Los dilemas pendientes del agro

Los dilemas pendientes del agro

El agro supo unirse solamente en los conflictos. El desafío para ese sector clave de la Argentina en plantear una estrategia distinta.

Luciano H. Elizalde

Por Luciano H. Elizalde*

Vayamos directo al problema; el agro hace un aporte objetivo a la economía de la Argentina, sin embargo, este aporte no es reconocido, o valorado proporcionalmente, por el conjunto de la sociedad, ni por gran parte de la clase dirigente.  Esto es lo que la gente del sector agropecuario siente o piensa… O ambas cosas.

Por supuesto, a cambio de su trabajo, cada productor recibe una rentabilidad, salario u honorarios que son una recompensa ‘justa’ dentro de la economía argentina. Y digo ‘justa’ no desde la perspectiva moral, sino desde el equilibrio de fuerzas económicas que hacen posible que una empresa, o trabajador, obtengan cierta ganancia transformando su trabajo en dinero.

Pero esta recompensa económica en particular, ya sea a nivel individual u organizacional, no es el tipo de reconocimiento al que me refiero.  Hay otra recompensa de primer orden que el sector necesita obtener de parte de la sociedad y la dirigencia política, y es la recompensa del reconocimiento y la notoriedad.

El aporte del agro al PBI es mayor que el capital simbólico del sector, sin embargo, el agro no tiene la notoriedad suficiente. Su fuerza performativa es menor que su fuerza económica.

La última gran aparición del agro como sector unificado, fue en el conflicto de 2008. En ese entonces, muy pocos dentro del sector agrario, y menos aún fuera de él, imaginábamos que se podrían obtener los efectos que, a corto plazo, se alcanzaron efectivamente.

Para lograr que el aporte económico, social y cultural que el sector agropecuario brinda al país, sean efectivamente reconocidos por la sociedad, por sus líderes, por otros sectores de la economía y por los medios, es imperativo resolver algunas cuestiones estratégicas pendientes.

El campo le da mucho más de lo que la gente cree a la economía argentina.

Primero, es necesario tomar una decisión política grave, FUERTE.  El sector tiene que avanzar hacia la unificación de las cabezas que toman decisiones. Para tener relevancia pública es necesario tener una estrategia de desempeño público, una estrategia que transforme a las asociaciones en actores del espacio público, y a los productores, en voceros y voceras del sector.

La del 2008 fue una decisión política apurada por un conflicto. El sector no debe caer en el error de plantear la unidad únicamente de cara a un conflicto o una diferencia notable, esto solo ralentiza las decisiones y acciones necesarias. Y este es el dilema político que enfrenta el agro.

Segundo, hay que darle una identidad pública al sector. Una identidad pensada estratégicamente que se plasme en una línea de acción sostenida en el tiempo.

Esto implica tener una ‘forma’. Y esta forma debería estar definida más por el sector, que por los observadores del sector. En este nivel, el dilema es comunicacional. En realidad, el dilema es de comunicación estratégica.

Tercero, es necesario dramatizar el problema para hacerlo comprensible. Si no se puede hacer comprensible, entonces, es posible que no haya que convencer a nadie, porque ya están todos convencidos de otra cosa. En este nivel nos encontramos con un dilema de comunicación operativa: necesitamos buscar un liderazgo público que transmita la versión del sector, a otras personas que quieren el bienestar de la Argentina.

En definitiva, el sector agropecuario debe modificar la forma en que la sociedad comprende al agro como problema público.  Hoy, hay una gran distancia entre las cuestiones del agro, en materia económica, y las cuestiones del agro como tema o problema público. Pero no hay posibilidad de modificar esto si no se encuentra una decisión de liderazgo, una identidad y un tipo de acción que “dramatice” el problema en forma adecuada.

El primer punto, la unidad, es clave ya que no hay manera de lograr nada si no existe unidad de decisión. Diseñar la identidad del sector en forma estratégica, le sigue en sigue en importancia a la unidad, porque, si bien el sector agropecuario es complejo desde la perspectiva tecnológica, social y económica, el imaginario colectivo lo sigue pensando como un sector tradicional y atrasado.

Finalmente, si esto no se canaliza en una acción emotiva, dramatizada de forma tal que sea aprehendida por la sociedad en su conjunto y por la clase dirigente en particular, las movilizaciones sólo serán interpretadas como acciones de reclamo egoísta, sindicalización del poderoso o defensa de intereses.

El camino no es fácil, pero es factible realizarlo.

*El autor es director de la Maestría en Gestión de la Comunicación, de la Escuela de Posgrado en Comunicación, Facultad de Comunicación, de la Universidad Austral.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?