Horacio Rodríguez Larreta recorrió el conurbano y sorprendió con dos frases contundentes
“Vos decís que hay que poner huevos, ¿no? Por supuesto, vamos a poner huevos para transformar Argentina y resolver todos los problemas que tendremos adelante”, dijo, ante la sorpresa de quienes lo secundaban, Horacio Rodríguez Larreta cuando una de las participantes en una reunión con vecinos de Hurlingham expresaba que la duda más grande que tenía era si Juntos por el Cambio, y en particular el jefe de Gobierno porteño, iban a tener “lo que hay que tener”.
En esta localidad del oeste bonaerense, donde el referente local, Lucas Delfino, dejó en claro que “las transformaciones pueden darse si nos votan a nosotros. No hay que confundirse, porque aunque se peleen, Zabaleta, La Cámpora y Luis Acuña se juntan para ganarnos siempre”.
Es que el otro gran interrogante que tiró un vecino a bocajarro, hasta casi con descreimiento, es saber si lo que la gente del conurbano percibe que sucede en la Ciudad de Buenos Aires puede darse en la provincia de Buenos Aires. “Tenemos ejemplos que así lo demuestran. La Ciudad es uno, porque hace veinte años que gobernamos, proyectamos y trabajamos. En el mismo período, y desde antes, Buenos Aires es gobernada por el peronismo. Y creo que las diferencias son enormes, cuando antes no lo eran tanto”.
Tanto Rodríguez Larreta como Delfino, además, trajeron otros ejemplos. A los habituales de Vicente López, la primera gestión del PRO desde hace once años, ahora también incorporaron Tres de Febrero, San Miguel, una constante referencia por parte de los presentes, y el candidato a presidente agregó Lanús.
Como no suele realizar, el referente del PRO no dudó en comparar lo que hace la Ciudad y otros gobiernos de su signo político con otros y, llamativamente, calificó a General San Martín como la cuna del narcotráfico.
Los presentes reclamaron un par de cuestiones que movilizaron al invitado. La necesidad de unirse más y “no discutir ni hacer escándalos como hicieron en el Congreso… No somos eso”, le dijo una señora a lo cual Rodríguez Larreta asintió y agregó que esos ejemplos no son positivos. Lo otro es el orden. Parece que es un valor que la gente no percibe que exista, pero lo diferencia de la inseguridad.
De a poco, el jefe de Gobierno empieza a calibrar mejor el humor social. No se lo percibe nervioso, apurado y con poca empatía ante los bombardeos vecinales. Hasta se anima a hacer gestos, mirar fijo y luego sonreír de manera cómplice.
A diferencia de lo que marcan la mayoría, donde se muestra que las posiciones más radicalizadas tienen predominio en los dos frentes mayoritarios, el centenar de vecinos que se apiñaron en el local sobre la avenida Roca parece ir por donde más cómodo se siente el jefe de Gobierno porteño. “No me engancho en peleas ni en pedidos de guerra o muerte. Pienso distinto en todo con este Gobierno, pero no quiero una guerra contra ellos”, aseguró.

“Hay que romper la grieta y terminar con los fanáticos de un lado y del otro”, agregó Larreta. En ese momento, algunos presentes abrieron los ojos. Comparó, sin quererlo quizás, al ultra kirchnerismo con los halcones de su propio espacio y terminó la frase: “Si la Argentina quiere un fanático, no cuenten conmigo. Yo no voy a ser”.
También, casi al mismo tiempo que le pedían “huevos”, la otra preocupación que seguía era cómo proceder con los gremios vinculados con el peronismo y el kirchnerismo. “No importa lo que hagan. Nosotros seguimos adelante”, sostuvo Larreta.
“Nos impiden todo y seguimos. Nos obligaban a cerrar las escuelas y las abrimos. Siempre seguimos”, agregó. Una vez que terminó, se prestó a las fotos de rigor y luego acompañó a Delfino a caminar por Williams Morris, una de las ciudades más postergadas de la región. Ahí no fue tan sencilla la caminata. Desde una vereda a la otra le advirtieron que el barrio era peronista. “Así les va”, contestó casi provocativamente, pero luego frenó. No era para tanto.



