Un viaje que no sirvió para que Alberto levante la puntería en Mendoza

Un viaje que no sirvió para que Alberto levante la puntería en Mendoza

El Presidente protagonizó una visita vendimial que resultó improvisada y que lo llevó a cometer errores. Dejó un mensaje conciliador, aunque su gobierno marcha hacia la radicalización. Suarez y la presión interna que deberá resistir para que eleve el tono contra la Casa Rosada.

Marcelo Arce

Marcelo Arce

No más de veinte minutos. Ese fue el tiempo que Alberto Fernández compartió a solas con Rodolfo Suarez, en la visita de médico que el presidente hizo este sábado a Mendoza para participar, de alguna manera, de los festejos de Vendimia. El mano a mano se dio también en circunstancias muy peculiares. Fue durante el viaje que compartieron desde el Aeropuerto hasta la sede del INTA, en Luján, en donde hablaron de asuntos que tuvieron casi la misma poca trascendencia que la visita misma. Interrumpidos cada tanto por la necesidad de Alberto de aminorar la marcha y bajar la ventanilla de la combi que los trasladaba para saludar a los militantes (que en varios puntos de los accesos se habían instalado para verlo pasar), lo único rescatable de ese diálogo fue alguna señal para la concreción de Portezuelo del Viento y un ensayo de explicación por parte del presidente de por qué no había invitado al gobernador mendocino a aquella controvertida gira por Chile del mes de enero.

- Muchos gobernadores me habían pedido ir, Rodolfo. Y yo no invité a casi ninguno, le dijo el visitante a su anfitrión.

- Pero si yo me enteré por los diarios, le respondió Suarez.

Alberto insistió con su argumentación, pero ya era en vano. El mendocino no estaba muy interesado en la charla y el primer mandatario, que llegaba con casi tres horas de retraso, ya se estaba bajando del vehículo para dar su mensaje ante la Coviar.

Algunas cuestiones para rescatar --más allá de lo breve-- de lo que dejó esta nueva presencia de un presidente a la Fiesta, hecho que no se registraba desde que Cristina Kirchner vino allá por marzo de 2011. En primer lugar, Alberto Fernández mostró un grave nivel de improvisación en su discurso. Y aquí el error fue paradójico: se paró frente a un sector de la industria vitivinícola que lo estaba escuchando para decirles que el consumo de vino había caído en el último año. La gaffe resultó toda una ironía. Si bien el consumo per cápita viene en caída durante la ultima década, en 2020 subió de manera considerable. Y aquí la ironía. La gente consumió más vino el año pasado como consecuencia de la cuarentena impuesta por el Gobierno nacional, que obligó a muchos a recuperar la costumbre del almuerzo en casa y, en consecuencia, a volver a tomar vino durante esa comida.

Los organizadores de la Coviar, entusiasmados con tamaña presencia institucional (y política), no ocultaban a su vez su amargura por otro error no forzado del presidente. Sostienen que traía en carpeta el anuncio de la continuidad del financiamiento del PROVIAR (Programa de Apoyo a Pequeños Productores Vitivinícolas) que está sostenido por el BID y que fundamentalmente apunta a obras de riego. Suarez planteó ese tema durante su mensaje previo, pero Alberto olvidó mencionarlo y se privó él mismo de soltar un anuncio clave.

El oficialismo en Mendoza se pasó especulando durante jueves y viernes acerca de la estrategia política que la Casa Rosada había trazado para esta visita. Pero la sensación que quedó fue la de una presencia improvisada y además (como ocurrió cuando Alberto Fernández confundió en La Pampa el rio Atuel con el Colorado) lo que vimos fue a un presidente mal informado.

El otro aspecto a resaltar, fue el resongo del gobernador por el reparto de recursos nacionales. Se quejó de que Mendoza recibió el año pasado solo lo que le correspondía por ley y que la provincia resultó perjudicada a la hora de la distribución de los Adelantos del Tesoro Nacional (ATN) y del Fondo Fiduciario de Desarrollo Provincial. Esas dos fuentes de ingresos para las provincias fueron la solución que ideó la Nación para socorrer, de manera discrecional, a los gobernadores durante la pandemia. El pataleo del mendocino no es nuevo. Así como tampoco resultó novedad que, fiel a su estilo, Suarez no alzara la voz para reclamar lo que entiende que le corresponde.

Tanto el presidente como el gobernador intentaron dejar un mensaje conciliador este sábado. No hay dudas de que, con este viaje, Fernández buscó dar un gesto de distención al pisar tierra de una provincia opositora. Y Suarez, a su turno, habló de cerrar la grieta para combatir la pobreza. El presidente llegó a territorio enemigo, convencido de que su presencia no tendría sobresaltos. Mendoza tiene un perfil contrario al kirchnerismo, pero no se caracteriza por hacer manifestaciones fuertes o violentas en contra de quienes no está de acuerdo. El gobierno, por su lado, tampoco promovió expresiones de rechazo a la figura presidencial. La burbuja para una visita sin problemas resultó perfecta. Tanto fue así, que ayer quedaron para otro momento los ataques de Alberto hacia Alfredo Cornejo.

Ahora bien. El mensaje de concordia que dejó Alberto en Luján, se contradecía con lo que, a esa misma hora, estaba sucediendo en Buenos Aires. Son fuertes las versiones que mencionan la salida de una de las funcionaras de mayor confianza del presidente como es Marcela Losardo, la ministra de Justicia, para que sea reemplazada por una figura de extracción kirchnerista. La sintonía en los ataques a la Justicia, que mostraron tanto Fernández como Cristina Kirchner, fueron la última semana el tema central de la política a nivel nacional. Y de esos embates se desprende que nos encaminamos a un rápido e inexorable camino hacia la radicalización por parte del gobierno.

Suarez deberá hacer su máximo esfuerzo para no apartarse del sendero del equilibrio que eligió para mantenerse distante de los chisporroteos entre Fernández y Cornejo. Una mayor kirchnerización del gobierno nacional, sin dudas favorece a Juntos por el Cambio y eleva también las acciones políticas de Cornejo. Ese juego tendrá una consecuencia casi segura: una presión interna sobre el gobernador para que suba algunos grados su nivel de enfrentamiento con la Casa Rosada.

En lo doméstico, la kirchnerización de Alberto también perjudica al oficialismo. En abril, Suarez buscará que se vote en la Legislatura el (hasta ahora) fallido proceso de reforma de la Constitución y allí el peronismo ya dijo que no.  Difícilmente, cambiará de postura. El jueves el tema salió en un encuentro que el gobernador mantuvo con Wado de Pedro, pero el ministro del Interior no dio ninguna respuesta sobre el asunto. Ante un escenario de unidad y liderazgo que están atados con alambre dentro del PJ mendocino para que salga la reforma, el único esquema que se vislumbra es que Cristina habilite al kirchnerismo de acá a votarla. Nada parece indicar que eso pasará. La vicepresidenta (y el gobierno en líneas generales) podrían terminar resignándose a que, desde el punto de vista electoral,  Mendoza es un distrito perdido. Y el objetivo principal de corto plazo, es decir en esta elección, sería que Anabel Fernández Sagasti siga en el Senado y no mucho más.

Una encuesta que circula entre el peronismo da cuenta de esa realidad. El sondeo fue realizado a principios de febrero por Analogías y marca que en Mendoza el 54,5% evalúa mal al gobierno nacional. Entre otros datos, un 55% dijo que está pensando en un voto castigo para Alberto. Una realidad electoral que asoma como dura para el presidente y que este viaje relámpago no sirvió para remontar.

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