Un país partido: cómo impactan las restricciones y las dudas que genera en Mendoza
En un mundo incierto por la pandemia, los gobiernos de Argentina ayudan a sumar más dudas. El presidente Alberto Fernández restringe su mensaje y decisiones sobre el "pago chico" que más preocupa sanitaria y electoralmente: el Área Metropolitana de Buenos Aires. La estrategia del gobernador Axel Kicillof se impuso y el Presidente incluso dejó fuera de juego a su ministro de Educación, Nicolás Trotta, quien había descartado la suspensión de clases. Cierre total, cierre de escuelas en el AMBA y un perdido para que los gobernadores "adhieran" o no a las decisiones que se toman en el núcleo de poder.
En el resto del país nada cambia, salvo que los gobernadores decidan lo contrario y se hagan cargo. La única indicación particular del Presidente fue hacia la Ciudad de Buenos Aires, distrito que quedó incluido en las restricciones en desacuerdo con quien lo gobierna, Horacio Rodríguez Larreta. Como reacción inmediata hay cacerolazos en distintas zonas. El Gobernador Axel Kicillof ya había marcado la cancha algunos minutos antes con una reunión de "arenga a la cuarentena", donde los intendentes aliados impulsaban restricciones duras.
No habrá cambios en el Decreto de Necesidad y Urgencia, por lo que nada cambia a nivel normativo en Mendoza y el resto de las provincias. Siguen vigentes, por ahora, todas las actividades permitidas, los horarios extendidos y los permisos. Pero a nivel político la cuerda se tensa por las idas y vueltas. Sigue vigente el Decreto que Rodolfo Suarez publicó el sábado pasado y que permite muchas de las cosas que Alberto prohibió, como las reuniones familiares.
Qué puede pasar en Mendoza
El gobernador Rodolfo Suarez había pedido que el Presidente "se hiciera cargo" de la crisis sanitaria nacional y tomara decisiones que abarquen a todo el país. Alberto Fernández devolvió la gentileza con el mismo mensaje de ayer: cada distrito tiene autonomía para tomar decisiones y controlar. Como anticipó MDZ anoche, el Presidente transfiere la responsabilidad a los distritos y usando su propio DNU. Los cuestionó porque pocos respondieron con medidas propias y casi ninguno controló.
Si algo cambia en Mendoza, deberá ser por decisión del Gobernador o los intendentes. El primero en hacerlo fue el jefe comunal de Alvear, que impuso medidas distintas a las del resto de la Provincia. Suarez cambió de posición en lo "macro" porque considera que hace falta una coordinación nacional. Además, hay otro argumento: considera que el presidente ahora quiere sociabilizar los problemas y las culpas por los errores del año pasado y la demora en la campaña de vacunación.
El Gobernador entiende que es complejo tomar medidas duras en Mendoza: cree que será difícil imponer restricciones que limiten las actividades económicas, aún a pesar de la crudeza del impacto de la segunda ola. La reacción de Formosa, los cacerolazos en la Ciudad de Buenos Aires y otras señales de descontento lo marcan. También las encuestas: los problemas económicos siguen primeros entre las preocupaciones de la población.
La dificultad será calibrar ese contexto con la emergencia sanitaria. El impacto de la pandemia es más duro que el año pasado porque el pico de la segunda ola está lejos y el sistema de salud ya está estresado, los indicadores de contagios están en alza y las herramientas para enfrentar la situación son acotadas. En la provincia no habrá suspensión de clases presenciales por ahora y tampoco restricciones que afecten actividades productivas. Pero como ha ocurrido durante todo el 2020 y también este año, el Gobernador y sus ministros esperarán la letra chica de la Decisión Administrativa que saldrá publicada. Allí solo se invitaría a adherir a las provincias.
La intención política es que "cada uno se haga cargo" de las decisiones que toma en su distrito. El el medio no hay diálogo, criterio, ni puestas en común. Todo suma a agitar una realidad incierta, cuando se demandan certezas.