La foto, el círculo rojo, y el máximo temor por las consecuencias de una crisis inesperada

La foto, el círculo rojo, y el máximo temor por las consecuencias de una crisis inesperada

El impacto de la fiesta clandestina en Olivos trasciende lo político y hasta genera dudas en el sector productivo y el círculo rojo. Los decisores temen por las consecuencias políticas dentro del Gobierno, es decir porque se agraven las diferencias. Cómo Argentina lleva cuatro décadas perdidas.

Carlos Burgueño

Carlos Burgueño

El gobierno está aturdido. Y el país también. "La foto" concentró toda la atención de la semana y prácticamente ningún empresario, operador financiero de importancia, CEO o responsable de tomar decisiones importantes en la Argentina económica (esto es, el Circulo Rojo), fue prescindible de la situación y los comentarios. Y en todo momento lo que se trasunta es una sola sensación: temor.

Hay miedo por las consecuencias que pueda traer ante lo que se considera un hecho institucionalmente grave pero relativamente menor en cuanto a las circunstancias del caso. Pero no por las embestidas desde el exterior a la coalición gobernante ante la amenaza de un Juicio Político que carece de todo voto posible en el Poder Legislativo como para avanzar. Lo que se teme en las sedes de toma de decisiones económicas que involucren millones de pesos, es en lo dañada que quedará la relación entre el Presidente y su compañera de fórmula. Y en cómo se trasladará a los hechos en el futuro el severo conflicto entre Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, tensión que por ahora (por motivos estrictos de una campaña que no viene del todo firme para el oficialismo ni para la oposición) no llegó a la superficie. Pero que solo espera el momento propicio para estallar.

La única duda hoy es si la aparición del conflicto esperará hasta después de las elecciones o no habrá tiempo para ocultarla. Salvo que el oficialismo logre un resonante triunfo electoral de tal magnitud que tape cualquier conflicto latente (lo que hoy parece algo utópico), las  heridas que nacieron con el affaire Olivos pueden convertirse en el preámbulo abierto de una nueva versión de un clásico de la política argentina: la eterna conflictividad interna dentro del Partido Justicialista.

Temores

El gran temor de los tomadores de decisiones económicas, es que se traben definitivamente los grandes acuerdos necesarios dentro del oficialismo para avanzar en medidas indispensables para sacar al país de la crisis. Sólo una buena relación pos elecciones entre el Ejecutivo y el Legislativo (donde reina al kirchnerismo y acompaña más o menos de cerca el massismo), puede ser el insumo básico para que se logre firmar la tan ansiada y demorada Carta de Intención con el Fondo Monetario Internacional (FMI); en los términos que negocia el ministro de Economía Martín Guzmán.

Sólo un convencimiento de campaña de último momento, hizo que la vicepresidenta ordenara bajar banderas sólidas del kirchnerismo, donde se le imponían restricciones a Guzmán para el uso de los Derechos Especiales de Giro (DEGs) que llegarán el próximo 23 de agosto. Se espera desde el Ejecutivo que haya una nueva actitud conciliadora para que el ministro de Economía pueda presentar ante Diputados y, especialmente, el Senado, un acuerdo de Facilidades Extendidas a 10 años y no a 15 o 20 como es la intención de siempre del ala dura del oficialismo. Guzmán quiere además que el acuerdo con el FMI tenga un apoyo inédito para este tipo de negociaciones; donde participe no sólo el oficialismo legislativo sino también la oposición de Cambiemos. Y cualquiera que tenga oportunidades institucionales de convertirse eventualmente en el sucesor de Alberto Fernández.

