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El detrás de escena de los festejos del Tomba: la peligrosa connivencia con la "cultura del aguante"

Los festejos de Godoy Cruz desbordaron todo. O, peor, desnudan la connivencia de la política con la "cultura del aguante".

Una cancha llena de gente alentando a nadie, como ocurrió ayer en la sede de Godoy Cruz, en medio de una pandemia puede tener efectos sanitarios por los contagios. Pero ese ridículo acto de rebeldía y connivencia ya tuvo consecuencias retóricas, políticas y sociales más graves. Primero, la burla hacia la población que estuvo una semana encerrada y que administra como puede su vida cotidiana para acatar las restricciones para prevenir contagios. Pero, para peor, lima la autoridad y la imagen de quienes les toca gestionar la pandemia, incluido allí la tensión con la Nación por mantener las actividades abiertas o no. 

La cultura del "aguante" es una impronta nefasta, que distorsiona las normas de convivencia y el fútbol es el principal exponente. Supone que por el fanatismo por un club todo vale y hasta se festeja. Es la mal llamada viveza criolla masificada, llevada a extremos irracionales. Violar una norma, obviar controles, pasar por encima del que está al lado e incluso tentar al poder. Sí, la cultura del aguante también se traslada a la política cuando hace falta. 

El aniversario del club Godoy Cruz no fue un hecho intempestivo, sino más bien todo lo contrario. Organizado, previsible y con un margen de años para tener en cuenta y prevenir cualquier problema. Tanto que hubo previa y todo. Primero, reunir fondos a través de colaboraciones de dinero para comprar fuegos artificiales, banderas y todo lo necesario. Así como se hacía antes para los viajes para seguir al equipo, el destino de los recursos informales ahora es otro; pero la recaudación sigue. Por eso la vía libre para que haya desde fuegos artificiales, hasta aglomeraciones en la plaza de Godoy Cruz. Por las dudas, tampoco hubo control preventivo.

El control del tránsito es jurisdicción de las municipalidades. También tienen potestad, según los últimos decretos del Gobernador, para controlar el cumplimiento de las restricciones impuestas. El Ministerio de Seguridad tiene una burocracia específica para prevenir y controlar eventos y situaciones en la calle. La Subsecretaría de Relaciones Institucionales, de hecho, es el área de mayor poder dentro del ministerio. Vínculos con el Club y la barra del Tomba no le faltan, pues no solo hay simpatía deportiva, sino que un aceitado mecanismo de contacto. El mismo que se usaba (cuando había fútbol con público) para custodiarlos camino a la cancha en una especie de cápsula en la que no rigen leyes ni ordenanzas. 

Godoy Cruz es el equipo del poder en Mendoza desde que está en primera división. El debut en esa categoría fue con un escándalo que mezcló barras, política y dinero. En cada partido, la platea está colmada de representantes del poder político. El último papelón público ocurrió cuando un árbitro paró un partido por la cantidad de gente que había en la platea. Entre ellos estaba el procurador de la Corte Alejandro Gullé; el jefe de los fiscales que ahora deberían investigar si hubo dolo o negligencia en la organización de los festejos masivos por el aniversario del club de sus amores. El propio Procurador justificó su presencia en la cancha, a pesar de las restricciones, por haber recibido una invitación especial de las autoridades del club. Es decir los mismos que ayer quedaron el foco por el ingreso masivo a la cancha. Como en la fábula del escorpión y la rana, ahora la cultura del aguante que la Justicia, el Gobierno y las "fuerzas vivas" de Mendoza alientan, ahora se vuelve en contra. Esa cultura es dañina, está en su naturaleza. 

Aguante

Cada domingo el ritual antes de un partido de Godoy Cruz incluye, dentro del círculo político que lo rodea, la repartija de entradas. Lo mismo que cuando hay alguna visita ilustre. La tentación es más fuerte: desde selfies con jugadores, hasta colectas y acuerdos para usar recursos públicos.

No es exclusivo del Tomba la aceptación de la cultura del aguante y el acceso a privilegios. Algunas imágenes vienen a la memoria: cuando Messi vino a Mendoza hubo funcionarios de Seguridad más preocupados por una foto con el astro de la Selección que por prevenir la seguridad. Tanto, que hasta familiares de ellos fueron parte de los operativos y del ceremonial; todo para estar cerca. 

Con la situación dada, ya no había mucho por hacer. Reprimir o desalojar a la fuerza el estadio podría haber generado una catástrofe. El problema estuvo en la etapa previa a que la cancha se llenara.

Ahora hay decenas de detenidos, pero no está claro cómo. El artículo 205 del Código Penal indica que "será reprimido con prisión de seis meses a dos años, el que violare las medidas adoptadas por las autoridades competentes, para impedir la introducción o propagación de una epidemia". Pero hay un trasfondo: las personas que tenían responsabilidad para prevenir u operar sobre el hecho. Desde Tribunales aseguran que hubo comunicaciones oficiales para que se previniera ayer a la mañana, pero no hubo respuesta operativa. No se cortaron calles, no se restringió el acceso a la cancha y en la previa realizada en varios sitios no se hubo ninguna estrategia oficial para "canalizar" esa energía. ¿Hubo una liberación de zonas para permitir los festejos? Es parte de la investigación que la justicia debe hacer.