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Aguafuertes de la decadencia y las nuevas peleas por las cajas del Estado

Se construyen elefantes blancos y nadie se altera. Se discute sin sentido por quién gasta, pero no cómo se invierte. El rebrote por las cajas que genera el casino y la lealtad de Suarez hacia Rodríguez Larreta.
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El deterioro de Mendoza es tan grande que hay hechos que pasan desapercibidos y, en realidad, representan un aguafuerte de esa realidad. Hay, por ejemplo, un enorme estadio construido a capricho, sin servicios y que representa un espacio ocioso que en vez de promoción deportiva o espectáculos, se usa como vacunatorio y para las paritarias. Ni los guionistas que rodean a Matt Groening se animan a tanto: el lugar tiene capacidad para 10 mil personas, es una mole inútil que aún le cuesta a los mendocinos millones al mes. Y hasta hubo concursos festejando el nombre de ese elefante blanco.

Lo mismo se puede decir de la ruta para el paso Pehuenche, que antes de ser terminada ya estaban previendo que se inundaría y habría que hacerla de nuevo, o los cientos de kilómetros de calles asfaltadas y vueltas a asfaltar tras roturas de caños que no se arreglaron, o la ridícula discusión sobre qué hacer con 1023 millones de dólares donde se cayeron los argumentos: ahora hay dinero, pero no ideas.

Claro, la pelea real es por la caja, por quién “saca partido” de esos recursos y no cómo se invierte mejor para el bien de Mendoza. Por ahora los únicos que ganaron algo con el proyecto (mal armado) de Portezuelo tienen que ver con las áreas menos productivas: asesores, consultoras y amigos. Lo mismo va a pasar en los inicios con las dos obras que proyectan como muleto para reemplazar el papelón por la falta de concreción de la represa del Río Grande.

Hay una particular coincidencia. Las discusiones se agitan cuando el vil metal está de por medio, aunque sea de manera improductiva. Es lo que pasa puertas adentro del Gobierno, la oposición y también algunos sectores empresarios con los proyectos que sí fluyen en la gestión de Rodolfo Suarez, como el reimpulso a los casinos, la industria de la timba. Ya hubo una adjudicación que generó polémica y una obra creada en tiempo récord en el Este y se vienen tiempos de definiciones en la licitación por el casino de Mendoza, un lugar que fue escenario de sospechas de corrupción desde que el edificio de calle Brasil fue inaugurado.

Suarez puso freno a la idea de acotar el juego en Mendoza y lo reimpulsa, retomando una curiosa política de Estado que comenzó a hacer tangible su correligionario Roberto Iglesias, que potenció Julio Cobos, a la que Celso Jaque le dio un barniz de control pero que significó un acuerdo y que le trajo dolores de cabeza a Francisco Pérez. Alfredo Cornejo fue el único que cerró salas de juego, pero ahora ese equipo político va por más. Lo que se ve por el espejo retrovisor no es bueno: la época de las licitaciones de los casinos departamentales y de los tragamonedas fue una de las de mayores lobbies y sospechas cruzadas. "Hubo autos de lujo que se patentaron en esa época para agradecer a abogados, amigos del poder y otros", recuerdan quienes fueron parte de esas negociaciones. 

El casino del Este fue adjudicado tras una tensa licitación. Pero aunque está en funcionamiento la polémica sigue por lo que viene: las empresas que compitieron para quedarse con la sala del Este también pugnan por el Casino Central. La pelea de fondo es, nuevamente, por el dinero; la caja. El casino del Este es concesionado pero el Estado pasa a ser casi testigo del negocio. Es que el canon que se lleva el inversor es del 68%, cuando originalmente se había pensado en 49%. Es decir, de cada 100 pesos que ingresan el concesionario se lleva 68. “Se autofinancia la inversión en muy poco tiempo”, dicen los más críticos. El alerta sonó dentro del Tribunal de Cuentas, en un control concomitante.

