La crisis del Frente de Todos jaquea la frágil unidad del PJ mendocino

La crisis del Frente de Todos jaquea la frágil unidad del PJ mendocino

El escenario electoral de Anabel Fernández Sagasti empeoró como consecuencia de la crisis política entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. El proyecto político personal de la senadora está dañado y las facturas internas por la derrota terminarán pasándose después de noviembre.

Marcelo Arce

Marcelo Arce

Nadie dentro del peronismo mendocino podía anticipar, hace solo una semana, que el panorama iba a terminar siendo mucho peor de lo que fue ese domingo a la noche después de conocerse el resultado de las PASO en la provincia. El lunes posterior a la derrota, cuando nada hacía presagiar la magnitud de la crisis interna que sobrevendría después, Anabel Fernández Sagasti buscó salir rápido del impacto que habían causado los casi veinte puntos de diferencia que le había sacado Cambia Mendoza. Tuiteó una arenga para la militancia y fijó la estrategia para acortar todo lo que se pueda a diferencia en noviembre. Agarrarse de las colectoras que hicieron una buena elección en algunos departamentos como Malargüe, San Carlos, Tupungato o en el Este e intentar recuperar al menos una parte del voto peronista que se dispersó en algunos candidatos de las terceras fuerzas, formaron parte de este trazado.

En lo operativo, tomó una decisión fuerte: cambió a Lucas Ilardo como jefe de campaña para reemplazarlo por Martín Aveiro y  descomprimir así las críticas internas de que La Cámpora había concentrado (y con un muy mal resultado final) todo el diseño de la estrategia comunicacional. Y además le puso el oído al intendente de Tunuyán y candidato a senador nacional de que el peronismo había descuidado los temas de agenda provincial durante el debate electoral.

Pero algo tenía y sigue teniendo en claro la candidata en estos momentos post derrota. No existe para ella demasiado margen para un golpe de timón en la campaña y su suerte electoral continúa atada a la del Gobierno nacional. No en vano, la dirigente kirchnerista mendocina fue una de las primeras en el país que salió a exigirle a Alberto Fernández que pasara la gestión a nafta. Y lo hizo solo un par de horas antes de que Cristina Kirchner y el resto de los que la siguen salieran a jaquear públicamente al presidente.

Todo lo que vino después no hizo otra cosa que causarle más daño a Anabel y a sus perspectivas para salvar la ropa en la elección general que se llevará a cabo en siete semanas nada más. El Gobierno de Rodolfo Suarez solo disfruta de la fiesta: salió a medir entre jueves y viernes cómo se había reflejado en el electorado mendocino la interna del Frente de Todos y, si bien los datos definitivos de esa encuesta digital se terminarán de procesar hoy, los primeros números globales marcan resultados obvios. Pero con un particular agregado. Se detectó además que la mayoría de los consultados no solo se habían expresado negativamente por la magnitud de la crisis, sino que además desconfían del presidente y su vice. Consideraron que la pelea esconde una intención del Gobierno de tapar la derrota.

Por ahora no se avizora un escenario de ruptura interna dentro del peronismo mendocino, cuya unidad se pregona desde hace meses pero que se sostiene con la misma fragilidad de siempre. Cuentan que, salvo los hermanos Félix en el Sur, el resto de los dirigentes de peso del partido no alzaron la voz por la derrota y por lo sucedido después a nivel nacional. Otro episodio recurrente en PJ se vio aquí con los sureños despotricando puertas adentro pero sin atreverse a dar el paso.

Adolfo Bermejo expresó, si se quiere, el pensamiento de muchos dirigentes por fuera de La Cámpora. Critican la gestión de Alberto, aunque les pareció un exceso todo lo que sucedió luego. El propio maipucino expresó eso en Twitter. Se sumó a la imagen del combustible necesario para relanzar la gestión presidencial que había utilizado Anabel, pero un día después sacó un tuit de respaldo a Alberto. “Una cosa es pedirle dinamismo a la gestión y otra cosa es vaciarle el Gabinete al presidente” , sostienen muchos en el peronismo local.

En este sentido, el escenario se complica más. ¿De dónde sacará Anabel el estímulo para la militancia, que la ayude a recuperar terreno y evitar lo que puede ser una caída aún más estrepitosa? Con el resultado del 12 de septiembre pasado, el proyecto político personal de Sagasti para 2023 ya quedó dañado y se abre la perspectiva de que la senadora apele a su plan B. Es decir, dejar pasar la oportunidad dentro de dos años y esperar a 2027 para volver a intentarlo. El tiempo está de su lado, aunque habrá que ver si la interna del PJ también.

Nada hace prever que antes de las próximas elecciones el peronismo estalle, porque la colisión de noviembre podría tener ribetes catastróficos si eso sucede. Pero el día clave será el 15 de ese mes, el día después de la elección, en donde todas las facturas que se acumularon hasta aquí pueden llegar a ver la luz.    

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