Las urgencias y los dos "deseos" de Rodolfo Suarez para 2023
Hay tres hipótesis sobre la visión que tiene Rodolfo Suarez sobre el futuro político. Está muy convencido, es resiliente al extremo o elije el camino que lo desobligue de tensiones políticas. Así se entiende su ahínco por remarcar que Alfredo Cornejo debe ser el próximo gobernador. Cuando en febrero se oficialice esa decisión, Cornejo quedará aún más empoderado en una estructura de poder de la que nunca se fue. El propio gobernador refleja la comodidad que le trae a él esa decisión: Suarez no quiere ser candidato a nada en 2023; no irá en las listas. Pero ya está en campaña para ser senador nacional, cargo al que accederá automáticamente si Cornejo es gobernador (el año pasado fue electo senador suplente).
"Puedo ser un gran gestor para Mendoza", dijo en la entrevista con MDZ. Mientras habla en el salón de reuniones que está junto a su despacho, tiene de espaldas el retrato de San Martín, del que todos quienes pasan por ahí buscan ser su Salieris.
Pero la complejidad del 2023 va a alejar a Suarez y a todos los gobernadores de cualquier sensación de comodidad. La incertidumbre económica se acentúa y las tensiones políticas también. Aunque el conflicto entre la Ciudad de Buenos Aires y Casa Rosada parezca lejano, en el fondo incluye debates profundos sobre la relación con la Nación que por sometimiento o "timidez" nunca se plantearon desde las provincias: cómo se administran los recursos (que se recaudan en las provincias). La estructura de hoy, con un Estado nacional que recauda y se transforma en mano dadivosa es lo que potencia cada vez más los problemas.
Entonces, en el próximo año Suarez deberá gestionar una provincia con la mitad de la población con problemas de empleo y pobreza, con incertidumbre económica y con un aislamiento mayor del principal "benefactor"; la Nación. El gobernador pone como primera respuesta en las proyecciones sobre el futuro de Mendoza algo lógico: la urgencia de Mendoza es enfrentar la pobreza, los problemas de empleo y desigualdad. Lo que es más vidrioso es el cómo piensa solucionarlo. Entre la resignación a que todo depende de la Nación, el lamento por las propuestas truncas (por el no a la minería) y la esperanza con proyectos de baja magnitud inmediata, el modelo Mendoza 2023 es modesto. La Provincia tiene un as de recursos en la manga que será parte de las tensiones internas para ver quién lo administra luego de los años perdidos.
Urgencias
En el mapa de situación del Gobierno hay dos temas en rojo furioso y que Suarez dice que en su último año de gestión quiere encarara para sanear los problemas.
El primero es la situación de las OSEP, la obra social de los empleados públicos que tiene medio millón de afiliados y de quien depende gran parte del sistema de salud. De uno y otro lado; del lado de los usuarios y el de los prestadores. La obra social está quebrada y en crisis, como le ocurre a gran parte de sistema de salud. Los problemas agudos comenzaron con los aumentos en negro de hace algunos años que tensionó la ecuación entre la demanda de servicios y los recursos disponibles. Si los empleados públicos cobran menos, la OSEP recauda menos. No fue lo único. Para el año que viene el Gobierno resignó límites: quedó autorizado un cheque en blanco para que la Provincia destine los fondos necesarios (sin tope) para asistir a la obra social. Suarez analiza alternativas para que haya cambios profundos en el financiamiento de la OSEP.
El segundo es más diverso, complejo e involucra a todo el sistema de poder de Mendoza: la ciudadanía, la política y los grupos empresarios. Mendoza tiene por delante una crisis energética integral. Se suman los problemas para generar energía, la mala calidad del transporte y la distribución, la fragilidad del sistema, una deuda impagable que condiciona y una tensión enorme por la gestión privada de las empresas. Medio Gran Mendoza se quedó sin luz porque un adorno navideño generó un corto en el límite entre Godoy Cruz y Ciudad; ese hecho minimalista resume lo que ocurre en pleno 2022.
La urgencia administrativa para Suarez tiene que ver con resolver el acuerdo entre el Estado y las empresas distribuidoras por la deuda que se arrastra. Solo con EDEMSA al Gobierno certifica que le debe 70 mil millones de pesos "más lo que se pueda reclamar en el CIADI". La toalla en el piso que arrojó el Estado cambia las relaciones de poder en la negociación. De la "dura" auditoría realizada hace algunos años y que dejó a la puerta de la caducidad de la concesión a la empresa de José Luis Manzano por los incumplimientos y las incompatibilidades económicas, ahora se pasó a la dependencia. La salida hallada será hacer uso de las cláusulas incorporadas al contrato a través de las cartas de intención que permiten extender la concesión. Lo harán a cambio del "perdón" de la deuda. Esto, si es que la empresa acepta. Conociendo los antecedentes y la gimnasia tribunalicia y política de los accionistas de esa compañía, "resignar" recursos y derechos adquiridos no está en su horizonte.
Para los usuarios, lo más perjudicial es que en el debate no está ponderada la exigencia en mejorar la calidad del servicio. Aún a pesar de que es el momento. Es que en paralelo el Gobierno y Edemsa ya dialogan por lo que será la última revisión tarifaria antes del fin de la concesión original y por ahora solo se habla de tarifas y "compensaciones" para la empresa.
Al mismo tiempo, como explicó MDZ, la Provincia tendrá que tomar decisiones respecto a la matriz de generación de energía. El vencimiento de la concesión de HIDSA (las represas del río Diamante) obliga a poner foco. Mientras Neuquén y Río Negro pelean con la Nación para que restituyan los derechos de las represas, en Mendoza dudan. Justo, como ya se explicó, se suma a la idea de Suarez de construir el Baqueano, el dique que sumaría más energía en esa cuenca, siempre y cuando haya agua. En el banco de proyectos hay más prioridad por "lo posible" que por lo necesario. Por eso desestiman en el mediano plazo la represa Uspallata y apuran la del Río Diamante. Y también vuelven a escena Portezuelo, pero en su versión original. Tampoco está a la vista de lo inmediato un plan para cambiar de cuajo la matriz de generación, como han hecho otras provincias. En todo el plano energético hay una empresa que hay que seguir y se empoderará aún más: EMESA. La empresa fundada por Francisco Pérez casi a pedido de Miguel Galuccio ha sido el instrumento más usado por los gobiernos radicales. Y ese modelo, parece, se potenciará.