Para esto deberá ser presentado en el Congreso con flexibilidades políticas y macroeconómicas, como para que se logren los votos opositores. Por ejemplo, ningún hombre o mujer de Juntos por el Cambio aceptará un acuerdo que tenga como base conceptual la crítica acérrima al macrismo incluyendo la alternativa de avanzar en responsabilidades penales contra los funcionarios locales que lo firmaron. Una de las condiciones para que se vote positivamente desde la oposición el Facilidades Extendidas en el Congreso, es que se desmantelen todas las intenciones de avanzar en juicios e investigaciones sobre el Stand By vigente firmado por el gobierno de Mauricio Macri.

El problema para esto, es que este juicio penal es una de las banderas propias del kirchnerismo, que busca que el endeudamiento acelerado con el FMI, se debió a una maniobra estructurada del macrismo para "fugar" miles de millones de dólares para empresarios "amigos del poder". Será durísimo para el ala dura de la coalición gobernante desarmar este juicio que ya tiene instancias primarias en tribunales locales. El problema hoy es que las consecuencias de "La Foto" en la interna del oficialismo, podría determinar que se congele este apoyo pedido por Guzmán para el Congreso; y, en consecuencia, uno de los capítulos más importantes para cerrar el acuerdo con el FMI se congele.

Lo que viene y las 4 décadas perdidas

Tan importante como el tema FMI resulta la aprobación del Presupuesto 2022 que el ministerio de Economía deberá enviar al Congreso, sí o sí, en septiembre; y donde, ahora si, Argentina deberá enfrentarse con la verdad de la pospandemia donde se le exigirán metas concretas, serias y severas que lleven al país a un sendero de equilibrio fiscal en n menos de tres ejercicios fiscales. En otras palabras, el Presupuesto 2022 debe ser el que inaugure las metas de reducción de desequilibrios entre ingresos y gastos, al punto de mostrar la fórmula para que no más allá de 2024 las cuentas estén en orden.

No es un año caprichoso. En el 2025 Argentina deberá comenzar a pagarle a los acreedores privados que aceptaron la propuesta de canje de deuda de Guzmán en agosto del 2020. Para esto Guzmán debe mostrar en el 2022, de qué manera espera que el año próximo el déficit baje del 4,5% de este ejercicio (podría ser menor), a un techo de 2,5%. Deberá el ministro lograr acuerdos en cuanto a la restricción de los subsidios a las tarifas de servicios públicos, r estricciones en gastos sociales y mayor racionalidad en cuanto al gasto corriente. En otras palabras, el ministro debe lograr el apoyo político para aplicar un ajuste en un año que no es electoral. Y donde debe cumplir con la buena letra ante el FMI si quiere mantener las buenas relaciones con el organismo que maneja Kristalina Giorgieva. Para que el plan económico de Guzmán tenga perspectivas de seriedad, deberá contar con el aval y los votos positivos del kirchnerismo en el Congreso. Algo que hoy entra en prisma de incógnita.

Mientras la clase política argentina continúa en su impresentable predica por convertirse en la peor de la galaxia, un nuevo informe privado muestra la decadencia de la economía del país. Teniendo en cuenta que sólo un crecimiento de las exportaciones podrá sacar a la economía delante, el último trabajo del especialista en Comercio Exterior Marcelo Elizondo, es lapidario. El mismo dice que "en los últimos 40 años (desde 1980 hasta 2020) las exportaciones argentinas perdieron 30% de su participación en el total mundial y -peor aún- perdieron un 33,8 % (casi 34%) de su participación en el total latinoamericano. Esto es: perdieron más de un tercio de participación en el total regional. Mas aun: México y Brasil exportaban en 1980 poco mas del doble que Argentina y hoy -2020- Brasil casi cuadriplica a Argentina y México la septuplica. Mientras, además, y consistentemente, Chile superó a Argentina en 2020 (también lo había hecho en 2018) cuando en 1980 apenas exportaba el 60% de lo que exportaba Argentina. E incluso puede mencionarse que Perù, que exportaba 45% del total argentino en 1980, hoy llega al 85 % del número argentino".

Argentina puede decir sin miedo que su clase política lo arrastró a cuatro décadas perdidas.

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