Un drama acecha a los niños que no pueden leer 35 palabras por minuto

Un drama acecha a los niños que no pueden leer 35 palabras por minuto

Según los especialistas, estos alumnos no pueden entender textos ni recibir otros aprendizajes. Y más temprano que tarde, terminarán dejando la escuela. Un censo provincial acaba de demostrar que más del 20% de los alumnos pobres tiene este problema.

Juan Carlos Albornoz

Juan Carlos Albornoz

En términos educativos, el dato es calificado como "trágico" por las autoridades. Algo más del 20% de los alumnos mendocinos que están en la mitad de la escuela primaria, no puede leer más de 35 palabras por minuto.

A esa altura de la escolarización, todos deberían poder leer entre 36 y 95 palabras en un minuto para alcanzar un nivel aceptable de "fluidez lectora". Pero en cambio, apenas en cuarto grado de la primaria, una buena porción de ellos tienen un déficit que los marcará en el futuro: "Aquellos niños que no desarrollan la fluidez lectora tempranamente en su escolarización tendrán serias dificultades para comprender y construir aprendizajes posteriores", advierten los especialistas.

Peor que ese índice del 20% es el sector de la población de la provincia que se va quedando atrás, desde la propia escuela primaria, porque no puede leer con fluidez: la mayoría de los alumnos que tienen esta carencia pertenecen a colegios rurales y de zonas marginales.

La DGE lo acaba de constatar en un censo de fluidez lectora que realizó entre mediados de marzo y junio en la mayoría de las escuelas de gestiones pública y privada de la provincia. "El contexto socioeconómico es uno de los factores que inciden en el resultado del censo. Las escuelas de ámbito rural marginal y urbano marginal han mostrado un porcentaje más elevado de estudiantes en nivel crítico —41% y 37% respectivamente— mientras que las escuelas de ámbito urbano muestran el menor valor crítico con un porcentaje de 19%", dice uno de los párrafos de las conclusiones del censo provincial.

El censo de fluidez lectora abarcó al 72% por ciento de las escuelas mendocinas. Les tomaron la prueba a más de 66.000 alumnos y el trabajo arrojó resultados un poco mejores en la primaria que en la secundaria: el porcentaje de alumnos en "nivel crítico" crece, en promedio, del 22% al 32% en el primer año de la escuela secundaria.

Los desafíos son diferentes para unos y otros. En el comienzo de la secundaria, los alumnos tienen que leer entre 101 y 181 palabras por minuto para alcanzar el "nivel medio esperado".

Se percibe que la DGE es más optimista respecto de la primaria que de la secundaria. No solo por las cifras obtenidas en uno y otro caso, sino porque parecen existir mejores chances de solucionar el problema cuando el niño está comenzando el trayecto escolar que cuando se encuentra a mitad de camino.  

Para la DGE, además, que haya mejores resultados en la primaria que en la secundaria se debe a "la implementación sostenida del Programa Provincial de Alfabetización desde el 2017, que favoreció la sistematización y profundización en la enseñanza de la lectura y la escritura en sala de cinco y primer grado".

El programa diseñado por la doctora Ana María Borzone y su equipo de CONICET "favoreció la priorización de aprendizajes en el contexto de pandemia", asegura el Gobierno Escolar. Pero ahora el desafío es evitar que ese 22% de los niños que no pueden leer con fluidez en cuarto grado se vaya quedando afuera de todo y probablemente abandone el colegio más adelante.

En este sentido, el Gobierno Escolar planea poner en práctica en el segundo semestre un programa que se llamará "Nutrición del Lenguaje" y que buscará reducir el impacto de la brecha socioeducativa con políticas incluso antes del comienzo de la primaria. 

La DGE dice que la "nominalidad" del censo de fluidez lectora permitirá poner en práctica estrategias efectivas. Es que, a diferencia de las pruebas "Aprender", que realizaba la Nación, los exámenes realizados por la Provincia no son anónimos y los alumnos con problemas han sido identificados.

Prometen que las medidas que pondrá en práctica la DGE para bajar el índice más dramático de la educación abarcarán no solamente a los alumnos con problema de lectura, sino que también irán a buscar "a los hermanos más chicos, para empezar a ayudarlos" con la lectura.

El Gobierno provincial mueve así sus fichas apostando a la medición de la calidad educativa, en medio de un conflicto "light" con el Gobierno nacional, que ha suspendido en el país las pruebas Aprender de la gestión macrista pero promete que las retomará el año que viene.

La continuidad de las evaluaciones que revelaron rendimientos escolares en matemática mucho menos satisfactorios aún que los de la "fluidez lectora" se resolverá en el ámbito del Consejo Federal de Educación dentro de dos semanas.

El Gobierno provincial hace como que cree en los argumentos del ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, que suspendió el operativo Aprender solo por la pandemia. Pero en el fondo no está muy convencido de que se vayan a reactivar, por  más consenso que haya: la política ya pasó por encima de las decisiones del Consejo Federal de Educación en materia de educación presencial, por ejemplo.

El argumento siempre ha sido la pandemia. Entonces puede suponerse, por ejemplo, que la crisis sanitaria también se llevó puesto el ambicioso plan nacional de lecturas que Trotta y Alberto Fernández anunciaron a fines de diciembre de 2019.

El plan en cuestión se planteaba llegar con libros a 10 millones de niños, niñas y adolescentes del país.  Pero en la DGE de Mendoza aseguran que todavía no llegó uno solo de ellos.

Además, el censo reciente señala que, si aquellos libros llegaran, muchos alumnos mendocinos estarían muy lejos de poder leerlos y entenderlos.

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