la crisis; para algunos es la respuesta directa en tono de declaración de guerra al reconocimiento de independencia que hizo Putin sobre ls territorios de Ucrania.
Sholz, que asumió como sucesor de Angela Merkel en medio de una coalición de gobierno mucho mas débil e impredecible que la que sostuvo a su predecesora, intenta explicar por estas horas que Alemania tiene garantizada otras formas de provisión de energía. Su falta fuerza en esto es otro elemento que complica los ánimos en un mundo que hoy no tiene líderes de peso para enfrentar a Putin y en un conflicto en el que el gobierno de Joe Biden también se juega un liderazgo que todo Europa aun espera que aparezca.
Además de las complicaciones bursátiles y de índole energética para el país, el multilateralismo que pregona Alberto Fernández, su reciente visita a Moscú y el silencio del gobierno nacional en torno al conflicto, complican más el vínculo de la Casa Rosada con Washington en la semana en que se espera el cierre oficial del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.