El futuro de Guzmán: resistencia y monotema

El futuro de Guzmán: resistencia y monotema

Guzmán no se va. Se concentrará en la negociación de la deuda y recibirá esta semana el apoyo de Alberto Fernández. Dinero fungible y apoyo cegetista.

Carlos Burgueño

Carlos Burgueño

"Resistirá. Y si se va, será por decisión propia. No por las presiones. Pero está desgastado y desautorizado. "Su gestión ya no será la misma". Así definen dentro del Ejecutivo la situación de Martín Guzmán dentro de la alianza del oficialismo. No sólo el ministro de Economía continuará en su cargo, sino que además esta semana recibirá una importante defensa del tema que, hacia adelante, concentrará y definirá su gestión: lograr los acuerdos finales de renegociación de la deuda externa argentina. Si no lo logra y si no recibiera el apoyo político necesario para esta casi exclusiva misión que lo tendrá de protagonista; el hombre de la Universidad de Columbia deberá pensar en un eventual regreso a las aulas y centro de investigación de Nueva York; donde sabe, siempre tiene las puertas de Joseph Stiglitz abiertas.

Mientras tanto, desde esta misma semana, Alberto Fernández lo defenderá personalmente como el único, junto con él, referente de la negociación de la deuda externa argentina, explicó en abril pasado a sus colegas de Alemania, Francia, Italia y España; sobre la "buena fé" de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Club de París, y la necesidad de discutir un "Puente de Tiempo" con este último el organismo para no caer en default. Para esto, el Club pidió pruebas fehacientes que en serio Argentina está negociando con el Fondo, y que en un tiempo prudencial habrá al menos una Carta de Intención con el organismo que maneja Kristalina Giorgieva; algo que Guzmán garantizó. Ahora, será Alberto Fernández en persona el que expondrá la estrategia ante los interlocutores más importantes que tendrá delante en la gira que comenzó el fin de semana.

El presidente argentino se reunirá con el francés Emmanuel Macron, en un meeting donde compartirá cartel con el ministro de Economía de ese país, Bruno Le Maire; la persona que  por tradición desempeña el cargo de titular del Club de París. El jefe de Estado tendrá la misión, ineludible e indelegable, de explicarle en serio a sus anfitriones si el plan que detalladamente Guzmán le desplegó a Le Maire hace más de 20 días es el mismo del gobierno argentino. Y que todas las crónicas que llegan desde Buenos Aires sobre la verdadera voluntad de cerrar un acuerdo con el FMI de la alianza gobernante, son ciertas o no. Sin vueltas: la Argentina quiere o no un acuerdo en los términos actuales que habilita el FMI  (a 10 años de plazo comenzando a pagar en 4,5 años de firmado); o si la verdadera posición es la que reza el kirchnerismo de un acuerdo a 15 años de plazo y con tasas mínimas. Y, si se puede, con varios funcionarios del FMI enjuiciados en el país por haberle habilitado indebidamente dinero a Mauricio Macri para que ejecute política cambiaria.

Una vez terminada la reunión con los funcionarios franceses, y de ratificada su estrategia, Guzmán tendrá su reunión más importante de la gira europea. En la escala romana lo espera para entablar un largo dialogo con la titular del FMI, Kristalina Giorgieva. Los términos del encuentros serán duros y definitorios. La búlgara quiere saber que tan profunda es la buena fé del gobierno argentino, y que tan seria en la promesa de Guzmán de discutir en serio el cierre de las negociaciones con el FMI para alcanzar una Carta de Intención. Y, sin eufemismos, qué tan importante es la embestida contra este acuerdo que se ejecuta desde el kirchnerismo.

Otro tema que quiere saber Giorgieva, es qué pasará con los pagos de fin de año al organismo, liquidaciones indispensables para continuar las negociaciones y no caer en default. Sobre esto último la posición del ministro es simple de explicar. Su intención es cumplir en tiempo y forma con los compromisos de septiembre y diciembre por unos U$S 1.800 millones, comprometidos en el Stand By firmado por Macri. El ministro de Economía asegura que utilizará el dinero de las reservas, hoy en pleno proceso de crecimiento gracias a la buena época de liquidación sojera que registra el Banco Central de Miguel Pesce. Para los pagos se utilizará este dinero.

En paralelo, el "ala política" del kirchnerismo pasó a la acción. El jueves pasado avanzó desde la comisión de Presupuesto del Senado, en la embestida para obligar a Economía a utilizar los fondos de los Derechos Especiales de Giro (DEGs) para crear, fondear y aplicar nuevas versiones de los dos planes que mejor resultado dieron para aplacar las consecuencias del Covid-19 en 2020. Esto es, el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP). Según la visión, ya pública y concreta, del kirchnerismo, los U$S 4.354 millones que el Fondo Monetario Internacional (FMI) giraría a la Argentina en agosto, deberían utilizarse para garantizar el dinero suficiente para las nuevas versiones de los dos planes; además de otras aplicaciones sociales y de sostenimiento de la economía real. Ayer, fue el senador Oscar Parrilli quién solicitó formalmente a la cámara alta que apruebe un "Proyecto de Declaración que solicita que los fondos correspondientes a la Argentina, como consecuencia de la próxima emisión de los Derechos Especiales de Giro del FMI, se apliquen para financiar la puesta en marcha de políticas públicas para resolver los problemas derivados de la pandemia de covid-19".

