La preocupación que atraviesa a Juntos por el Cambio
¿Preocupación? ¿Pánico? ¿Desconcierto? Cualquiera de estas tres emociones atraviesan cada reunión política de la Provincia de Buenos Aires y fundamentalmente entre las que se producen en el Conurbano ante la indefinición y tirantez que trasciende en la “superestructura” de Juntos por el Cambio.
En el interior bonaerense, si bien la situación no es tan diferente, las conducciones locales tienen menos permeabilidad respecto a lo que sucede en la centralidad del AMBA. Hoy, la Provincia puede diferenciarse, también, en un virtual sistema de fase política y demográfica entre las localidades cercanas a la Ciudad de Buenos Aires y las que no.
El PRO no sabe cuántos candidatos tendrán en el territorio y los intendentes se han dividido claramente entre los que siguen el proyecto “superior” de la próxima candidatura presidencial de Horacio Rodríguez Larreta, y de los que, sin discutir eso aún, pretenden corroborar una soberanía política bonaerense para después, en 2023, plegarse al alcalde u otro mejor posicionado.
La excusa usada por los jefes comunales que se separaron en la discusión sobre los candidatos fue la incursión de un radicalismo más potente y con un candidato atractivo, que pasó de ser un empleado vital a un socio dispuesto a reclamar otro tipo de participación en el frente Juntos por el Cambio. Pero la verdad es siempre mucho más compleja.
Buscando al candidato “Juan Elquemasmida” entraron en una esquizofrenia que los puso en jaque a ellos y a sus subordinados. Mientras el PRO mantenía cierta calma, nadie se tenía que preocupar en una interna. Su unidad política nacida en su diseño de partido de poder hacía que los radicales, terminaran cediendo por sus constantes pujas internas.
El cambio vino porque con la excusa de candidatear a “Elquemasmida” y la inédita decisión de María Eugenia Vidal, que era la que más medía de verdad, las íntimas discusiones salieron a superficie.
Así, intendentes que antes se confiaban ahora no lo hacen. Y los dirigentes, concejales y funcionarios, que llegaron a esos lugares por la tranquilidad que brindaban las boletas únicas, acordadas en reuniones de cúpula, sienten cierto temblor debajo de ellos.
Es que muchos se ven compitiendo contra su empleador de hace años o aliado político dominante. En el Conurbano, los radicales se ven en desventaja. En el interior, eso puede modificarse. Y, en los distritos que no conducen, todo está por verse, pero ahí la competencia no es ninguna novedad. Sino, preguntar por “los territoriales”, que nunca pudieron conducir un distrito y siempre tuvieron lucha interna.
“¿Y cómo nos vamos a presentar? ¿Radicales por un lado, PRO por el otro, con alianzas circunstanciales en cada localidad con los Peronistas Republicanos y la Coalición Cívica?” es la pregunta más frecuente.
Concejales sin reelección se ven a sí mismo sin trabajo el año próximo y también con muchas limitaciones para instalar una persona de su confianza si su fuerza no participa de la alianza interna más poderosa u oficialista local.
Entonces, con nitidez se nota que una cosa es la discusión partidaria, pelearse por conducir el comité de distrito o la provincia, entre los radicales, o exigir compromiso político en el PRO, y otra muy distinta es pelear por los cargos públicos, los que aparecerán en las listas. Hasta el más poderoso sabe que algún golpe recibirá.
Mientras que Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y Jorge Macri bajaron la exposición pública, otros aliados naturales de cada uno de ellos aparecieron con mucha fuerza en las paredes bonaerenses. Cristian Ritondo, con su lema "Protagonista", ha empezado a pintar en varios distritos bonaerenses. Lo mismo hizo Joaquín De la Torre, quien aún no definió adonde jugará finalmente.
En cuanto a Elisa Carrió, sus últimas afirmaciones fueron de crítica directa contra Facundo Manes, aunque en diálogo con MDZ, dos de sus principales espadas bonaerenses no le dieron mayor relevancia y la circunscriben al marco de la negociación permanente.
Manes, quien protagonizó un Zoom con 35 intendentes radicales bonaerenses, sigue dando muestras de su decisión de participar activamente, con el acompañamiento de Martín Lousteau, Alfredo Cornejo, Gerardo Zamora y Mario Negri, entre otros. El único radical que insiste en su independencia a la estructura partidaria es Gustavo Posse, quien también ya informó que presentará candidaturas propias y separadas.
Todos se muestran cada vez más fuertes pero, a la vez, más necesitados de la unidad del espacio. Su primer metro cuadrado, que dominan con nitidez, puede correr riesgo y, para peor, si el Frente de Todos se mantiene unido, como todo hace suponer, no dudará en meterse en una PASO donde puede hacer mucho daño.
El razonamiento es sencillo. Si uno de los dos frentes tiene interna, el que no las realiza hará movilizar a su gente para que gane el peor del otro lado o dañar al que tiene posibilidades en 2023. Lo intentaron los peronistas porteños con Lousteau en 2015, por qué no habrían de repetir la experiencia. En aquel momento Rodríguez Larreta era Mauricio Macri.