Opinión

Las bajas de La Scaloneta, la cultura tribunera y otros males argentos

El entrenador se mostró desconcertado porque los jugadores ocultaron su estado físico. El paravalanchas de Máximo Kirchner y Mayra Mendoza, una obscenidad ante el aluvión de la crisis que nada detiene. Los hinchas argentinos llevan a Doha la prepotencia mal entendida como folclore.

Nicolás Attias
Nicolás Attias domingo, 20 de noviembre de 2022 · 10:13 hs
Las bajas de La Scaloneta, la cultura tribunera y otros males argentos
Foto: Instagram @roadto2022

La viveza criolla, la ventajita, la mentira. Esa es nuestra marca que nos conduce sin escalas a la fatalidad como sociedad. El semáforo se pone en amarillo y aceleramos. Si los políticos roban, nos convencemos que hacen. Si puedo hacerme el dormido en el micro para no ceder el asiento, lo hago. Somos así. Nuestra argentinidad al palo, que es un garrotazo a nuestra diezmada nación. Igual no importa, en Doha todos cantamos por La Scaloneta y le mostramos al mundo nuestra orgullosa cultura tribunera. Total, los otros son "todos putos" como dice la horrible letra de la canción contra Francia, que hasta indignó al gobierno de Emmanuel Macron.

Y ya que hablamos de La Scaloneta, esta semana el entrenador se puso un poco nervioso con algunos de los jugadores que no fueron sinceros, y no revelaron la gravedad de las lesiones que arrastraban, al momento de ser incluidos en la lista. Otra vez, un síndrome bien argento, primero el interés individual por sobre el equipo. Finalmente esos jugadores que no fueron honestos debieron regresar y dejar su lugar a otros.  "Son bastante grandecitos como para darse cuenta si están en condiciones de seguir o no", se enojó el entrenador. Scaloni, lo cierto es que generalmente no salimos de la adolescencia como país, y así nos va.

En La Plata hubo un espectáculo que sería cómico si en los alrededores de esa ciudad no se palparan las claras evidencias de pobreza y deterioro social, que le ponen plazo fijo al desamparo antes de que ocurran desbordes realmente preocupantes. El hijísimo Máximo y la intendenta Mayra Mendoza saltaban de alegría en un paravalanchas mientras mamá Cristina hacía su clásico revisionismo histórico marcado por su recortado lente retrospectivo. Los tiempos judiciales apremian y hay que buscar resguardo como sea, a través de una candidatura presidencial o algo más modesto en la populosa e indómita Buenos Aires. Afuera, no hay paravalanchas para la crisis y el desasosiego de los que no tienen para comer.

Fue durante los 90 que se popularizó esa frase tan desafortunada del "roban pero hacen". Una expresión lamentable, signo cultural de una sociedad que hacía la vista gorda ante la corrupción que más temprano que tarde se revelaría en tragedias como las crisis que han azotado a este país en los últimos 30 años, golpeando sobre la salud, la educación y la seguridad, para citar los frentes sociales más sensibles. El "roban pero hacen" fue conformarse con un presente de estabilidad aparente frente a un futuro embargado. Y eso que el inefable sindicalista Luis Barrionuevo lo dijo con todas las letras: "Tenemos que dejar de robar por lo menos dos años en este país". Parece que ningún político nunca lo escuchó y prefirieron hacerle más caso al histórico consejo de Felipe Solá: "Para permanecer en el poder hay que hacerse el boludo".

Todo esto no importa, ya se desató la fiebre mundialista a la espera de que Messi y compañía  nos traigan la Copa y le demuestren al mundo que además de eternos campeones morales, somos los mejores en el deporte más popular. Porque a nuestra técnica siempre le vamos a agregar viveza, ventajita, la mentira como en el truco. Pero lo realmente lamentable es que para nuestro destino aciago no hay mano de Dios que nos salve, si no maduramos como pueblo y sociedad.

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