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Lo que nos dejó el Mundial: la Selección, los argentinos, la política y el día después

La Selección argentina dejó varias enseñanzas tras el éxito deportivo. Los hitos, los ejemplos y un modelo de liderazgo.
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Es conmovedor lo que nos está ocurriendo a los argentinos. Un momento histórico. Somos campeones del mundo y hay un sentimiento de alegría, ilusión y esperanza que nos recorre a todos, absolutamente todos, por igual. Una sensación de hermandad con el otro que no reconoce diferencias de ninguna clase. Una emoción “metida en los huesos”, diría el enorme  poeta Joaquín Sabina.

También dice Sabina: “A falta de sustancia, sobran detalles”. Una frase que se puede aplicar en todos los órdenes de la vida. A los seres humanos nos es difícil muchas veces, ante diversas situaciones, advertir qué es la sustancia y qué es el detalle. Si pudiéramos hacerlo, si hiciéramos el esfuerzo consciente para lograrlo, seguramente hay decisiones que tomaríamos y otras que no, aprendizajes que internalizaríamos, puntos de vista que enriqueceríamos.

Es muy interesante detenernos unos instantes en estos momentos inolvidables. E iluminar con la reflexión algunas zonas de lo que nos está pasando intentando distinguir la sustancia del detalle. Para no quedarnos atascados a los detalles y poner en valor la sustancia profunda, que habla a los agritos, de lo que está en las vísceras de este fenómeno que nos atraviesa.

Estamos felices porque la Selección argentina salió campeona del mundo. Pero es mucho más que eso. Hay un plus: estamos más felices aún porque lo hacemos con  esta Selección. Esto es lo novedoso, lo impactante: sentimos que es mucho más que un triunfo deportivo, por enorme que sea. Nos emocionan “nuestros” jugadores, los queremos, y queremos ganar el mundial por ellos, por nosotros y por Messi.

¿Qué es lo que tienen los jugadores de esta Selección que nos hace quererla tanto? ¿Cuál es la sustancia de esta pasión compartida y extremadamente igualadora?

Sabina también dice: “ tenemos…más de cien palabras, más de cien motivos para no cortarse  de un tajo las venas, más de cien pupilas donde vernos vivos”.  Hoy tenemos mucho de eso: palabras motivos, pupilas, vida. Por ejemplo:

Autoestima: creen en ellos mismos, se respetan a sí mismos, al compañero y a nuestro país.

El técnico de bajo perfil que llegó hacia donde está a fuerza de trabajo: Scaloni nunca se comportó como una estrella. Se hizo cargo de la Selección en un momento difícil, transitoriamente. Lo que trabajó, lo que pensó, lo que puso en valor hoy nos ha llevado a la cima.

Juegan bien: no sólo ganan, sino que lo hacen jugando bien, jugando a la pelota, respetándola, disfrutándola, honrando el espíritu del futbol. La belleza está en el proceso, además del resultado.

Liderazgo legítimo: Messi, ese hombre que llevamos en el corazón. Es el líder porque es el mejor jugador del mundo. Pero más porque él es como es. Su humanidad recubre su liderazgo técnico con un halo de legitimidad que va más allá de su juego.

Espíritu de equipo: todos juegan para el conjunto. Son enormes profesionales: los titulares, los suplentes. Pero no reina el ego. Nadie se ofende si entra o sale de la cancha, porque no se trata de una suma de individualidades. Otra vez como dice Sabina: “dos no es igual a uno más uno”. Es así: ese grupo completo tiene entidad y vida propias.

Resiliencia: remontan la adversidad, no se dan por vencidos.  Esa energía que les viene de las entrañas les permite confiar en lo que pueden hacer, y se caen, y se levantan. Y así…una y otra vez. No se echan culpas, no se enojan, no se hacen zancadillas. Se superan, y siguen jugando.

Humildad y empatía: son humildes, tanto en la derrota como en la victoria. Su vida profesional y económica ya está saldada. No quieren ser campeones por sus  millones. Quieren serlo por los millones que somos nosotros. Saben que nos hace falta un éxito, una alegría, un soplo de aire fresco.

Orgullo de ser argentinos: sienten orgullo por llevar nuestra camiseta. Quieren llevarla a lo más alto, porque lo sienten. No es la picardía, la ventajita, lo que los particulariza. Es calidad, profesionalismo. Esa Argentina que nos gustaría ser.

Dan la mejor versión de ellos mismos: hay un clima que les permite desplegar su talento, hacer lo que saben hacer. Tienen la posibilidad, y la toman, de sacar lo mejor de sí mismos y ponerlo a disposición del conjunto. No especulan, no se guardan nada.

La lista podría seguir, hasta cien y mucho más. Cada argentino podría sumar algo, que seguramente tiene que ver con su subjetividad. Y todo sería acertado, porque estamos ante un fenómeno de esos que no ocurren muchas veces, esas raras ocasiones en lo que sentimos y queremos todos es sano, auténtico.

El Mundial terminó y aunque fue el mejor final, ya era inolvidable de igual manera, en el mejor de los sentidos. En el día después, puede venir una especie de vacío, como un temor de volver a la realidad. Pero hay algo a lo que aferrarnos.

Si valoramos todo esto, si es esto lo que nos da felicidad, si estamos contentos de sentir lo que sentimos, podemos tenerlo muy presente, hacerlo consciente e intentar vivir así. Todas las características enumeradas podrían aplicarse a la política y a la forma de vincularnos entre nosotros mismos. Tal vez todavía no nos damos cuenta de que es así como queremos ser. Ganados por lo “pandito” de la vida cotidiana de este país que a veces nos duele tanto y otras nos abraza, no tenemos tiempo ni energía para levantar la mirada. Esta Argentina tantas veces exitista – con un dudoso concepto de “éxito”-  hoy está viviendo una experiencia que trasciende en mucho al resultado. No tenemos que dejar ir esto que hoy sentimos. Tenemos que notarlo, vivirlo y exprimirlo hacia adelante.

Desde la política tenemos que tomar este mensaje: adoptarlo como una forma de construcción, reconocerlo como la esencia de un proyecto político, tomarlo como un camino de retorno hacia la legitimidad de nuestra representación. Puede ser menos efectista, pero es más sólido. La Selección está dando, sin quererlo, una clase magistral a la política.

Hoy tenemos una oportunidad: si somos inteligentes y tenemos la voluntad, dentro de un tiempo este mundial será un detalle, enorme, pero un detalle. Quedará para siempre la sustancia de lo que nos dejó y lo hizo grandioso: eso que valoramos, que admiramos, en lo que queremos vernos reflejados, eso que queremos ser. Cuando juega esta Selección y nos referimos a ella usamos el “nosotros”: “jugamos bien, ganamos, estamos en la final”. Ese plural y lo que implica, más allá de matices secundarios, es lo que tenemos a nuestro alcance para enfrentar la realidad que viene después del Mundial.