Las elecciones cambiaron la agenda, pero la pandemia no terminó: la importancia de comunicar los riesgos

Las elecciones cambiaron la agenda, pero la pandemia no terminó: la importancia de comunicar los riesgos

La locura por las candidaturas y el inicio de la campaña electoral cambió las prioridades de la agenda pública. Pero la pandemia no terminó y seguimos en riesgo. La importancia de comunicar los riesgos y mantener los cuidados. Un llamado a tener en cuenta el sentido común.

Patricia Nigro

Por Dra. Patricia Nigro | Escuela de Posgrados en Comunicación Universidad Austral

Se acercan las PASO, primera ronda de las elecciones de medio término en la Argentina; aumenta el ritmo de vacunación (por ahora, con mucha más gente con una dosis que con dos), se viene a instalar la variante Delta del covid-19, la más contagiosa de todas, que requiere tengamos la vacunación completa. No obstante, pareciera que casi nadie quiere hablar de esto.

La pandemia no terminó. Las vacunas que recibió el mundo son de fase 3, es decir, no son una cura definitiva para el coronavirus. Pero sí, ahuyentan la muerte y reducen las internaciones, algo fundamental por lo cual todas las personas deberían vacunarse.

Pero, como ocurrió en Semana Santa, vinieron las vacaciones de invierno y los que pudieron se fueron a pasear. Dentro del país por supuesto porque, por ahora, quienes viajan al exterior (también arrasado por el covid 19- aunque mucha gente se olvida), no saben cuándo podrán regresar. Una medida que enoja a algunos y a algunas, pero cuya intención es proteger al resto.

Anunciar candidatos ha sido el eje de la agenda.

Planes

El 27 de julio, a la misma vez, Rodríguez Larreta anunciaba un plan en 6 pasos que terminaría incluso con el uso del tapabocas en CABA y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, el retorno total a las clases presenciales en agosto. Buenos Aires será, en unos días, una “provincia protegida”,  con una sola dosis para la mayoría de sus habitantes.

Es penoso este fenómeno. Ver a oficialistas y opositores pensar únicamente en las elecciones. Liberemos todo, para que el pueblo se ponga feliz, después de tanto sufrimiento económico, psicológico, laboral. Y sí, eso es lo que está pasando: a mucha gente ya no le importa tanto enfermarse ni los más de 100 mil muertos. Quiere salir, hastiada del encierro preventivo que nos mantuvo con vida.

El periodismo se dedica a invitar a los medios a especialistas con opiniones diversas que confunden a cualquiera. La comunicación oficial cambia, como el virus, de un día para el otro. Ya ni sabemos qué dice el DNU que intenta ordenar el caos. O si lo estamos cumpliendo. El decreto “de necesidad y urgencia” (que ya se prolongó un año y medio) casi no se obedece.

Pareciera que nadie observa cómo la mayoría de los y las políticas discuten y se amigan, buscando armar “coaliciones”; una suerte de equipos dirigentes atados con hilos,  que duran un suspiro  y que perviven, efímeras, de una elección a otra-. Unos insultan y culpan de todo a los gobiernos anteriores, pero este pobre país viene mal desde hace años.

Corrupción

Alfonsín decía, en su discurso de cierre de campaña de 1983: “Se acabó la dictadura, se acabó la corrupción.” La dictadura terminó pero la corrupción escaló como nunca. Desde que estamos en democracia, hemos visto la hiperinflación que obligó a Alfonsín a renunciar; hemos visto las privatizaciones del gobierno menemista; hemos visto cómo Alfonsín pactaba-de modo insólito- con Menem para reformar la Constitución (y así le permitió la reelección). Hemos visto la ineficacia y el descontrol del gobierno de De la Rúa; hemos visto la muerte del 1 a 1 (con la muerte de muchos argentinos y argentinas arrasados por la crisis económica y social); hemos visto cómo las regalías petroleras de Santa Cruz se iban a Suiza para no volver; hemos visto el fraude de las “pesadillas compartidas”; hemos visto generar la peor deuda externa de nuestra historia; hemos visto funcionarios que no respetaron ni a las vacunas que estaban destinadas al pueblo y no a los que fraguaron documentos como personal de salud. Sin generar trabajo, con una inflación atroz que devora cada peso que uno se gana con dignidad, no alcanzan ni los sueldos, ni los planes sociales. La clase media desaparece y la pobreza crece día a día. Pero de eso no se habla. Vámonos a hacer campaña, vámonos de aquí. 

Ahora, de pronto, hay libertad para todos y todas. ¿Qué pasará con la pandemia? ¿Con las nuevas variantes? ¿Por qué no se comunica enfáticamente que se deben seguir aplicando los protocolos sanitarios con más rigor que antes, ya que la crisis de inconsciencia e irresponsabilidad es masiva?

La pandemia no terminó.

Como pájaro de mal agüero, estas líneas no alcanzarán popularidad ni sumarán votos. Todo lo contrario. No es popular pensar que las vacunas no son infalibles, que debemos seguir manteniendo la distancia social, usar  tapabocas, no salir sin cumplir estrictamente los protocolos. Protocolos cambiantes, que además,  no son bien comunicados .

¿Por  qué persistir en el cuidado? Por el bien del prójimo, por nuestro bien... Para quienes se están “matando” por las listas de las migajas del poder, esto es un tema menor.

¿Acaso no merecemos unas vacaciones? Por supuesto. La actividad turística y sus trabajadores lo necesitan mucho. Pero estamos en pandemia todavía. Basta de reportajes en la televisión que muestran gente sin tapabocas ni distancia social. Vayámonos a pasear con todos los cuidados pertinentes.

Así también deberíamos ir a las urnas. Con todos los cuidados pertinentes. Así, deberían estar comunicando los políticos y políticas argentinos- que solo tienen tiempo para defenestrar a quienes piensan distinto, dentro y fuera de su “coalición”-.

¿Se merece el pueblo argentino tanta desdicha? Definitivamente, no. Sin embargo, la soporta de un modo asombroso. Nadie puede decir que carecemos de fortaleza para sufrir años y años.

Señores y señoras políticos y políticas: dejen de sacar fotos de cabelleras coloradas, porque el país está sufriendo mucho y esa banalidad es mayúscula. Dejen de culpar siempre a los demás, porque reconocer, de tanto en tanto, los errores es de persona digna.

¿Son las elecciones más importantes que insistir en la comunicación de los protocolos sanitarios? No. No se puede ir a votar con un respirador. Sin las dos dosis, no se está vacunado. Media vacuna no es una vacuna. Media urna electoral no es una urna electoral.

Estas líneas son una apelación al sentido común del pueblo argentino: abramos los ojos. Con cansancio, con tristeza, con tremendo esfuerzo. Abramos los ojos, porque vamos a votar, vamos a ejercer nuestro derecho de ciudadanos.

El peligro del coronavirus no se fue. Las elecciones son importantes para quienes votamos (no para quienes están buscando la tajada de poder para ellos y sus familiares). La democracia se hace con gente viva, no con muertos.

Para quienes se encierran en una burbuja que no incluye al que sufre, para quienes dejan hacer mientras no les afecte sus vidas, para quienes no se interesan ni por la patria ni por sus compatriotas, les cuento: eso es, también, tener los ojos cerrados, como los muertos.

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