El país de la burbuja: la elección de vivir aislados

El país de la burbuja: la elección de vivir aislados

La reciente cumbre del Mercosur puso de manifiesto la distancia que separa a la Argentina del resto de los países que buscan insertarse para dinamizar su economía.

Nicolás Attias

Nicolás Attias

La reciente cumbre del Mercosur dejó señales inquietantes de la deriva que enfrenta la Argentina. Apertura práctica a otros escenarios que permitan acuerdos que ayuden a dinamizar y recuperar la economía, o posiciones cerradas que alejen las necesarias inversiones que necesita una actividad diezmada desde hace años y que la pandemia no hizo más que empeorar.

Luis Lacalle Pou dijo en marzo: "No puede ser que el Mercosur sea un lastre, no estamos dispuestos a que sea un corset del que nuestro país no pueda moverse". Tal vez sin darse cuenta coincidió con el sustantivo inserto en el pensamiento común de gran parte de los argentinos, que se sienten derrapando en la escala social, sin esperanzas de cara al futuro.

Para ellos el lastre es la clase política y empresaria prebendaria que jamás comulgaron con un proyecto de desarrollo y enriquecimiento más allá de sus bolsillos. Un dato que revelan ampliamente los sondeos actuales tiene que ver con la desesperanza que comparte una sector considerable de la población. Ni hablar de la poca expectativa que hay sobre la situación material de cada familia para los próximos meses.

La última cumbre del Mercosur fue un fracaso. 

La Cumbre de Presidentes del Mercosur de esta semana no hizo más que avivar las tensiones previas y marcar claramente las diferencias que separan a la Argentina, de Brasil, Uruguay y Paraguay. Son dos visiones que definen el modo de interactuar con el mundo, que incluso afecta de lleno en un momento en el que la crisis sanitaria reclama una gestión abierta para salvar vidas y no una regida por consignas y proclamas que recorta la provisión de vacunas.

Así como el coronavirus impone olas de contagios de acuerdo a las variantes que sacuden los controles y recaudos sanitarios cada tanto, la globalización también estremece al mundo con sus olas que elevan el umbral de modernización necesarios de cada país para no quedar arrumbados en la banquina del subdesarrollo.

Son elecciones, son desafíos que cruzan a toda la sociedad: desde su clase dirigente hasta su clase empresaria; desde los políticos que presumen del don de mando hasta los que se forman y dan sus primeros pasos en la militancia; desde el arco que se inscribe en el circuito de producción hasta aquellos que navegan en la economía del conocimiento. Todos debemos aceptar el desafío de competir, fortalecer nuestros históricos nichos rentables y buscar los nuevos que nos permitan salir del crónico atolladero de la restricción externa de dólares.

Si nos negamos una vez más al tren del desarrollo y nos quedamos escuchando solo el eco de nuestras consignas, viviremos en una burbuja eterna presos del virus de nuestra propia incompetencia.

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