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Victoria Tolosa Paz se juntó el miércoles pasado con concejales y amigos de todos los municipios

La futura ministra de Desarrollo Social de la Nación, Victoria Tolosa Paz, empezó a diseñar su propia estrategia política de la mano del propio presidente Alberto Fernández y de su esposo, José Pepe Albistur. Sueña con ser parte de un oficialismo que la lleve como candidata en 2023.

"Si esta nueva función que nos da el presidente sale bien, ¿por qué no puedo ser candidata a presidenta o vice?", disparó, sin mediar palabra más, palabra menos Victoria Tolosa Paz. Se lo dijo a unos veinte dirigentes de la Provincia de Buenos Aires, algunos referentes del Movimiento Evita y los "cayetanos" de los movimientos sociales, a los que ya les empezaba a informar sobre su posible llegada al Ministerio de Desarrollo Social como reemplazante del renunciante Juan Zabaleta

Victoria Tolosa Paz se juntó el miércoles pasado con concejales y amigos de todos los municipios

Cuando todavía no estaba firme ni la renuncia de Zabaleta, ni su propia llegada al ministerio, Victoria Tolosa Paz empezó a delinear su futuro político personal el miércoles pasado. Eran días en la que Sergio Massa también pretendía poner otro alfil en el gabinete nacional y proponía a Ariel Sujarchuk, recientemente designado secretario de Ciencias del Conocimiento, y ex director nacional del organismo de control de las vías navegables, como futuro ministro de Desarrollo Social. 

Alberto Fernández, quien no dialoga con nadie más que con su círculo más cercano, entre los que se encuentra José Pepe Albistur, el publicista amigo y esposo de Tolosa Paz, cree que no tiene que explicarle nada a nadie, y menos a Massa o a Cristina Fernández de Kirchner, sobre lo que tiene que hacer. Tampoco pudo convencer a Zabaleta para que lo ayudara en la transición. El diálogo entre ambos dejó de ser el que era hace varios meses. 

En el oficialismo ya se cansaron de peregrinar entre Juncal y Uruguay y Olivos o Casa Rosada para mediar, proponer caminos de encuentro, algún plan que unificara criterios. Para peor, ahora que la vicepresidenta se recluyó en la propiedad de la familia Ustarroz, en Mercedes, cada vez son menos los que quieren hacer casi cien kilómetros para escuchar una misma respuesta, siempre despectiva e hiriente para con el presidente. Los pocos que apostaban sinceramente en el que "es con todos", se quedaron sin fuerzas, entre ellos el propio Eduardo Valdez.

Esta falta de expectativa se ve en los nuevos cambios de gabinete que se producirán entre hoy y mañana. Los que ya lo decidieron, se van. Los que no lo hicieron, se irán más temprano o tarde. La búsqueda del futuro es lo único que desvela a los que manejan el poder, más allá del presente, en lo que hacen lo imposible para permanecer y atesorar. 

El presidente Fernández sigue enojado y se pregunta, sin encontrar otra respuesta que la crisis infligida, por qué la vicepresidenta y su hijo se ensañaron con Martín Guzmán, que podía haber hecho con más tiempo un reacomodamiento de las variantes económicas que ahora Massa transformó en "ajuste salvaje", según su mirada y las del propio kirchnerismo duro.

Por eso estas modificaciones no tienen el nivel de operación mediática de otras anteriores, donde el equilibrio de fuerzas siempre aportaba una solución de "consenso". Hoy nadie trabaja para eso.

Tolosa Paz llega, por su debilidad, con un respaldo directo de "los cayetanos". Ambos se necesitan, y han construido confianza durante la última campaña electoral, esa que no tuvieron con Zabaleta, a quien lo siguen viendo como un "intendente". En este aspecto no difieren mucho con Javier Milei ni con Axel Kicilof. El Evita y los movimientos sociales ven a los jefes territoriales como parte de "la casta" que quieren todo para ellos.