Salud Mental

“El silencio es salud”: el tema de agenda del que el Estado se desentiende

La semana pasada se conmemoró el Día Mundial de la Lucha Contra la Depresión, lo que nos lleva a reflexionar sobre la importancia de la salud mental. Las cifras ya son alarmantes, y si bien se está tomando conciencia sobre la problemática, nunca se realizó un relevamiento a nivel nacional.

Luciana Gesto sábado, 15 de enero de 2022 · 21:30 hs
“El silencio es salud”: el tema de agenda del que el Estado se desentiende
Salud mental La OMS advierte que esta puede convertirse en un problema de salud grave Foto: Twitter
“El silencio es salud”: el tema de agenda del que el Estado se desentiende
Salud mental Se considera fundamental modificar la reglamentación de la ley de Salud Mental para adecuarla realmente a las necesidades de la población argentina. Foto: Twitter
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Tras dos años de pandemia, las medidas sanitarias de aislamiento y cuarentena establecidas por las autoridades, además de evitar la suba de contagios, tuvieron efectos secundarios e indeseados en la salud mental de las personas. En Argentina, el ASPO tuvo un gran impacto en la salud mental de la sociedad y un equipo de investigadores estudió cuáles fueron sus efectos en distintos segmentos de la población. Las investigaciones fueron conducidas por la Dra. Cecilia López Steinmetz y el Dr. Juan Carlos Godoy, quienes trabajan en el Laboratorio de Psicología del Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIPsi) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y del CONICET (IIPsi-UNC-CONICET) durante el 2021. 

“La pandemia fue como una lupa que ha magnificado los problemas estructurales que venimos teniendo en términos de salud mental en el mundo y en Argentina. En particular, las mujeres jóvenes y con antecedentes de trastornos mentales y comportamiento suicida, se vieron más afectadas bajo condiciones de cuarentena restrictivas obligatorias. Por otro lado, los estudios longitudinales revelaron que tener antecedentes de comportamiento suicida predijo significativamente una peor salud mental en estudiantes universitarios con y sin antecedentes de trastornos mentales. Por último, se observó un empeoramiento significativo en la salud mental de los trabajadores de la salud que expresaron incertidumbre por estar infectados y un deterioro general en el desempeño laboral a lo largo del tiempo.'', señaló Godoy.

“Los desafíos ahora son seguir evaluando el impacto que ha tenido este año y medio la pandemia y ver qué secuelas dejó esta última, sobre todo en las poblaciones que son más vulnerables, como es el caso de los adolescentes y los adultos mayores”, concluye el especialista.

Ya se viene comentando desde hace tiempo que la depresión es considerada como otra pandemia pero mucho más silenciosa, de la que nadie quiere oír ni hablar. Según los últimos datos de la OMS, aproximadamente el 5% de la población mundial atraviesa síntomas vinculados con los estados depresivos, lo que significa que aproximadamente unas 300 millones de personas se ven afectadas. Es decir, que unos tres millones de argentinos sufren sintomatología asociada a este padecimiento psíquico.

A través del estudio denominado: “Salud, bienestar, coronavirus y vacunas según región y adscripción religiosa” del CONICET a cargo de Gabriela Irrazabal, realizado en el período de Agosto-Octubre del 2021, se revelan datos muy preocupantes. Según la investigación, casi la mitad de las personas encuestadas sufrieron trastornos de ansiedad durante el año pasado. Casi cuatro de cada diez padecen de  depresión. 

Otros tres de cada diez no recurrieron a nadie para atender la ansiedad y la depresión y dos de cada diez tampoco lo hicieron para cuestiones que consideraron psiquiátricas. Únicamente el 42,4% de quienes tuvieron ansiedad y depresión acudieron a profesionales de la salud mental y 34,9% declaran haber recurrido a cuidados complementarios en salud: cambios de hábitos en comidas, uso de plantas medicinales, consumo de infusiones de hierbas y  rezos y oraciones.

Centrándonos en la depresión, la OMS advierte que esta puede convertirse en un problema de salud grave, especialmente cuando su duración es larga y su intensidad aumenta de moderada a grave. Porque siguiendo estos factores, el trastorno mental podría causar un gran sufrimiento llegando a alterar las actividades laborales, escolares y familiares. En el peor de los casos puede incluso llevar al suicidio, siendo la segunda causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años en Argentina. 

“La depresión es la principal causa mundial de discapacidad y contribuye de forma muy importante a la carga mundial general de morbilidad”, advierte la OMS.

Teniendo en cuenta este contexto, es primordial reformar la Ley de Salud Mental (nº 26657) conocida por sus múltiples deficiencias y por su falta de respuesta ante una demanda que cada vez es más grande. Muchos especialistas de salud mental, mayormente psiquiatras, dieron testimonio del daño que produce este texto legal en la salud de los argentinos, ya que se presenta como una ley incompleta, que no entiende a los pacientes, no los defiende correctamente y tampoco los ayuda a tratarse ni combatir el estigma que sigue estando presente en nuestra sociedad. Si bien, los múltiples funcionarios mencionan la importancia de la problemática, la ley sigue siendo la misma. 

A esto se le agrega el recorte del presupuesto destinado a combatir esta problemática. Según la Ley de Salud Mental, el Estado nacional debe destinar el 10% del gasto total de salud a salud mental y las provincias y la Ciudad de Buenos Aires deben adoptar el mismo criterio. Sin embargo, en el año 2021, el año donde hubo una gran recaída de la salud mental después del año 2001 - durante la crisis de salida de la convertibilidad - solo el 1,47% del gasto total en salud a nivel nacional se destinó a salud mental. Esto demuestra no solo que el Estado se desentiende de la gravedad que comprende esta gran problema que amenaza a la salud de nuestra población, sino también que parecería ser que únicamente actúa cuando las cifras ya están en rojo. 

Sin tener que llegar al punto del colapso, se considera imperante modificar la reglamentación de la ley de Salud Mental para adecuarla realmente a las necesidades de la población argentina. Se deberían atender los múltiples problemas que enfrenta la sociedad en materia de Salud Mental actualmente, como: la falta de atención psiquiátrica y de psicoterapia, la falta de cobertura de medicamentos destinados a tratar estos trastornos, la deficiente calidad de los hospitales generales psiquiátricos y la accesibilidad plena y equitativa a todos los pacientes por igual. Solo así, se podrá estar más cerca de lograr la rehabilitación psicosocial plena de los pacientes y una mejor calidad de vida para todos ellos. Por ello es importante visibilizar y dejar de estigmatizar el problema que, de manera distante o próxima, nos afecta a todos. Cambiar la ley, depende de todos.

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