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La estrategia de Jair Bolsonaro que podría perjudicar a la Argentina

El presidente de Brasil quiere poner al actual director gerente para el hemisferio occidental del FMI, Ilan Goldfjan, clave en la negociación con Argentina, a la cabeza de una de las pocas entidades que sigue prestando dinero al país.

Jair Bolsonaro prepara un golpe de efecto a nivel continental. En las próximas horas buscará que Ilan Goldfjan llegue a convertirse en el próximo titular del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el centro financiero continental más importante e influyente y desde donde se pueden manejar las fuentes de financiamiento más importantes de toda América Latina.

El actual jefe de Estado brasileño, candidato a la reelección, impulsará la candidatura del actual director gerente para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), ante una oportunidad quizá única que se abre en la entidad americana: la expulsión del norteamericano Mauricio Claver-Carone de la presidencia, y la intención de los socios miembros de volver a la tradición de nombrar un hombre del continente en la conducción del BID, luego de la fallida experiencia del hasta el mes pasado hombre fuerte de la entidad.

Goldfjan es actualmente, quizás, el latinoamericano que más lejos llegó dentro de los organismos financieros mundiales, al manejar el cargo clave del Fondo. También sabe que el expresidente del Banco Central de Brasil es una persona con mucho prestigio y que desde la conducción de la silla del FMI que antes detentaba el mexicano - argentino Alejandro Werner, mostró cierta ductilidad en el manejo de la crisis financiera y económica mundial de la pospandemia y las consecuencias de la guerra por la invasión de Rusia a Ucrania. Para Bolsonaro, que fue un impulsor del encumbramiento de Goldfjan en el FMI, sería un desafío ante una realidad internacional donde precisamente el prestigio no es su fuerte.

En este sentido, el poder encumbrar a un compatriota que sí tiene buena imagen mundial en un cargo clave, podría ser una especie de revancha. Sea reelecto o no. Una situación que en su momento también vivió el norteamericano Donald Trump, que casi al final de su gestión, y cuando se jugaba su reelección ante Joe Biden, encumbró a su exasesor para asuntos latinoamericanos, Claver-Carone, a la presidencia del BID. Trump logró su meta, presionando a partir de su poder económico, al ser Estados Unidos el principal aportante y financista de la entidad. Y aún sabiendo que rompería una tradición histórica de dejar que un latinoamericano sea quien dirija la entidad.

La llegada del cubano - norteamericano al BID fue consecuencia además de una victoria de los Estados Unidos sobre un curioso oponente: Gustavo Béliz, impulsado por Argentina, Venezuela y un puñado de países bolivarianos; una estrategia que finalmente demostró ser proactiva a favor de Claver-Carone, ya que logró unir al resto de los estados miembros, que apoyaron al hombre de Trump sólo para evitar la avanzada bolivariana. Uno de los principales apoyos que tuvo el norteamericano en su candidatura, fue precisamente la de Bolsonaro, a quien poco le importaba el hecho de delegar el BID en un hombre de Estados Unidos. Su principal intención era convalidar su alianza continental con Trump y, de paso, evitar que sea el argentino quien reemplazara al colombiano Luis Alberto Moreno. 

La avanzada trumpista fue exitosa al encumbrar a Claver-Carone. Sin embargo, el descendiente de inmigrantes cubanos falló en su gestión. No por cuestiones de conocimiento financiero o monetario, donde no tuvo mayores críticas, sino en las personales. Una cuestión relacionada con favorecer a personas vinculadas afectivamente a él llevaron a su eyección semanas atrás. Ahora el cargo está liberado para un nuevo conductor, y Goldfjan podría tener los apoyos necesarios al contar, teóricamente, con los votos de los Estados Unidos, Canadá y otros estados clave de la región y el mundo con los que estableció contactos en los meses en que ocupó el cargo de director gerente para el FMI.

Para Argentina puede ser una buena noticia. Desde febrero Goldfjan tomó el manejo del caso argentino y profundizó sus conocimientos sobre la situación del país. El comienzo de la relación comenzó con problemas, ya que ni Alberto Fernández ni Martín Guzmán lo veían con simpatía, al extremo de buscar eludir la intervención del exfuncionario del gobierno de Michel Temer; al considerarlo (con razón) un amante de la disciplina fiscal y de los buenos comportamientos macroeconómicos y fiscales. Sin embargo, las cosas cambiaron en las últimas semanas.

El director gerente para el Hemisferio Occidental cerró buen trato con Sergio Massa y Gabriel Rubinstein, a quien conocía de los tiempos de consultor privado. Con el ministro de Economía y su número dos negoció en las últimas semanas la vigencia del acuerdo de Facilidades Extendidas firmado el 25 de marzo con el FMI, y logró, aparentemente, buen nivel de entendimiento. Para el caso de llegar al BID, será una relación fundamental, dado que deberá continuar los acuerdos vigentes con la entidad también negociados con Massa, a partir de la relación que este tenía con Claver-Carone. 

Goldfjan es un hombre de buen trato, amiguero, muy conocedor de la Argentina y sus problemas políticos crónicos, pero amante de la prudencia fiscal, la solvencia monetaria y los planes de largo plazo. Fue elegido por la propia Georgieva en septiembre de 2021 a partir de un largo listado de concursantes en uno de los puestos más importantes del FMI.

Nunca se hizo público, pero en Buenos Aires se sabe que la directora gerente del organismo optó por el brasileño dado que conoce las vicisitudes argentinas. Goldfajn es un defensor de la utilización de instrumentos como tasas de interés o restricciones monetarias para cumplir metas, junto con una transparencia total al público y mercados en la comunicación de los planes, objetivos y resoluciones de las autoridades monetarias. Considera además a los bancos centrales como los responsables máximos de cumplir las metas monetarias, con lo que le otorgaría a la entidad que maneja Miguel Pesce un poder importante dentro de la política económica. Es también un defensor de la política de tipo de cambio flotante, algo que Argentina está lejos de poder aplicar.