Lejos de La Cámpora y de sus propios funcionarios, Kicillof prueba con una nueva campaña
Hace quince días, en su visita a Olavarría, Axel Kicillof sorprendió a los referentes del Frente de Todos por una convocatoria informal en el Monumento San Martín y casi quinientas personas terminaron escuchándolo y debatiendo con él y con su pequeña comitiva. Ayer, volvió a presentar el mismo formato en General Pinto, y también resultó una gran experiencia que viene a modo "piloto" hasta que se haga de manera más constante.
La primera experiencia había sido en abril, en Salto, y había sido buena, pero por diferentes motivos, muchos de ellos producto a la incertidumbre en el Gobierno nacional, este tipo de encuentros se suspendieron. Ahora, parece, volverán y se realizarán de manera mucho más frecuentemente.
Si bien quienes no lo quieren o al menos no lo tienen como parte de su conducción política lo califican de "soviético", y a quienes lo acompañan como "los soviéticos", Kicillof parece mucho más a un uruguayo en su minuto a minuto. Cada vez que termina una actividad, sus allegados, según sea el que lo acompañe, parecería haber una obligación no escrita. Que le acerquen el termo y el mate.
En General Pinto, durante la jornada de ayer, el gobernador estuvo acompañando al intendente Alfredo Zavatarelli en el mejoramiento de un camino rural del distrito y la inauguración de un corralón municipal, entre otras actividades. Cuando todo terminó, inclusive la reunión que le armó el jefe comunal, del Frente de Todos, Kicillof se fue caminando hacia la plaza para iniciar su mateada a la que se le fueron sumando vecinos y dirigentes del oficialismo.
Este tipo de encuentros viene a reemplazar a su campaña de 2019 cuando iba solo a cada localidad acompañado por el conductor del Renault Clío que pasó a ser un emblema de esa experiencia electoral, Carlos Bianco, su antiguo jefe de gabinete y actual asesor principal.
En los pueblos del interior, las presencias de dirigentes y funcionarios políticos de primer nivel son mucho más esporádicas que en los grandes centros urbanos y el impacto que causa es mucho mayor al que podría provocar en cualquier ciudad capital o del Gran Buenos Aires.
Además, Kicillof aprovecha para contactarse personalmente con "la gente común", algo que sostienen en su equipo más íntimo, "no hace la mayoría de la dirigencia, que se la pasa hablando por televisión o en algún que otro acto". Estos dos últimos formatos sólo fideliza el voto propio, pero no interpela la situación de la población en general.
Además, el gobernador se autopercibe, y más de una vez se lo hacen sentir, fuera del sistema peronista tradicional de la Provincia de Buenos Aires, lugar al que llegó por la decisión personalísima de Cristina Fernández de Kirchner. A tal nivel llega esa distancia que, tras la derrota electoral de 2021, los intendentes y Máximo Kirchner "intervinieron" su gobierno con la llegada de Martín Insaurralde como jefe de gabinete.
Esa conversión del gobierno fue pedida por la propia vicepresidenta, quien lo protege y lo escucha más que a ningún otro, pero las distancias entre los dirigentes territoriales y autóctonos con "el soviético", no se achicó. Sin preocuparse demasiado por esto, Kicillof sigue su propio instinto, ya no con el Clío, sino con el termo bajo el brazo y el mate en la otra mano.



