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Los sin nada en el país donde abunda la nada

La imagen de miles de argentinos intentando registrarse para un bono de $ 45.000 en dos cuotas impactó a todo el país. Las múltiples caras del desencanto, la desesperación y la violencia.

Fueron dolorosas, vergonzantes, tristes. Las largas colas que la televisión mostró en variadas ciudades del país de cientos de miles de compatriotas desvalidos, en búsqueda de los 45.000 pesos que el Gobierno entregará en dos cuotas, impactaron no sólo visualmente sino en el corazón.

Eran quienes no tienen nada en nuestro país de inmensas riquezas naturales, donde inexplicablemente abunda la nada, en busca desesperada de un mendrugo.

Pero muchos de los sin nada, quedaron excluidos. No se puede recibir ninguna ayuda estatal de ningún tipo para percibir los 45.000 pesos. Y hay muchos argentinos sumidos en la miseria que reciben algún beneficio público, que no los saca de la indigencia.

Desencantado, desilusionado, frustrado, un ciudadano que había estado en la cola desde las tres de la mañana, relataba que le fue denegada la asistencia por ser beneficiario de una ayuda de $5.000 para alimentos por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. ¡5.000 pesos mensuales! Lo que cuesta una comida en un restaurante medio.

Un indigente excluido, como un par de millones más que tampoco recibirán la ayuda. No tienen nada y el país donde abunda la nada, fiel al estado de situación, nada les dará.

El fin de semana, en la ruta Panamericana de la provincia de Buenos Aires, Lucianito y su novia, a bordo de una “motochorra”, asesinaron a un ciudadano para robarle su moto BMW. Nada de vigilancia, ni seguridad preventiva, en un lugar donde hace tiempo los asaltos de motochorros abundan.

Nada de asistencia sanitaria tampoco, porque el 911 tardó 10 minutos en atender el llamado solicitando auxilio. El ministro de Seguridad de la provincia, Sergio Berni, públicamente señaló como culpable a la Justicia, que con habitualidad utiliza la puerta giratoria para liberar a los menores delincuentes. Esta afirmación es correcta. Nada de justicia.

Pero también nada de referencia a su propia incapacidad de custodia del espacio público en prevención de los múltiples delitos. Hace dos años, durante la pandemia, liberaron a 2.500 delincuentes. Nada de política en seguridad pública.

En Mendoza, hace tres meses, en día viernes, un joven que había cobrado su semana laboral como obrero de la construcción, fue interceptado por un móvil de la policía. Tras ser interrogado y requisado, fue despojado de los 9.500 pesos recién percibidos.

El joven no se amilanó y denunció a los policías, “los que usan boina” declaró y que “llevaban una especie de barbijo” que les tapaba la mitad de la cara y los volvía muy difícil de identificar. Ratificó días después su denuncia en sede administrativa policial.

Transcurridos tres meses y su valiente disposición, ¿cuál fue la respuesta?:  nada de nada. Un joven con casi nada, recibió como respuesta del Estado la nada misma.

Los argentinos que necesitan del sistema de salud pública empiezan su peregrinaje desde el sacrificio personal para conseguir un turno (hacen largas colas toda la noche) para llegar al día de atención a su inconveniente de salud. Si su problema es susceptible de cirugía y requiere de prótesis, deben prender velas para que éstas estén disponibles para la fecha en que se disponga la intervención.

Los casi sin nada con una respuesta próxima a la nada. Podrían seguir señalándose numerosos ejemplos del triunfo de la nada. Es una tarea dolorosa y que genera mucha tristeza, porque el triunfo de la nada es abrumador. Gana por goleada.