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La historia de Victoria Donda: de Dock Sud a Prat Gay sin escalas

Fue ultra kirchnerista, militante de izquierda y derecha por igual. Aliada de Alberto Fernández y detractora de Cristina y viceversa. El recorro de una mujer que desde la tragedia personal se hizo un nombre en la política nacional a base de prepotencia, militancia, pasión y pragmatismo.

Victoria, es hija de La Gordita y El Cabo, como le decían a sus papás, y nació en el peor momento de nuestros últimos 40 años en la ESMA, al compás de la tortura y las urnas bien guardadas, de una prensa pavorosa que hablaba de fútbol y espectáculos, las mesas de Edelweiss se llenaban de actores y actrices a la noche, y miembros del Poder Judicial de día, en esa época calle Corrientes no descansaba, pero el país atravesaba su mayor carestía moral y Victoria era apropiada por un matrimonio que la criaría durante muchos años en la mentira más perversa: la identidad.

Como chica pizpireta empezó a militar desde el secundario y a los 18 ya colaboraba en los comedores populares de Villa Inflamable, en Dock Sud, mientras tanto, su futuro compañero de fórmula, Alfonso Prat Gay, crecía en la estructura del entonces todo poderoso JP Morgan y se hacía cargo del patrimonio personal femenino más grande de la historia nacional, caminando un camino difícilmente más antagónico al de Victoria

Llegaron los Kirchner y con los Kirchner la memoria y el olvido. La memoria a la hora de arrestar y condenar militares que habían cometido crímenes de lesa humanidad y que debían ser apresados, y olvido para premiar guerrilleros partícipes necesarios de asesinatos y secuestros en los setenta, que empezaron a subir peldaños en la escalera del poder al ritmo del rencor de la familia Kirchner, que jamás creció económicamente más que en durante la dictadura. Cualquiera con un story telling relativamente verosímil se sumaba a la fila de nuevos militantes y cuadros políticos del kirchnerismo, y el caso de Victoria no fue distinto. La convocaron de H.I.J.O.S y confirmó su identidad, supo quienes eran sus padres y cuál había sido su historia, algo que trazó con los organismos de derechos humanos un vínculo para siempre. No así con los Kirchner.

Victoria entonces militó en Libres del Sur con Humberto Tumini exlíder del temerario PRT en el proceso, preso toda la dictadura, no tuvo la fortuna de los Kirchner, la cobijó y le dio lugar, creció y se vinculó al calor del oficialismo, eran épocas de superávit gemelo y disciplina absoluta del PJ en manos de Néstor, todo era posible, incluso Victoria que nunca había tenido un ápice de peronismo. Una vez posicionada, Victoria empezó a correr siempre por izquierda al Gobierno omnipresente  que había logrado someter al peronismo, los medios, el sindicalismo, el stablishment si es que existe, la justicia, todos preguntaban qué pensaba Néstor antes de hacer algo. 

Primero fue diputada enfurecida, amiga de las peores críticas a militares y opositores, militó con pasión el cristinismo embrionario, abrazó con locura la causa feminista y las abuelas y madres, no importaba bien qué decían, pero había que abrazarlas y sostener la épica y lo hacía muy bien. También apoyar 6,7,8 y la maquinaria fascista que nos perseguía a los que hacíamos periodismo. Llegaron a publicar direcciones, colegios de los hijos, todo valía en nombre de la revolución de Victoria abrazaba y le permitía crecer profesional y económicamente. Doce años de diputada más tarde, llegó el Inadi, pero en el medio pasaron cosas. 

Fue más a la izquierda que la pared, después empezaron las críticas internas, la búsqueda de autocrítica de los Kirchner, algo así como el helado caliente, y entonces empezó a perder terreno, ir a la segunda o tercera fila de los actos, y no le gustó. Ya los ojos color cielo de Prat Gay no eran tan liberales ni nauseabundos, y Hermes Binner no era otra cosa que un líder indiscutido, por lo que apareció una noche sin chistar Victoria de UNEN y se quedó un tiempo militando el anti kirchnerismo más rabioso, votando en contra las leyes de Cristina, apoyando al campo, el sector que supo ser blanco de su ira durante años. 

Así pasaron los años, el amor con Prat Gay no fue más que un revolcón ideológico con protección y,  cada uno a su casa, Alfonso al Gobierno y Victoria al poder, pidió lugar en el Frente de Todos y lo tuvo. Alberto asumió y le avisaron que desembarcaba Victoria, a quien no le tenía, ni le tiene, ni le tendrá, demasiada estima. No es nada personal, simplemente no la cree capaz y tuvo muchos errores en su gestión olvidable del Inadi, tan olvidable que antes de que la echen, pidió la escupidera en La Cámpora, donde antes se prefería muertas antes que incluida. 

Así entonces, Victoria logró el gatopardismo que los Kichner supieron cultivar, cuando aplaudían a rabiar a Domingo Cavallo y a Hugo Chávez, cuando decían que Clarín era la suma de todos los males y cuando firmaban el decreto que hipertrofiaba el poder del multimedios, cuando condenaban militares y se abrazaban y entregaban la inteligencia a César Milani, ni más ni menos que un militar represor y corrupto que tendría que morir preso, no en su casa de un millón de dólares de San Isidro. Esa es la historia de Victoria, no siempre al Frente.