Cristina descalificó a la Justicia y cerró sin nuevos argumentos
Cuarenta segundos tardó Cristina Fernández de Kirchner en descalificar a la Justicia, reiterar la pobre metáfora del paredón de fusilamiento y pedir su absolución mientras le falta el respeto a los que la juzgarán el seis de diciembre: tal vez la peor estrategia, reírse del verdugo cuando el destino está signado.
Cristina volvió a hablarlo únicamente a quienes la rodean pero sólo de forma unívoca y dogmática, sin repetir y sin soplar, diga lo que diga en cualquier contexto. Mala idea la de metaforizar sobre un paredón de fusilamiento en un país que padeció cuatro golpes de Estado en los últimos sesenta años y donde en el año 56 la Operación Masacre permitió fusilar a las corridas a militantes peronistas, algo que dista mucho de la vida de Cristina Kirchner.
La justicia determinará que formó parte de una asociación ilícita que perjudicó de forma predeterminada al Estado nacional que dice representar, del Estado presente al saqueo del Estado sin escalas, es la mirada de los fiscales que caló hondo en buena parte de la sociedad que no cree en la inocencia de la vice presidenta. Cristina cree que su enojo es conducente y sus diatribas adolescentes con editoriales no verbales en cada aparición la pueden poner por encima del poder judicial, a quien aborrece e intentó domesticar siempre que pudo a lo largo de su carrera.
Cristina cree, como habitualmente, que está por encima del poder que la juzga, siempre fue así y está convencida de que el peor problema del país es el llamado "partido judicial", otra forma de faltarle el respeto a quienes la juzgan. Así entonces, Martín Soria trabaja para complacer los pedidos junto con el más duro de duros de los diputados cristinistas, Rodolfo Tahilade, hombre de Malvinas Argentinas que desde la AFI y el Congreso, cumple a rajatabla con los pedidos.
Fueron 20 minutos de corrido en los que Cristina no hizo una sola alusión a las pruebas, las descalificó de un plumazo con la mirada firme, recordó su intento de asesinato y de paso calificó de poco idóneos a los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola. Incluso les planteó que no saben ni siquiera escribir; así de dogmático espera Cristina que sea el núcleo que la vota y la va a seguir militando cuando sea condenada por corrupta en ocho noches. El Gobierno espera que el fallo no tenga impacto en el fin de año, que se sabe, va a ser caliente y con un mundial que tiene en vilo a buena parte del oficialismo.

