Cristina auténtica: le pegó a todos y cree que es parte de la solución
Cristina volvió más Kirchner que nunca y apuntó, señaló, criticó, condenó y juzgó a todos, empezando por el Gobierno que integra con Alberto Fernández y el ministro de Economía, Sergio Massa y a sus socios políticos, el mundo obrero, la CGT, hoy alineada claramente con Alberto en la cabeza de Pablo Moyano, con quien conversa habitualmente. Cristina condenó la caída del salario de la actualidad y la baja participación de los trabajadores en la totalidad de la riqueza, algo que viene repitiendo en sus últimas apariciones.
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"Es necesario que los trabajadores formen parte de las decisiones, no sólo en la protesta, sino en la discusión y el modelo de país", planteó en el plenario de la Unión Obrera Metalúrgica escoltada por Abel Furlán, actual líder sindical de la entidad. La figura de Antonio Caló no es lo que supo ser, el septuagenario no asistió y cuando fue mencionado se escucharon silbidos e insultos en el micro estadio de Pilar.
Por momentos evitó patear el tablero y rescató la figura de Massa: "El mercado sigue presionando con el alza de precios, quiere una devolución porque tiene sus colocaciones en dólares. Quiero rescatar el esfuerzo que se está haciendo (desde el Ministerio de Economía), pero es necesario que las organizaciones sindicales se involucren en la discusión porque el pato de la boda van a ser de nuevo los trabajadores y trabajadoras", expresó tras un recorrido habitual de cifras y repaso histórico de la economía. Y aprovechó para facturar, de paso: "Estaba bastante sola en 2019 cuando había que tomar decisiones". En esa época el tigrense todavía creía que era importante poner presos a "los ñoquis de La Cámpora", como gritó alguna vez en su acto de cierre de campaña.
"Las diferencias no pueden ser solucionadas a través de la violencia", dijo en su discurso en el que pidió consenso económico entre trabajadores, centrales empresarias, sindicatos en la llamada "economía bimonetaria" que viene reclamando hace tiempo. "Eramos alegres, volvamos a tener alegría, la alegría de que el sueldo alcanzaba, que teníamos trabajo,de que había futuro, voy a hacer lo que tenga que hacer", dijo en clara alusión al protagonismo que tendrá el año que viene en términos electorales. “Tuve que tomar una decisión y no me arrepiento, había que votar en contra de ciertas políticas, no de personas, la verdad que es necesario representar y organizar no solo al peronismo, sino a aquellos que creen poder tener una sociedad más equitativa, no me gusta hablar de lo que gasta el Estado, sino de inversión”, explicó para justificar la elección que determinó la candidatura de Alberto Fernández como candidato a presidente en 2019.
Cristina arremetió contra la economía, volvió a plantearse por fuera del problema, juzgó a los que toman decisiones y se plantó como observadora de una realidad escindiendo su figura de la problemática económica actual. Así, el manual del cristinismo se aplicó a la perfección: todos responsables del fracaso, ella la única protagonista del éxito. Así funciona y con las manos acosutmbradas rojas aplaudía el senador confiable Oscar Parrilli, Fernando Espinoza, matancero enojado con Alberto por el desembarco de Emilio Pérsico en su distrito, el intendente local, Federico Achával.