Máximo Kirchner se pone el saco de Sergio Massa

Máximo Kirchner se pone el saco de Sergio Massa

El hijo de los dos presidentes se hizo cargo de la campaña en el territorio que eligió para hacer política. Máximo Kirchner, quien se metió en el peronismo bonaerense para transformarse en su presidente partidario, ahora luce como el único encargado de encolumnar a una tropa donde hay desconfianza.

Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

No hay una agenda en común ni campaña compartida. Y lo que hasta hace quince días eran espacios en común ahora lo son individuales o con invitados especiales, elegidos por cada uno de ellos. Pero Máximo Kirchner parece tener un protagonismo como jamás había tenido en una campaña política, desprendido del presidente Alberto Fernández y de, quien es su aliado político, Sergio Massa.

En una semana compartió dos actos con el bancario Sergio Palazzo, a quien su madre puso como candidato a diputado nacional en la lista de Victoria Tolosa Paz. Fue en Caseros, donde también estuvo Pablo Moyano. Ambos son sus referentes para la reconstrucción de la CGT. Ayer, en Vicente López, en al predio del Banco Nación, se acoplaron los funcionarios del gobierno nacional y el propio jefe de gabinete, Santiago Cafiero, a quien se lo vio hablando animadamente con toda la "troika" camporista. No sólo compartió un acto con Kirchner luego de muchísimo tiempo, sino que también habló animadamente con Andrés "El Cuervo" Larroque.

"Lo que antes cumplía Massa, ahora lo hace él. Es el que aguanta las tensione, minimiza los daños y le da para adelante", le dijo a MDZ uno de los que estuvo en el palco ayer en el Club Banco Nación. Un albertista, que alertó la "radicalización de la campaña" a mediados de año, acepta que, por lo menos, "tiene en claro a quien le habla".

"Elegido el rival, en esta etapa los empresarios que remarcan los precios y, por supuesto, Mauricio Macri, ahora vamos a llegar hasta el 12 de septiembre. Después, veremos", se resigna la misma fuente.

De a poco parece que las tensiones que provocaron el cierre de lista y la difusión de querer desplazar a la mitad del gabinete, empezando por Cafiero, ingresó en un impasse. Pero eso lo dispuso Máximo Kirchner, el dador de todas las cartas dentro del poder del Frente de Todos. Él es el que pone contento o enfurece a los dirigentes de su propia agrupación, a los intendentes o al gobernador Axel Kicilof, con quien tiene una tensión permanente por el cariño y la decisión final de Cristina Fernández de Kirchner. 

También los referentes sindicales, que lo recibieron esta semana, encontraron otra predisposición de parte del presidente del bloque de diputados nacionales del Frente de Todos. Tal cual escribió Beto Valdez ayer, ellos escucharon sus quejas por los desaguisados del presidente y sus problemas para la gestión de lo privado y lo público. Pero la desconfianza no desaparece y una relación que nació torcida no es fácil de enderezar. 

Después de casi quince días Massa volvió a aparecer en una actividad con el presidente Fernández. Fue en Hudson, para responderle a Mauricio Macri y para ratificar su pensamiento en favor de la industria nacional y la inversión. Su participación fue puntual y no sobresalieron gestos de afecto con Fernández, salvo en un tramo del discurso cuando recordó que tras las PASO él era uno de los que recibía llamados del oficialismo macrista y hacía de puente para garantizar la finalización del mandato presidencial. 

El jueves había estado acompañando a un "líbero" del peronismo bonaerense como Fernando Espinoza, en La Matanza. Espinoza mantiene una relación de permanente stress con Kirchner y Axel Kicilof. Su compañera territorial, la vicegobernadora Verónica Maggario, ha conocido luego de anunciado más de un proyecto que tiene que defender en el Senado bonaerense que preside. 

En los municipios se ven, principalmente, la cara de los intendentes, en los casos donde gobierna el Frente de Todos. En el resto de las localidades, un puñado en el Conurbano, sólo los candidatos deben lidiar con la dinámica propia de esas localidades. La mayoría son distritos donde hace años que no gobierna el peronismo y el pase de factura entre los referentes locales es permanente y nadie lo puede ordenar. 

Los intendentes son los únicos que ejecutan un plan sistemático y programado. Más allá de los estilos, son los únicos que saben la cuadrícula barrial, el trabajo del casa por casa, donde lo hay, y donde no. Todo lo programado desde la superestructura es, para ellos, "todo ruido".

Mientras tanto, tras el giro sexual y la capacidad que tienen los peronistas al respecto, Victoria Tolosa Paz, una desconocida sin territorio propio pudo subirse al ring de los candidatos mas o menos conocidos. Habrá que ver si le alcanza. Por lo pronto, debajo de los escenarios en los que participa, todos la saludan con más simpatía, le hacen comentarios sobre su osada frase del "garche" y empieza a empatizar con un electorado propio que, hasta la semana pasada, no la distinguía. 

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