La quinta provincia que enoja a gobernadores y acumula poder

La quinta provincia que enoja a gobernadores y acumula poder

El panorama electoral de Argentina tiene dos improntas: los votos de la Provincia de Buenos Aires y los candidatos de la Ciudad. En el medio, las otras provincias sufren.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Buenos Aires, Córdoba, Ciudad de Buenos Aires, Sante Fe y La Matanza. Sí, por su dinámica de población y peso electoral Argentina tiene “una nueva quinta provincia” o distrito. Fernando Espinosa, el intendente y barón de la zona, puede ufanarse frente a Rodolfo Suarez, gobernador de Mendoza, de tener más importancia relativa. Ni hablar con el resto de los mandatarios de un país que políticamente se concentra cada vez más en dos planos: los votos de la provincia de Buenos Aires y las figuras mediáticas de la Ciudad homónima.

Sí, también existe esa realidad: ni siquiera el mencionado peso electoral de la provincia alcanza para imponer candidatos que superen la vidriera de la Capital del país, de donde salieron los dos últimos presidentes y donde se arraigaron los anteriores.

Los votos de la provincia, las estrellas de la Ciudad

“No hay forma de penetrar”, se resignan los “provincianos” que aspiran a tener algún protagonismo político y se taponan con las luces porteñas. En el PJ hay ejemplos de sobra: ningún gobernador de Córdoba logró sumar su impronta provinciana para aspirar a la presidencia. En el radicalismo, aún peor. El mendocino Alfredo Cornejo peregrina por el país, pero ya quedó mejor posicionado que él para el 2023 el porteño Martín Lousteau. Las cámaras y verborragia desde la Ciudad de Buenos Aires pagan más que los kilómetros recorridos.

Lousteau suma poder gracias a la vidriera de la Ciudad.

Peor aún la pasan quienes ya tienen alguna responsabilidad de gobierno asignada. Es que el instinto de supervivencia apunta a que en épocas de escasez los recursos se direccionen hacia los votos del Gran Buenos Aires.

Al Frente de Todos le resulta: en 2019 la elección de La Matanza fue histórica y aportó un volumen de apoyo que no tuvo ninguna comparación en las provincias. Más de medio millón de votos que le sirvieron para zafar de la segunda vuelta a Alberto Fernández y a Cristina Fernández de Kirchner vinieron de ese municipio. Por eso, por ejemplo, los fondos discrecionales destinados al Gran Buenos Aires crecieron. También los oficiales: la ANSES privilegió esa zona para asistir en la emergencia y, por ejemplo, se aplicaron antes que en el resto del país los refuerzos dinerarios para quienes reciben la AUH y jubilaciones.

La quinta provincia

La Matanza es el lugar emblema. El lugar ya superó a Mendoza en habitantes y electorado. Según la proyección del INDEC, la provincia gobernada por Suarez tiene 2,1 habitantes. El municipio de Fernando Espinoza superó los 2,4 millones. Incluso la brecha será más amplia en el futuro.  El distrito electoral único para las elecciones presidenciales que se impuso con la reforma de la Constitución de 1994 dio el marco y la dinámica política comenzó a acomodarse a esa lógica.

La alianza de poder del Frente de Todos: residencia en la Ciudad, votos en la provincia.

Espinoza saca pecho: hasta en su página oficial menciona a tres legisladores nacionales como “propios”, aunque en realidad son de la provincia de Buenos Aires. Saca cuentas como gobernador, pero gestiona como intendente.

En reparto de fondos per cápita la Provincia de Buenos Aires siempre estuvo entre las más perjudicadas, junto con Mendoza y la Ciudad. Pero a la vez crece y ha capitalizado cada vez más el “asistencialismo” institucional. Es decir, las preferencias de los presidentes para mimar a los gobernadores amigos y a su electorado. Pasó en la relación entre María Eugenia Vidal y Mauricio Macri y mucho más entre Axel Kicillof y Alberto Fernández.

Según un informe de la consultora Aerarium, la Provincia gobernada por el ex ministro de economía de Cristina pasó a tener más del “51% del total de giros realizados por el tesoro nacional a las jurisdicciones subnacionales” en el contexto de pandemia. Además, claro, recortaron fondos de la Ciudad para destinarlos a la Provincia.

En ese contexto se entiende por qué cada vez más los ejes de discusión se aleja de las realidades federales. Dios atiende en la Ciudad Buenos Aires y recolecta votos en la Provincia.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?