Un informe previo del auditor advierte sobre varios puntos que, según su mirada, no cierran de la licitación. El canon es el principal y el que pone los pelos de punta a todos por los antecedentes. Las dudas apuntan a por qué nunca se pidió una mejora de oferta al superar el canon previsto, por qué no se eligió una alternativa más económica (presentada por el mismo oferente) y otros detalles. Mencionar al Casino dentro del Tribunal de Cuentas no es ingenuo porque siempre hubo vinculaciones. En el oficialismo, por ejemplo, no dejan de alertar que hay dos vocales peronistas tienen raíces en ese lugar. Héctor Caputto, fue parte del directorio del Instituto de Juegos y Casinos y Ricardo Pettignano también tuvo alguna vinculación porque su hermano fue funcionario en ese organismo en la gestión peronista. El informe generó revuelo internamente. Además, aseguran los radicales, los cuestionamientos “coinciden con los reclamos de los oferentes que perdieron en la licitación”. Es real, lo que no queda claro porque el Gobierno no lo explicó es por qué consideran que era conveniente adjudicar una sala de juegos de esa magnitud en una zona rural y con un canon tan alto. 

La pelea ahora está en el Casino Central, un lugar digno del récord a la mala gestión: es una de las pocas salas de juego en el mundo que le dio pérdidas al Estado. La renegociación que llevó el canon al 43% fue la base, pues el concesionario, Mendoza Central Entretenimiento, se lleva ese porcentaje y gran parte de los gastos los paga la caja pública. En la pelea para quedarse con esa sala de juegos hay datos interesantes. Primero, están los tres grupos que compitieron en el Este: Desarrollos Maipú (de Angelici), Traylon, de Cristóbal López, y Fuente Mayor, de Kristich. Pero hay una sociedad formada por “viejos enemigos”. Nuevo Plaza Hotel y Mendoza Central Entretenimientos. Es decir, los dueños del casino del hotel Hyatt y el sector del grupo Vila dedicado a los juegos de azar y actual concesionario de la sala del casino de Mendoza. La competencia entre esas dos empresas fue tremenda, pero ahora se asocian para quedarse con la concesión. El canon vuelve a ser el punto clave, pues todos apuestan a ganar más. Las ofertas van desde el 54% al 72% de lo que se recaude.

Rodolfo Suarez, que tiene otra forma de vincularse directamente con los empresarios relacionados con el Estado, tiene allí una de sus decisiones más incómodas; sobre todo por el peso de los actores en juego y sus relaciones con el poder.

De subsidios somos

Si de relaciones se habla hay otra delicada línea que Suarez transita y donde se siente incómodo. La pelea por los subsidios nacionales a los servicios obliga a tomar definiciones que el Gobernador prefiere evitar. Pero ha respondido con alguna lealtad hacia su amigo político Horacio Rodríguez Larreta. Tanto, que no se sumó a la estrategia de Gerardo Morales y Juan Schiaretti para atacar sin matices a la Nación y la Ciudad por los recursos que vuelcan hacia el AMBA desde la Nación. En Mendoza eligieron un discurso más sutil y que tiene un trasfondo real: la Nación empuja a la quita de subsidios a la Ciudad de Buenos Aires, que llegan a niveles inmorales cuando se compara lo que significa el impacto en las tarifas de esa zona y las del resto del país. Pero piden subir al escenario a un actor que solo aparece como testigo pero es fundamental: el gobernador de Buenos Aires Axel Kicillof. De hecho la Provincia es el principal destinatario de subsidios y de manutención de parte de la Nación, como ocurre con los trenes.

Suarez está más cerca de Rodríguez Larreta que de sus correligionarios. 

El Consenso Fiscal firmado en la gestión de Macri indicaba que en 2019 y 2021 el AMBA dejaba de ser la sanguijuela fiscal de las provincias porque se eliminaban los subsidios diferenciales, el regalo de la caja nacional para esa zona. No ocurrió y solo se hará con la Ciudad. Tampoco el traspaso de las distribuidoras eléctricas.

Más allá de la resignación por la diferencias de transferencias desde la Nación a Mendoza, también se quejan por otros gestos. Hasta la demora en la implementación del aumento del transporte generó problemas, pues como depende del sistema SUBE (nacional) la provincia implementó un mes más tarde el “tarifazo”.

Al gobierno nacional no le costó nada abrir esa grieta en la oposición, pues las media verdades que rodean al manejo discrecional de subsidios y la enorme desigualdad que la Nación gesta entre el AMBA y las provincias solo genera discordia en el mar de dudas que es el concierto de gobernantes argentinos. Suarez no obrará de manera enfática, pero sí ha mostrado lealtades que son gestos puertas adentro de su sector político; más cerca de Larreta que de sus correligionarios.