Alberto Fernández no entrega las PASO y le declara la guerra a La Cámpora de cara a 2023
"Pero a ver, de qué carajo me están hablando, yo estoy sentado en la mesa por la paz más importante del mundo, Macron nos agasaja y nos usa de puente en la región y me vienen a preguntar por la interna de La Cámpora, ¿qué me importa la interna de La Cámpora a mí?". La pregunta la hizo en privado a su equipo Alberto Fernández tras la conferencia de prensa en París, donde fue a la cumbre por la Paz que se hace todos los años.
Al presidente no le gustan las preguntas, ni el enfoque, ni la doble vara del periodismo argentino con respecto a lo que se publica de su Gobierno y de Juntos por el Cambio o Javier Milei y se lo hace saber a su entorno. Alberto Fernández encara el regreso de París -que será el 18 a la mañana- con un optimismo que acarrea hace ya algunas semanas. La moderación lo encuentra más tranquilo y siente que los nerviosos son los que se extreman, es decir, La Cámpora y Cristina Fernández de Kirchner en su espacio político.
Emanuel Macron tuvo distintos gestos de hospitalidad y reconocimiento hacia el presidente, al que sentó en lugares de privilegio en los actos por los caídos en la primera Guerra Mundial y al que le presentó distintas personalidades durante su estadía. Siente que su rol de líder es reconocido afuera pero no adentro, algo que también sintió Mauricio Macri en épocas de la política exterior de Jorge Faurie y Susana Malcorra, hoy en manos de Santiago Cafiero.
Llegó el momento de sostener la moderación y avanzar, es lo que entienden los arquitectos políticos del entorno presidencial, que como cada semana, tuvieron que cargar bidones de agua para apagar el fuego amigo y los errores propios. Fue el turno de Gabriela Cerruti, la vocera presidencial, tal vez el peor funcionario que acompaña a Alberto, quien definió como "muertos de la derecha" a las piedras de los caídos en pandemia que se colocaron en Plaza de Mayo.
No sólo la vulgaridad de la frase generó irritación, sino que el intento de pedido de disculpas, que le parecieron bien y fueron exigidas por Alberto, no complacieron a nadie y en redes sociales se hizo tendencia nacional el pedido de renuncia de Cerruti, acostumbrada a faltarle el respeto a los periodistas con sonrisas socarronas y pobres recursos de ironía que a nadie le suma, especialmente al presidente en tiempos de dificultades. "Esa costumbre pelotuda de publicar charlas personales en redes, nunca la voy a entender", le dijo ese día Fernández a Cerruti, que entendió rápido esta vez que tenía que pedir disculpas. No hay envidia ni rencor en los colegas que no la quieren a Cerruti, es simplemente molestia por su mala educación y falta de conocimiento sobre cómo comunicar una crisis, algo que nunca supo hacer y demuestra cada seis noches en las pobres conferencias de prensa que da.
El sueño de la reelección
Los números le permiten pensar en ganar y reelegir el año que viene, pero siempre y cuando los números económicos le den respiro. Es consciente del daño en el salario, pero se lo adjudica al combo de guerra, pandemia y Gobierno de Mauricio Macri. Las reservas del Central, otro tema a tener en cuenta, con un Miguel Pesce que por ahora sostiene el homenaje a Marcel Marceau. "Cristina perdió casi 30 mil millones de dólares en sus gobiernos, sin Macri y sin guerra... seamos sinceros", le dijo Alberto a Massa días atrás. El nivel de reservas obsesiona al presidente, algo que heredó de Néstor Kirchner, quien llamaba todas las tardes para saber cuántos dólares había en el BCRA. Eran tiempos de la soja más peronista de la historia, había cuadruplicado su valor para pagar deuda al FMI, patear el tablero y generar superávits gemelos, algo que sólo puede tener Massa en su cabeza cuando duerme.
La pata sindical con la familia Moyano o parte de ella militando el no cristinismo le bastan al llamado albertismo para apostar a una interna ganadora, en la que hoy Cristina mide más si se toma en cuenta sólo el universo que vota al Frente de Todos. No es lo mismo en el mapa general de votantes. Lo mismo sucede con Juntos por el Cambio, donde hoy los números que circulan en Uspallata muestran que la marca está fuerte en todo el país y primera, pero cuando se divide internamente, Patricia Bullrich ya pisa los talones de Horacio Rodríguez Larreta, quien busca renovar su discurso para evitar que la tibieza fagocite su proyecto presidencial.
Lo mismo se replica en Buenos Aires, donde suben las acciones de Diego Valenzuela y otros duros frente a la suave campaña de Diego Santilli, de quien nadie ya recuerda que se impuso en las legislativas en la Provincia. "Tres noches más y perdíamos", suele recordar el Colorado en la intimidad, por la pequeña diferencia por la que se impuso a Victoria Tolosa Paz. La renuncia del segundo de Tolosa Paz en Desarrollo Social lo encontró a Alberto en Francia, la llamó y le dijo: "Me mandó un mensaje Asencio hace pocos días diciendo que cuente con él y que militaba en La Matanza para que gane, no sé ni quién es, pero... si no lo precisás que se vaya, no sabía que estaba en tu ministerio". La comunicación entre Alberto y Tolosa es diaria y de una confianza inmejorable.
Así entonces, Alberto entiende que el cristinismo más pasional y tardío empieza a ver sus pésimos resultados y busca retroceder, moderarse y reposicionarse de cara a las PASO, algo que Alberto no va a entregar: "Las PASO se van a dar sí o sí, se terminó el dedazo, hay que abrir los aparatos y que la gente elija, si es Cristina o si alguien la supera y es el nuevo referente político de la Argentina", dijo a su mesa chica mientras apuraban una pera rallada de postre días atrás, apenas llegados a Francia.
Alberto cree que Cristina es más fuerte que él y que Sergio Massa en la interna, pero que pierde en la calle. El voto independiente, ese que puede o no votar a Alberto, jamás votaría a La Cámpora, eso percibe el laboratorio oficial del armado de Alberto presidente, una posibilidad que no se descarta ningún día. El Gabinete tuvo una semana intensa y lo único que se monitoreó sin pausa fue el lanzamiento de los Precios Justos, como rebautizó Sergio Massa al congelamiento de precios por cuatro meses con las grandes compañías de alimentos que representan el 86% de lo que se consume. Y los gobernadores e intendentes le juran en privado que lo apoyarán, pero también lo hacen con Cristina y entre ellos, vicios del peronismo que no se renueva.
MDZ sabe que al presidente nada lo irrita como una denuncia falsa, y se lo dijo ayer a su mesa chica: "Nunca tuve plata, no tengo plata y si la tengo me compro una guitarra o hago un viaje, qué carajo hacen pidiendo acceso a la información para saber si Fabiola pagó o no una mamadera, están todos locos en este país", le dijo a Santiago Cafiero antes del acto principal de la gira.
Tiene que ver con las formas, Alberto nunca fue amigo de la idea del uso del Estado en términos personales para lujos, y en rigor de verdad, cuando Cristina Kirchner viajaba, solía hospedarse en los hoteles más caros del mundo con enormes comitivas, algo que en la actualidad está vetado. En la mirada presidencial, Cristina está absolutamente afectada por el intento de asesinato, pero Alberto cree delirante que se pueda pensar que la familia de Luis Caputo financió a la "banda de los copitos", apenas unos marginales que no lograron su objetivo de matar a la vice. "No me parece serio, mucho menos lo de Millman, tienen que dejar esas teorías delirantes y pedir que se investigue", dice en privado el presidente.

