Cómo vive el comerciante que decidió enfrentar a una patota sindical

Cómo vive el comerciante que decidió enfrentar a una patota sindical

Gustavo Torres sufrió el bloqueo de su negocio, en la localidad bonaerense de Pilar, por manifestantes, en una disputa sobre la pertenencia gremial de los empleados. Sin embargo, resiste. "A la fuerza no me van a ganar" dice y hace una dura crítica sobre el país

Horacio Alonso

Horacio Alonso

El caso se viralizó en las redes sociales y llegó a los medios de comunicación: un grupo de sindicalistas bloqueó la entrada a un negocio, en la localidad bonaerense de Pilar, porque el propietario del comercio se opone a que sus empleados se tengan  que afiliar a un gremio de otra actividad. 

El primer hecho se produjo hace dos semanas, cuando unas veinte personas, integrantes del sindicato de químicos, decidieron hacer una protesta frente al local de venta de productos para piletas. Quema de cubiertas, cánticos agresivos, tronar de bombos, amenazas y hasta un improvisado asado de los “compañeros”, en la vereda. 

La semana pasada, se repitió la función, con el mismo decorado. 

El objetivo es que Gustavo Torres, dueño del negocio, revea su posición de mantener a sus empleados en el gremio de comercio. 

No lo lograron y, hasta ayer, sin una nueva incursión sindical en la semana, el comerciante resistía. 

La pregunta es cómo. 

En una Argentina donde, cada vez más, prevalece la ley de la selva, no es fácil encontrarse en una situación tan desigual como la de un hombre solo, frente a una “patota” sindical. 

Sin embargo, Torres lo hace. 

“Es un momento incómodo, porque son una mafia, pero hay que aguantar. A la fuerza no me van a ganar” dijo el comerciante a MDZ

Desde la última aparición gremial, días atrás, la situación parece tranquila, pero… 

¿Qué pasa si vuelven?, le preguntó MDZ. 

Depende cómo vengan. Si es de forma pacífica y mientras no corten el ingreso al negocio, no va a pasar nada. Si es de otra manera, veré cómo me voy a defender. 

Ni desde la cámara de comercio del partido, ni de la intendencia, tuvo algún apoyo. Solo la referente de Juntos, Florencia Arietto, y dirigentes del PRO local, se preocuparon por su situación. Por eso, su valor se acrecienta. 

“Hace 30 años que tenemos el negocio. Lo único que quiero es que me dejen trabajar y no que vengan a pararse en la puerta del local para decirme lo que tengo que hacer” agregó. 

Torres plantea que si hay una disputa por la pertenecía gremial, el sindicato tienen que hacerlo a través de la Justicia. “Lo tienen que hacer como se debe, no a la fuerza. Me dijeron que me iban a denunciar, pero nunca lo hicieron. Sólo vinieron a hacer la protesta al negocio. Que vayan a la Justicia” señaló. 

Torres asegura que duerme tranquilo (“llego a la noche cansado y me caigo en la cama”), pero no es el miedo lo que siente, sino frustración: “Esta es la Argentina que tenemos. Ya sabemos a dónde vamos. Es un problema de educación. Yo estudié en un colegio público y la decadencia es permanente. La educación es impresentable. No tiene vuelta atrás.” 

 

 

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