El viernes 30 de abril se había producido la primera avanzada, cuando desde el bloque del oficialismo del Senado se publicó un comunicado pidiéndole a la Cámara Baja que apruebe una declaración sobre el tema. Ese proyecto reclama que “los DEG se apliquen para financiar la puesta en marcha de políticas públicas tendientes a resolver los graves problemas de la sociedad argentina derivados de la pandemia de covid-19, tales como salud, reducción de la pobreza, educación, vivienda, generación de trabajo, entre otros” y que esos fondos no se destinen “al pago de la deuda por capital, intereses o gastos, que el país mantiene con dicho organismo financiero internacional y/o con otros países englobados en el Club de París y que en ambos casos se encuentran en vías de negociación”. En el comienzo del comunicado, los senadores señalan como el objetivo del reclamo al ministerio de Economía de Martín Guzmán. Firman el pedido Oscar Parrilli, José Mayans, Anabel Sagasti, Carlos Caserio, María de los Ángeles Sacnun, Alfredo Luenzo, José Neder y Jorge Taiana. Esto es, el bloque más cercano a Cristina Fernández de Kirchner.

Como ya se explicó en estas líneas, el reclamo kirchnerista tiene un padrinazgo curioso: el de un trumpista de la línea dura. Geoffrey William Seiji Okamoto, el ya plenamente establecido como número dos del FMI, fue quién presentó en sociedad los DEG el 22 de abril pasado, cuando en una de las conferencias de la Asamblea Anual conjunta del FMI y el Banco Mundial, le tocó aclarar los alcances legales del beneficio presupuestado por unos u$s 650.000 millones. El economista norteamericano anunció que el dinero disponible para cada socio del Fondo (a la Argentina le corresponden unos u$s 4.354 millones aproximadamente por estar al día de la cuota correspondiente al 0,7% de las acciones), estaría recién en agosto, que no se podría utilizar para liquidar deuda vencida ni con el FMI ni con otros organismos internacionales y que se deberá aplicar en finalidades específicamente vinculadas con las consecuencias de la pandemia en la economía de cada país. Okamoto dijo que si los países aceptan el dinero, deberán sí o sí aceptar fiscalizaciones directas y puntuales de los agentes del FMI, para confirmar el buen destino de los miles de millones de dólares aportados. Y dijo puntualmente que, sí o sí, los DEG “se deben destinar a adecuar las reservas de los países socios del organismo, no para suplantar programas específicos de crédito en apoyo de reformas estructurales. Tampoco para evitar una necesaria reestructuración de deuda que tengan los países con acreedores privados”.

Siguiendo la línea que expuso Okamoto, y que el propio Fondo prometió fiscalizar, el dinero de los DEG sólo podrá utilizarse para paliar las consecuencias del covid, y no para liquidar deuda. Aclaró además el funcionario que este destino será fiscalizado por el propio organismo financiero; lo que fue además avalado por el G-7, el grupo de países más desarrollados que también manejan el directorio del FMI y el Club de París.

Para Guzmán, esta embestida sobre la libertad de acción con los DEGs para aplicar a políticas sociales y de apoyo económico como consecuencia de la segunda ola del covid, es económicamente hablando, al neutro. No alteraría en nada sus planes de cumplir con los pagos de septiembre y, eventualmente también diciembre, con el FMI. La justificación es simple. Si el Senado avanza en ese reclamo, y si finalmente al menos parte de los U$S 4.354 millones se destinan exclusivamente para planes de apoyo en tiempos de pandemia; la estrategia será avanzar sobre las reservas del Banco Central para concretar los dos pagos de U$S 1.800 millones. El razonamiento es técnico: el dinero es fungible, y nadie sabe si esos pagos salen de reservas o de los DEGs. El problema real que deberá afrontar Guzmán no es técnico o monetario, sino político. El kirchnerismo le mostraría una vez más los límites de juego, en una cancha que comenzó siendo de fútbol de 11 y pasó ahora a una de 5. Y con restricciones. Dentro del Ejecutivo reconocen la metáfora futbolera, pero afirman que aún con estas condicionalidades, el ministro de Economía puede demostrar condiciones de gran jugador.

Mientras el Senado avanzaba en la embestida, el hombre de Columbia recibía un apoyo inesperado. El jueves el Presidente recibió a cúpula de la CGT recibió en Olivos para una gran asado de camaradería. El temario era concentrado en la ayuda prometida (por unos 11.000 millones de pesos) a las siempre en rojo obras sociales gremiales; pero que en Pandemia realizan un trabajo sanitariamente imprescindible. Al finalizar el encuentro, en el momento de los saludos finales, el jefe de Estado saludó uno a uno a los visitantes, con el ya tradicional puñito cerrado de pandemia. Llegado el momento de despedir al legendario Antonio Caló, el hombre fuerte de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), y quién le sostiene el acuerdo límite de paritarias a menos del 35% anual de aumento; se refirió sin vueltas a la situación de Guzmán. El sindicalista le dijo sin eufemismos "el chico es brillante. Cuidalo".

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?